#LyX 1.2 created this file. For more info see http://www.lyx.org/ \lyxformat 220 \textclass amsbook \language spanish \inputencoding auto \fontscheme helvet \graphics default \paperfontsize 12 \spacing onehalf \papersize a4paper \paperpackage widemarginsa4 \use_geometry 0 \use_amsmath 0 \use_natbib 0 \use_numerical_citations 0 \paperorientation portrait \secnumdepth 3 \tocdepth 3 \paragraph_separation indent \defskip medskip \quotes_language english \quotes_times 2 \papercolumns 1 \papersides 1 \paperpagestyle headings \layout Title En el principio fue la línea de comandos \layout Author Neal Stephenson \layout Standard \begin_inset LatexCommand \tableofcontents{} \end_inset \layout Chapter Introducción \layout Standard Hace cerca de veinte años a Jobs y Wozniak, los fundadores de Apple, se les ocurrió la muy extraña idea de vender máquinas de procesamiento de información para uso doméstico. El negocio despegó, y sus fundadores hicieron un montón de dinero y recibieron el crédito que merecían como osados visionarios. Pero sobre la misma época, a Bill Gates y Paul Allen se les ocurrió una idea todavía más extraña y fantasiosa: vender sistemas operativos de ordenador. Esto era mucho más extraño que la idea de Jobs y Wozniak. Un ordenador por lo menos tenía cierta realidad física. Venía en una caja, podía abrirse y enchufarse y se podía ver cómo parpadeaban las luces. Un sistema operativo no tenía ninguna encarnación tangible. Venía en un disco, claro, pero el disco no era, a todos los efectos, más que la caja que contenía el sistema operativo. El producto mismo era una serie muy larga de unos y ceros que, cuando se instalaba y se cuidaba bien, te daba la capacidad de manipular otras series muy largas de unos y ceros. Incluso los pocos que de hecho comprendían qué era un sistema operativo de ordenador posiblemente pensaban en ello como un prodigio increíblemente complicado de la ingeniería, como un reactor o un avión espía U-2, y no algo que pudiera llegar a ser (en la jerga de la alta tecnología) productizado. \layout Standard Pero ahora la compañía que fundaron Gates y Allen vende sistemas operativos como Gillette vende hojas de afeitar. Se lanzan nuevas versiones de sistemas operativos como si fueran películas de Hollywood, con el respaldo de celebridades, apariciones en talk shows, y giras mundiales. Su mercado es lo bastante vasto como para que la gente se preocupe de si ha sido monopolizado por una compañía. Incluso los menos inclinados a la técnica de nuestra sociedad tienen ahora al menos una idea nebulosa de lo que hacen los sistemas operativos; lo que es más, tienen fuertes opiniones sobre sus méritos relativos. Es ya un conocimiento compartido el que, si tienes un software que funciona en tu Macintosh, y lo pasas a una máquina Wondows, no funciona. Esto sería, de hecho, un error risible e idiota, como clavar herraduras en las ruedas de un coche. \layout Standard Una persona que entrara en coma antes de la fundación de Microsoft y despertara hoy, tomaría el New York Times de esta mañana y no entendería nada -- casi: \layout Standard Ítem: el hombre más rico del mundo hizo su fortuna a partir de ¿qué? ¿Ferrocarri les? ¿Buques? ¿Petróleo? No, sistemas operativos. Ítem: el Departamento de Justicia está investigando el supuesto monopolio en sistemas operativos de Microsoft con herramientas legales que se inventaron para restringir el poder de los jefes de bandas de ladrones del siglo diecinuev e. \layout Standard Ítem: una amiga mía me contó recientemente que había interrumpido un (hasta entonces) estimulante intercambio de e-mails con un joven. Al principio parecía un tipo tan inteligente e interesante, dijo, pero luego empezó a ponerse en plan PC-contra-Mac. ¿Qué diablos está pasando aquí? Y ¿tiene futuro el negocio de los sistemas operativos, o sólo pasado? Ésta es mi opinión, que es completamente subjetiva; pero dado que me he pasado bastante tiempo no sólo usando, sino programando en Macintosh, Windows, Linux y los BeOS, tal vez no sea tan desinformada como para carecer completamente de valor. Éste es un ensayo subjetivo, más crítica que artículo de investigación, y puede parecer injusto o sesgado comparado con lo que se puede encontrar en las revistas de PC. Pero desde que salió el Mac, nuestros sistemas operativos están basados en metáforas, y, por lo que a mí respecta, es legítimo cuestionar cualquier cosa con metáforas dentro. \layout Chapter Descapotables, tanques, y batmóviles \layout Standard En la época en que Jobs, Wozniak, Gates, y Allen estaban soñando estos planes inverosímiles, yo era un adolescente que vivía en Ames, Iowa. El padre de uno de mis amigos tenía un viejo descapotable oxidándose en el garaje. A veces de hecho conseguía que arrancara y cuando lo hacía nos llevaba a dar una vuelta por el barrio, con una expresión memorable de salvaje entusiasmo juvenil en la cara; para sus preocupados pasajeros, era un loco, tosiendo y renqueando por Ames, Iowa y tragándose el polvo de oxidados Gremlins y Pintos, pero en su propia imaginación él era Dustin Hoffman cruzando el Puente de la Bahía con el cabello al viento. \layout Standard Mirando atrás, esto me reveló dos cosas acerca de la relación de las personas con la tecnología. Una fue que el romanticismo y la imagen influyen mucho sobre su opinión. Si lo dudan (y tienen un montón de tiempo libre), pregúntenle a cualquiera que tenga un Macintosh y que por ello imagina ser miembro de una minoría oprimida. \layout Standard El otro punto, algo más sutil, fue que la interfaz es muy importante. Claro que aquel deportivo era un coche malísimo en casi cualquier aspecto importante: pesado, poco fiable, poco potente. Pero era divertido conducirlo. Respondía. Cada guijarro de la carretera se sentía en los huesos, cada matiz en el asfalto se transmitía instantáneamente a las manos del conductor. Podía escuchar al motor y saber qué fallaba. El volante respondía inmediatamente a las órdenes de las manos. Para nosotros los pasajeros, era un ejercicio fútil de no ir a ningún lado -- más o menos tan interesante como mirar por encima del hombre de alguien que mete números en una hoja de cálculo. Pero para el conductor era una experiencia. Durante un breve tiempo, estaba expandiendo su cuerpo y sus sentidos en un ámbito más amplio, y haciendo cosas que no podía hacer sin ayuda. \layout Standard La analogía entre coches y sistemas operativos es bastante buena, así que permítanmente seguir con ella durante un rato, como modo de dar un resumen sumario de nuestra situación hoy en día. \layout Standard Imagínense un cruce de carreteras donde hay cuatro puntos de venta de coches. Uno de ellos (Microsoft) es mucho, mucho mayor que los demás. Comenzó hace años vendiendo bicletas de tres velocidades (MS-DOS); no eran perfectas, pero funcionaban, y cuando se rompían se arreglaban fácilmente. \layout Standard Enfrente estaba la tienda de bicicletas rival (Apple), que un día empezó a vender vehículos motorizados -- coches caros, pero de estilo atractivo, con los mecanismos herméticamente sellados, de tal modo que su funcionamiento era algo misterioso. \layout Standard La tienda grande respondió apresurándose a sacar un kit de actualización (el Windows original) al mercado. Éste era un dispositivo que, cuando se atornillaba a una bicicleta de tres velocidades, le permitía seguir, a duras penas, el ritmo de los coches Apple. Los usuarios tenían que usar gafas de protección y siempre estaban sacándose bichos de los dientes mientras los usuarios de Apple corrían en su confort herméticamente sellado, burlándose por las ventanillas. Pero los Micro-motopedales eran baratos, y fáciles de reparar comparados con los coches Apple, y su cuota de mercado creció. \layout Standard Al final la tienda grande acabó por sacar un coche en toda regla: un monovolumen colosal (Windows 95). Tenía el encanto estético de un bloque soviético de viviendas para obreros, perdía aceite y le estallaban las bujías, y fue un éxito tremendo. Poco tiempo después, sacaron también un enorme vehículo pesado destinado a los usuarios industriales (Windows NT), que no era más bonito que el monovolumen, y sólo algo más fiable. \layout Standard Desde entonces ha habido un montón de ruido y gritos, pero poco ha cambiado. La tienda pequeña sigue vendiendo elegantes sedanes de estilo europeo y gastándose mucho dinero en campañas publicitarias. Tienen carteles de /¡Liquidación!/ puestos en el escaparate desde hace tanto tiempo que ya están amarillos dy arrugados. La tienda grande sigue fabricando monovolúmenes y vehículos pesados, cada vez más y más grandes. \layout Standard Al otro lado de la carretera hay dos competidores que llegaron más recientemente. Uno de ellos, (Be, Inc.) vende Batmóviles plenamente operativos (los BeOS). Son más bonitos y elegantes incluso que los eurosedanes, mejor diseñados, más avanzados tecnológicamente, y al menos tan fiables como cualquier otra cosa en el mercado - y sin embargo son más baratos que los demás. \layout Standard Con una excepción, claro: Linux, que está enfrente mismo, y que no es un negocio en absoluto. Es un conjunto de tiendas de campaña, yurtas, tipis, y cúpulas geodésicas levantadas en un prado y organizadas por consenso. La gente que vive allí fabrica tanques. No son como los anticuados tanques soviéticos de hierro forjado; son más parecidos a los tanques M1 del ejército americano, hechos de materiales de la era espacial y llenos de sofisticada tecnología de arriba abajo. Pero son mejores que los tanques del ejército. Han sido modificados de tal modo que nunca, nunca se averían, son lo bastante ligeros y maniobrables como para usarlos en la calle, y no consumen más combustible que un coche compacto. Estos tanques se producen ahí mismo a un ritmo aterrador, y hay un número enorme de ellos alineados junto a la carretera con las llaves puestas. Cualquiera que quiera puede simplemente montarase en uno y marcharse con él gratis. \layout Standard Los clientes llegan a este cruce en multitudes, día y noche. El noventa por ciento se van derechos a la tienda grande y compran monovolúmene s o vehículos pesados. Ni siquiera miran las otras tiendas. \layout Standard Del diez por ciento restante, la mayoría va y compra un elegante eurosedán, deteniéndose sólo para mirar por encima del hombro a los filisteos que compran monovolúmenes y vehículos para circulación fuera de carretera. Si acaso llegan a fijarse siquiera en la gente al otro lado de la carretera, vendiendo los vehículos más baratos y técnicamente superiores, estos clientes los desprecian, considerándolos lunáticos y descerebrados. \layout Standard La tienda de Batmóviles vende unos pocos vehículos al maniático de los coches ocasional que quiere un segundo vehículo además de su monovolumen, pero parece aceptar, al menos de momento, que es un jugador marginal. \layout Standard El grupo que regala los tanques sólo permanece vivo porque lo llevan voluntarios , que se alinean al borde de la calle con megáfonos, tratando de llamar la atención de los clientes sobre esta increíble situación. Una conversación típica es algo así: \layout Standard Hacker con megáfono: ¡Ahorra dinero! ¡Acepta uno de nuestros tanques gratis! ¡Es invulnerable, y puede atravesar roquedales y ciénagas a noventa millas por hora consumiendo un galón cada cien millas! \layout Standard Futuro comprador de monovolumen: Ya sé que lo que dices es cierto... pero... eh... ¡yo no sé mantener un tanque! \layout Standard Megáfono: ¡Tampoco sabes mantener un monovolumen! \layout Standard Comprador: Pero esta tienda tiene mecánicos contratados. Si le pasa algo a mi monovolumen, puedo tomarme un día libre del trabajo, traerlo aquí, y pagarles para que trabajen en él mientras yo me siento en la sala de espera durante horas, escuchando música de ascensor. \layout Standard Megáfono: ¡Pero si aceptas uno de nuestros tanques gratuitos te mandaremos voluntarios a tu casa para que lo arreglen gratis mientras duermes! \layout Standard Comprador: ¡Manténte alejado de mi casa, bicho raro! \layout Standard Megáfono: Pero... \layout Standard Comprador: ¿Es que no ves que todo el mundo está comprando monovolúmenes? \layout Chapter Lanzador de bits \layout Standard La conexión entre coches y modos de interactuar con los ordenadores no se me habría ocurrido en la época en que me llevaban de paseo en aquel descapotabl e. Me había apuntado a una clase de programación en el Instituto de Ames. Tras unas cuantas clases introductorias, nos dieron permiso a los estudiantes para entrar en una sala diminuta que contenía un teletipo, un teléfono, y un módem anticuado consistente en una caja de metal con un par de cuencas de plástico encima (Nota: muchos lectores, abriéndose camino a través de esta última oración, probablemente sintieron un retortijón inicial de temor de que este ensayo estuviera a punto de convertirse en una tediosa batallita sobre lo difícil que lo teníamos en los viejos tiempos; tranquilícense: lo que estoy haciendo, de hecho, es colocar mis piezas sobre el tablero de ajedrez, por así decirlo, preparándome para realizar una observación sobre temas realmente interesantes y actualizados como el Software de Código Abierto). El teletipo era exactamente el mismo tipo de máquina que se había usado, durante décadas, para envíar y recibir telegramas. Era básicamente una máquina de escribir ruidosa que sólo podía producir /MAYÚSCULAS/. Montada a un lado había una máquina más pequeña con un largo rollo de cinta de papel, y una cesta de plástico transparente debajo. \layout Standard Para conectar este aparato (que no era un ordenador en absoluto) con la Universidad Estatal de Iowa al otro lado de la ciudad, había que coger el teléfono, marcar el número del ordenador, esperar a que llegaran ruidos raros, y entonces colocar el auricular en las cuencas de plástico. Si acertabas, una cuenca envolvía sus labios de neopreno en torno a la parte de la oreja y el otro en torno a la parte de la boca, consumando una especie de sesenta y nueva informacional. El teletipo se estremecía mientras era poseído por el espíritu del lejano ordenador, y empezaba a martillear mensajes crípticos. \layout Standard Puesto que el tiempo de ordenador era un recurso escaso, usábamos una especie de técnica de procesamiento en racimo. Antes de marcar en el teléfono, conectábamos la perforadora de cinta (una máquina subsidiaria atornillada al costado del teletipo) y tecleábamos nuestros programas. Cada vez que pulsábamos una teclar, el teletipo imprimía una letra en el papel delante nuestro, de tal modo que pudiéramos leer lo que habíamos escrito; pero al mismo tiempo convertía la letra en un conjunto de ocho dígitos binarios, o bits, y perforaba un patrón correspondiente de agujeros a lo ancho de una cinta de papel. Los diminutos discos de papel salidos de la cinta caían en la cesta de plástico transparente, que lentamente se llanaba de lo que sólo puede describir se como bits reales. El último día del curso, el chico más listo de la clase (no yo) saltó desde detrás de su pupitre y lanzó varios kilos de estos bits por encima de la cabeza de nuestro profesor, como confetti, como una especie de broma semiafectu osa. La imagen de aquel hombre sentado allí, atenazado por las fases iniciales de una atávica reacción de lucha-o-huye, con millones de bits (megabytes) cayéndole por el pelo y metiéndosele por la nariz y la boca, el rostro poniéndosele morado a medida que se aproximaba a la explosión, es la escena más memorable de mi educación formal. \layout Standard De cualquier modo, resultará obvio que mi interacción con el ordenador fue de una naturaleza extremadamente formal, estando dividia en diferentes fases, a saber: \layout Standard 1. Lentado en casa con lápiz y papel, a millas y millas de cualquier ordenador, pensaba mucho acerca de lo que quería que hiciera el ordenador, y traducía mis intenciones a un lenguaje informático - una serie de símbolos alfanuméricos sobre la página. 2. Llevaba esto a través de una especie de cordón sanitario informacional (tres millas a través de tormentas de nieve) hasta el colegio e introducía aquellas letras en una máquina - no un ordenador - que convertía los símbolos en números binarios y los registramente visiblemente en cinta. 3. Entonces, mediante el módem de las cuencas de goma, enviaba aquellos números al ordenador de la universidad, que 4. hacía aritmética con ellos y devolvía números diferentes al teletipo 5. El teletipo convertía estos números de nuevo en letras y los martilleaba en una página y 6. yo, mirando, interpretaba las letras como símbolos significativos. \layout Standard El reparto de responsabilidades que todo esto conlleva es admirablemente limpio: los ordenadores hacen aritmética con bits de información. Los humanos interpretan los bits como símbolos significativos. Pero está distinción está desdibujándose, o al menos complicándose, con la llegada de los sistemas operativos modernos que usan, y frecuentemente abusan, del poder de la metáfora para hacer los ordenadores disponibles para un público más amplio. Por el camino - posiblemente debido a estas metáfora, que hacen de un sistema operativo una especie de obra de arte - la gente empieza a ponerse emotiva, y le toma cariño a fragmentos de software del mismo modo que el padre de mi amigo le tenía cariño a su descapotable. \layout Standard Puede que la gente que sólo ha interactuado con ordenador a través de interfaces gráficas de usuario como el MacOS o Windows - es decir, casi cualquiera que haya usado un ordenador - se haya sorprendido, o al menos llamado la atención, lo de la máquina de telégrafos que yo usaba para comunicarme con un ordenador en 1973. Pero había, y hay, una buena razón para usar este tipo particular de tecnología. Los seres humanos la danza, y las expresiones faciales, pero algunas de ellas son más susceptibles que las demás de expresarse como series de símbolos. El lenguaje escrito es la más fácil, porque, por supuesto, ya consiste en series de símbolos para empezar. Si resulta que los símbolos pertenecen a un alfabeto fonético (y no son, por ejemplo, ideogramas), convertirlos en bits es un procedimiento trivial que se fijó tecnológicamente en el siglo XIX, con la introducción del código morse de otras formas de telegrafía. \layout Standard Teníamos una interfaz humano/ordenador cien años antes de tener ordenadores. Cuando se crearon los ordenadores en la época de la Segunda Guerra Mundial, los humanos, de modo natural, se conmunicaron con ellos injertándolos en tecnologías ya existentes para traducir letras a bits y viceversa: teletipos y máquinas de tarjetas perforadas. \layout Standard Éstas encarnaban dos enfoques fundamentalmente diferentes de la computación. Cuando se usaban tarjetas, se perforaba todo un taco y se pasaban por el lector a la vez, lo cual se llamaba procesamiento por hornadas. También se podía hacer procesamiento por hornadas con un teletipo, como ya he descrito, usando el lector de cinta de papel, y ciertamente se nos animaba a adoptar este enfoque cuando yo estaba en el instituto. Pero - aunque se hacían esfuerzos por mantenernos ignorantes de esto - el teletipo podía hacer algo que el lector de tarjetas no podía. En el teletipo, una vez se establecía el vínculo con el módem, se podía introducir sólo una línea y pulsar la tecla de retorno. El teletipo enviaría entonces esa línea al ordenador, que podía responder o no con líneas propias, que el teletipo martillearía - produciendo, con el tiempo, una transcripción del intercambio mantenido con la máquina. Este modo de hacerlo ni siquiera tenía nombre entonces, pero cuando, mucho más tarde, apareció una alternativa, se denominó retroactivamente la Interfaz de Línea de comandos. \layout Standard Cuando fui a la universidad, usaba los ordenadores en grandes salas abarrotadas donde manadas de estudiantes se sentaban frente a versiones ligeramente actualizadas de las mismas máquinas y escribían programas informáticos; éstas usaban mecanismos de impresión por matrices de puntos, pero eran (desde el punto de vista de la máquina) idénticas a los antiguos teletipos. En aquel momento, los ordenadores compartían mejor el tiempo - es decir, los mainframes seguían siendo los mainframes, pero se comunicaban mejor con un gran número de terminales a la vez. En consecuencia, ya no era necesaria usar procesamiento por hornadas. Los lectores de tarjetas fueron desterrados a pasillos y sótanos, y el procesamiento por hornadas se convirtió en una cosa exclusiva de empollones, y en consecuencia adquirió un cierto tinte arcano incluso entre aquellos de nosotros que sabíamos siquiera que existía. Todos evitábamos ya la interfaz de Hornada, habiéndonos pasado a la Línea de comandos - mi primer cambio de paradigma operativo, y yo sin enterarme. \layout Standard Había una enorme pila de papel plegado en el suelo bajo cada uno de estos teletipos glorificados, y millas de papel se estremecían mientras pasaban por sus rodillos. Casi todo este papel se tiraba o se reciclaba sin haber sido tocado jamás por la tinta - una atrocidad ecológica tan flagrante que aquellas máquinas pronto fueron reemplazadas por terminales de vídeo - los llamados teletipos de vidrio -, que eran más slenciosos y no desperdiciaban papel. Sin embargo, desde el punto de vista del ordenador, éstos también eran indistinguibles de las máquinas de teletipo de la Segunda Guerra Mundial. A todos los efectos, seguimos usando tecnología victoriana para comunicarnos con los ordenadores haste cerca de 1984, cuando se introdujo el Macintosh con su Interfaz Gráfica de Usuario (GUI). Incluso después de eso, la Línea de comandos siguió existiendo como estrato subyacente - una especie de reflejo medular - a muchos sistemas informáticos modernos durante la edad de oro de los GUIs. \layout Chapter Los GUIs \layout Standard Lo primero que tiene que hacer cualquier progamador al escribir un nuevo fragmento de software es decidir cómo tomar la información con que está trabajando (en un programa gráfico, una imagen; en una hoja de cálculo, una tabla de números) y convertirla en una serie lineal de bytes. Estas sartas de bytes se denominan habitualmente archivos o (de modo algo más a la última) flujos. Son a los telegramas lo que los humanos actuales son al hombre de Cromagnon, lo que quiere decir la misma cosa con distinto nombre. Todo lo que se ve en la pantalla del ordenador - /Tomb Raider/, los correos electrónicos de voz digitalizada, los faxes, y los documentos de procesador de textos escritos en treinta siete tipos diferentes - sigue siendo, desde el punto de vista del ordenador, igual que telegramas, sólo que son mucho más largos, y requieren más aritmética. \layout Standard El modo más rápido de apreciarlo es encendiendo el navegador, visitando un sitio web, y seleccionando el ítem Ver Código Fuente en el menús. Saldrá código informático parecido a éste: \layout LyX-Code \layout LyX-Code C R Y P T O N O M I C O N \layout LyX-Code \layout LyX-Code \layout LyX-Code \layout LyX-Code \layout LyX-Code \layout LyX-Code \layout LyX-Code \layout LyX-Code v \layout LyX-Code \layout LyX-Code
\layout LyX-Code \layout LyX-Code \layout LyX-Code \layout LyX-Code \layout LyX-Code \layout LyX-Code \layout LyX-Code | \layout Standard Esto se llama HTML, Lenguaje de Marcado de HiperTexto, y básicamente es un lenguaje de programación muy sencillo que le dice al navegador cómo dibujar una página en la pantalla. Cualquiera puede aprender HTML y mucha gente lo hacer. Lo importante es que, por muchas espléndidas páginas multimedia que representen , los archivos de HTML son sólo telegramas. \layout Standard Cuando Ronald Reagan era locutor de radio, solía informar de los partidos de béisbol leyendo las concisas descripciones que llegaban por el telégrafo y se imprimían en cinta de papel. Se sentaba solo en una habitación insonorizada con un micrófono, y la cinta de papel salía de la máquina y le caía en la palma de la mano, cubierta de crípticas abeviaturas. Si el tanteo pasaba de tres a dos, Reagan describía la escena como se la imaginaba: El fornido zurdo sale del puesto de bateo para secarse el sudor. El árbitro se adelanta para limpiar el polvo de la base etc. Cuando el criptograma en la cinta de papel anunciaba un golpe en una base, Reagan golpeaba el borde de la mesa con un lápiz, creando un pequeño efecto sonoro, y describía el arco de la pelota como si pudiera verlo de verdad. Sus oyentes, muchos de los cuales presumiblemente creían que Reagan estaba de hecho en el campo de juego viendo el partido, reconstruían la escena en su mente según sus descripciones. \layout Standard Así es exactamente como funciona la WWW: los archivos HTML son la concisa descripción en la cinta de papel, y el navegador es Ronald Reagan. Lo mismo vale para los GUIs en general. \layout Standard Así que un sistema operativo es un montón de metáforas y abstracciones que media entre los telegramas y tú, encarnando diversos trucos que el programadosr usó para convertir la información con la que estás trabajando - ya sean imágenes, mensajes de correo electrónico, películas, o documentos de procesador de textos - en las sartas de bytes que son lo único con lo que funcionan los ordenadores. Cuando usamos equipo telegráfico genuino (teletipos) o sus sustitutos de alta tecnología (teletipos de vidrio, o la línea de comandos de /MS-DOS/) para trabajar con nuestros ordenadores, estamos muy cerca de la base de este montón. Cuando usamos la mayor parte de sistemas operativos modernos, sin embargo, nuestra interacción con la máquina se ve fuertemente mediada. Todo lo que hacemos es interpretados oy traducido una y otra vez mientras se abre camino a través de todas las metáfora y abstracciones. \layout Standard El sistema operativo de Macintosh fue una revolución en el buen y en el mal sentido. Obviamente era cierto que las interfaces de línea de comandos no eran para todo el mundo, y que estaría bien hacer los ordenadores accesibles a un público menos técnico - si no porrazones altruistas, entonces porque este tipo de persona constituía un mercado incomparablemente mayor. Está claro que los ingenieros del Mac vieron todo un país nuevo que se les abría; casi podías oírles mascullas, ¡Caray! ¡Ya no tenemos que limitarnos a los archivos como flujos lineales de bytes, vive la revolution, veamos lo lejos que llegamos con esto!. No había ninguna interfaz de línea de comandos disponible en el Macintosh; hablabas con la máquina a través del ratón, o no hablabas. Ésta era una especie de declaración de principios, una credencial de pureza revolucionaria. Parecía que los diseñadores del Mac pretendían barrer las Interfaces de Línea de comandos a la papelera de la historia. \layout Standard Mi propia historia de amor con el Macintosh comenzó en la primavera de 1984 en una tienda de ordenadores en Cedar Rapids, Iowa, cuando un amigo mío - por coincidencia, el hijo del dueño del descapotable - me mostró un Macintosh ejecutando MacPaint, el revolucionario programa de diseño. Terminó en julio de 1995 cuando traté de guardar un archivo grande e importante en mi Macintosh Powerbook y en vez de eso destruyó los datos de modo tan concienzudo que dos programas distintos de recuperación de datos fueron incapaces de hallar rastro alguno de que hubiera existido jamás. En aquellos diez años, sentía una pasión por el MacOS que en aquel momento parecía virtuosa y razonable, pero que mirando atrás me parece el mismo tipo de enamoramiento engañoso que el padre de mi amigo tenía con su coche. \layout Standard La introducción del Mac inició una especie de guerra santa en el mundo de la informática. ¿Eran los GUIs una brillante innovación tecnológica que convertía a los ordenadores en más accesibles para los humanos y por tanto para las masas, llevándonos a una revolución sin precedentes en la sociedad humana, o una insultante chorrada audiovisual diseñada por hackers zumbados de San Francisco, que despojaba a los ordenadores de su potencia y flexibilidad y convertía el serio y noble arte de la computación en un pueril videojuego? \layout Standard Este debate, de hecho, me parece más interesante hoy en día que a mediados de los 80. Pero la gente más o menos dejó de debatir cuando Microsoft respaldó la idea de los GUIs al sacar el primer Windows. En aquel momento, los partidarios de la línea de comandos se vieron relegados al status de viejos carcamales, mientras se disparaba un nuevo conflicto entre usuarios de MacOS y usuarios de Windows. \layout Standard Había mucho sobre lo que discutir. Los primeros Macintosh parecían distintos de otros PCs incluso estando apagados: consistían en una caja que contenía tanto la CPU (la parte del ordenador que hace aritmética con los bits) como la pantalla del monitor. Esto suponía, en aquel momento, una especie de afirmación filosófica: Apple quería convertir el ordenador personal en un electrodoméstico, como la tostadora. Pero también reflejaba las exigencias puramente técnicas de ejecutar una inferfaz gráfica de usuario. En una máquina de GUI, los chips que dibujan las cosas en la pantalla tienen que ir integrados con la unidad de procesamiento central, o CPU, del ordenador, en un grado mucho mayor que en las interfaces de línea de comandos, que hasta hace poco ni siquiera sabían que no estaban hablando sólo con teletipos. \layout Standard Esta distinción era de naturaleza técnica y abstracta, pero se hacía más clara cuando la máquina fallaba (como sucede frecuentemente con tecnologías cuyo funcionamiento se comprende mejor viéndolas fallar). Cuando todo se iba a la porra y la CPU empezaba a escupir bits aleatoriamente, el resultado, en una máquina de interfaz de línea de comandos, era líneas y líneas de caracteres perfectamente formados pero aleatorios en la pantalla - lo que los conocedores conocían como ponerse cirílico. Pero para el MacOS la pantalla no era teletipo sino un lugar en el que poner gráficos; la imagen en pantalla era un mapa de bits, una representación literal de los contenidos de una parte dada de la memoria del ordenador. Cuando el ordenador fallaba y escribía tonterías en el mapa de bits, el resultado era algo que recordaba vagamente a la nieve en una televisión estropeada - un snow crash. \layout Standard E incluso tras la introducción de Windows, las diferencias subyacentes persistie ron; cuando una máquina Windows tenía problemas, la vieja interfaz de línea de comandos caía sobre el GUI como un telón de amianto sellando el escenario de una ópera incendiada. Cuando un Macintosh tenía problemas te presentaba el dibujito de una bomba, que resultaba gracioso la primera vez que los veías. \layout Standard Y éstas no eran en absoluto diferencias superficiales. El retorno de Windows a una interfaz de línea de comandos cuando tenía problemas les demostraba a los partidarios del Mac que Windows no era más que una fachada barata, como una chillona manta afgana tendida sobre un sofa putrefacto. Les perturbaba y molestaba la sensación de que bajo la ostensiblemente amistosa interfaz de usuario de Windows había - literalmente - un subtexto. \layout Standard Por su parte, los fans de Windows podrían haber observado agriamente que todos los ordenadores, incluso los Macintosh, estaban construidos sobre ese mismo subtexto, y que la negativa de los dueños de Macs a admitir ese hecho parecía apuntar a una voluntad, incluso un deseo, de engañarse. \layout Standard En cualquier caso, un Macintosh tenía que mover bits individuales en los chips de memoria en la tarjeta de vídeo, y tenía que hacerlo muy rápido, y en patrones arbitrariamente complicados. Hoy en día esto resulta barato y fácil, pero en el régimen tecnológico vigente a principios de los 80, el único modo realista de hacerlo era integrar la placa base (que contenía la CPU) y el sistema de vídeo (que contenía la memoria proyectada sobre la pantalla) como un todo - de ahí el único contenedor, herméticamente sellado, que hacía al Macintosh tan distintivo. \layout Standard Cuando salió Windows, llamaba la atención por su fealdad, y sus actuales sucesores, Windows 95 y Windows NT, no son cosas que la gente pagaría por ver. La absoluta falta de atención de Microsoft por la estética nos daba a todos los amantes del Mac muchas oportunidades para mirarles por encima del hombro. El que Windos se pareciera un montón a un calco directo de MacOS nos daba además una fuerte sensación de ultraje moral. Entre las personas que realmente conocían y apreciaban los ordenadores (los hackers, en el sentido no peyorativo que Steven Levy le da a la palabra) y unos pocos otros ámbitos como los músicos profesionales, los artistas gráficos y los maestros, el Macintosh, durante un tiempo, era simplemente el ordenador. No sólo se consideraba una obra soberbia de ingeniería, sino la encarnación de ciertos ideales acerca del uso de la tecnología para beneficiar a la humanidad, mientras que Windows se consideraba una imitación patéticamente torpe y una siniestra combinación para dominar el mundo, todo en uno. Ya entonces se había establecido un patrón que persiste hasta nuestros días: a la gente no le gusta Microsoft, lo cual es aceptable; pero no les gusta por razones mal consideradas y en último término contradictorias. \layout Chapter Lucha de clases en el escritorio \layout Standard Ahora que ya hemos dejado claro el trasfondo, merece la pena revisar algunos hechos básicos: como cualquier compañía de accionariado público y con fines de lucro, Microsoft ha tomado prestado un montón de dinero de algunas personas (sus accionistas) para estar en el negocio del bit. Como ejecutivo de esa compañía, Bill Gates sólo tiene una responsabilidad, que es maximizar el rendimiento de las inversiones. Lo ha hecho increíblemente bien. Cualquier acción emprendida en el mundo por Microsoft - cualquier software que lancen, por ejemplo - es básicamente un epifenómeno que no puede comprender se ni entederse salvo en la medida en que reflejan el desempeño por Bill Gates de su única responsibilidad. \layout Standard De ello se sigue que si Microsoft vende mercancías que son estéticamente desagradables, o que no funcionan demasiado bien, no significa que sean (respectivamente) filisteos o medio tontos. Se debe a que la excelente dirección de Microsoft ha llegado a la conclusión de que pueden ganar más dinero para sus accionistas lanzando productos con imperfecciones obvias y conocidas del que ganarían haciéndolos hermosos o libres de errores. Esto es irritante, pero (al final) no tan irritante como contemplar cómo Apple se autodestruye inexplicable e implacablemente. \layout Standard No resulta difícil encontrar en la Red una hostilidad hacia Microsoft que mezcla dos elementos: resentidos que sienten que Microsoft es demasiado poderosa, y desdeñosos que creen que es chapucera. Esto recuerda fuertemente al periodo álgido del comunismo y el socialismo, cuando se odiaba a la burguesía desde ambos lados: los proletarios, porque la burguesía tenía todo el dinero, y los intelectuales, por su tendencia a gastárselo en enanitos de jardín. Microsoft es la encarnación misma de la moderna prosperidad de alta tecnología - en una palabra, es burguesa - y atrae todos los mismos odios. \layout Standard La pantalla inicial de Microsoft Word 6.0 lo resumía todo bastante bien: cuando iniciabas el programa te soltaba la imagen de un bolígrafo caro encima de un par de folios de papel de escritura hecho a mano. Obviamente, era un intento por hacer que el software pareciera pijo, y puede que valiera para algunos, pero no para mí, porque era un bolígrafo, y yo soy hombre de pluma estilográfica. Si lo hubiera hecho Apple, habrían usado una pluma Mont Blanc, o quizás un pincel caligráfico chino. Dudo que esto fuera accidental. Hace poco estuve reinstalando Windows NT en uno de los ordenadores de mi casa, y tuve que hacer doble clic en el icono del Panel de Control muchas veces. Por razones que resulta difícil comprender, este icono consiste en el dibujito de un martillo y una broca o un destornillador encima de una carpeta de archivos. \layout Standard Estas meteduras de pata estéticas le dan a uno unas ganas casi incontrolables de reírse de Microsoft, pero, de nuevo, ésa no es la cuestión - si Microsoft hubiese hecho pruebas con grupos diana sobe posibles gráficos alternativos, probablemente habrían hallado que el oficinista medio asociaba las estilográfic as con los amanerados ejecutivos de rango más alto, y estaba más cómodo con los bolígrafos. De igual forma, los tipos normales, los papás con entradas del mundo que posiblemente cargan con la responsabilidad de montar y configurar el ordenador en casa, probablemente prefieren el dibujito de un martillo - quizás al tiempo que albergan fantasías de usar un martillo de verdad con sus ordenadores. \layout Standard Es el único modo en que consigo explicar cierto hechos curiosos acerca del actual mercado de sistemas operativos, tales como el que el noventa por ciento de todos los clientes sigan comprando monovolúmenes de la tienda de Microsfot mientras que un se puede llevar los tanques gratuitos sin más, al otro lado de la calle. \layout Standard A Bill Gates no le resultó difícil distribuir una sarta de unos y ceros, una vez se le ocurrió la idea. Lo duro era venderla - asegurarles a los clientes que de hecho estaban obteniendo algo a cambio de su dinero. \layout Standard Cualquier que haya comprado software en una tienda alguna vez habrá tenido la curiosamente desalentadora experiencia de llevarse la caja envuelta en plástico a casa, abrirla, encontrarse con el 95% es aire, tirar todas las tarjetitas, propaganda, y basura, y meter el disco en el ordenador. El resultado final (después de haber perdido el disco) no es nada más que algunas imágenes en la pantalla del ordenador, y algunas posibilidades de que antes se carecía. A veces, ni siquiera eso - en vez de ello, uno se encuentra con una serie de mensajes de error. Pero el dinero se ha ido definitivamente. Ahora casi estamos acostumbrados e esto pero hace veinte años era una proposici ón muy sospechosa. De todas formas, Bill Gates consiguió que funcionara. No hizo que funcionara vendiendo el mejor software ni ofreciendo el precio más barato. Pero de algún modo consiguió que la gente creyera que estaban recibiendo algo a cambio de su dinero. \layout Standard Las calles de todas las ciudades del mundo están llenas de esos pesados, ruidosos monovolúmenes. Cualquiera que no tenga uno se siente un poco raro, y se pregunta, pese a sí mismo, si no será hora de dejar de resistirse y comprar uno; cualquiera que tenga uno, se siente seguro que ha adquirido una posesión significativa, incluso los días en que el vehículo está en el taller de reparación. \layout Standard Todo esto es perfectamente congruente con la pertenencia a la burguesía, que es un estado tanto mental como material. Y explica por qué Microsoft se ve constantemente atacado en la Red desde ambos lados. Los que se siente pobres y oprimidos interpretan todo lo que hace Microsoft como parte de algún siniestro complot orwelliano. A los que les gusta considerarse usuarios inteligentes e informados les desquicia lo chapucero de Windows. \layout Standard No hay nada que moleste más a las personas sofisticadas que ver cómo alguien que es lo bastante rico como para evitarlo es hortera - a menos que se den cuenta, un momento después, de que probablemente sabe que es hortera y sencillamente no le importa y va a seguir siendo hortera, y rico, y feliz, para siempre. Microsoft tiene la misma relación con la élite de Silicon Valley que la que mantenían los Beverly Hillbillies con su banquero, el Sr. Drysdale-- a quien no le irrita tanto el hecho de que los Clampetts se mudaran a su barrio como el saber que, cuando Jethro tenga setenta años, seguirá hablando como un paleto y llevando petos, y seguirá siendo mucho más rico que el Sr. Drysdale. \layout Standard Incluso el hardware que empleaba Windows, comparado con las máquinas que sacaba Apple, parecía cosa de palurdos, y en su mayor parte sigue pareciéndolo. La razón es que Apple era y es una compañía de hardware, mientras que Microsoft era y es una compañía de software. Apple tenía así el monopolio del hardware que ejecutaba MacOS, mientras que el hardware compatible con Windows venía del mercado libre. El mercado libre parece haber decidido que la gente no va a pagar por ordenador es elegantes; los fabricantes de hardware para PC que contratan a diseñadores para hacer que sus productos tengan un aire distintivo acaban vapuleados por fabricantes taiwaneses de clones metidos en cajas que parecen ladrillos que uno se encontraría delante de una caravana. Pero Apple podía hacer su software todo lo bonito que quisiera y simplemente pasarle la factura a sus encantados consumidores, como yo. La semana pasada (escribo esta frase a principios de enero de 1999), las secciones de tecnología de todos los periódicos estaban llenas de reportajes aduladores sobre el lanzamiento por Apple del iMac en varios colores nuevos, como Arándano y Mandarina. \layout Standard Apple siempre ha insistido en tener el monopolio de su hardware, salvo durante un breve periodo a mediados de los 90, cuando permitieron que los fabricantes de clones compitieran con ellas, antes de acabar con su negocio. El hardware de Macintosh, en consecuencia, era caro. No lo abrías y enredabas con él porque hacerlo anulaba la garantía. De hecho, el primer Mac estaba específicamente diseñado para resultar difícil de abrir - necesitabas un juego de herramientas exóticas, que podías comprar mediante pequeños anuncios que empezaron a aparecer en las páginas finales de las revistas unos pocos meses después de que saliera al mercado el Mac. Estos anuncios siempre tenían un cierto aire sórdido, como si anunciaran ganzúas en la contraportada de sensacionalistas revistas de detectives. \layout Standard Esta política de monopolio puede explicarse al menos de tres maneras distintas. \layout Standard /La explicación caritativa/ es que la política de monopolio sobre el hardware reflejaba el deseo por parte de Apple de proporcionar una unión sin fallas de hardware, sistema operativo, y software. Algo hay de esto. Ya resulta bastante difícl diseñar un sistema operativo que funcione bien en un hardware específico, diseñado y probado por ingenieros que trabajan al lado, en la misma compañía. Diseñar un sistema operativo que funcione en un hardware cualquiera, fabricado por hacedores de clones rabiosamente competitivos al otro lado de la Línea de Fecha Internacional, es muy difícil, y explica gran parte de los problemas que tiene la gente cuando usa Windows. \layout Standard /La explicación financiera/ es que Apple, a diferencia de Microsoft, es y siempre ha sido una compañía de hardware. Sencillamente depende de los ingresos de la venta de hardware, y no puede subsistir sin ellos. \layout Standard /La explicación no tan caritativa/ tiene que ver con la cultura corporativa de Apple, que tiene sus raíces en el Baby Boom del Área de la Bahía de San Francisco. \layout Standard Dado que voy a hablar sobre cultura durante un rato, probablemente está bien que ponga las cartas sobre la mesa, para protegerme de las acusaciones de conflicto de intereses y falta de ética: \layout List \labelwidthstring 00.00.0000 1. Geográficamente, soy de Seattle, de temperamento saturnino, e inclinado a mirar con malos ojos la dionisíaca Área de la Bahía de San Francisco, igual que a ellos nosotros les molestamos y escandalizamos. \layout List \labelwidthstring 00.00.0000 2. Cronológicamente pertenezco a una generación posterior al Baby Boom. Al menos, así me siento, ya que nunca experimenté las partes divertidas y emocionantes del Baby Boom - sólo me pasé un montón de tiempo riendo apropiadamente ante las irritantemente vacuas anécdotas de los pertenecientes al Baby Boom sobre lo puestos que iban en diversas ocasiones, y escuchando cortés sus aseveraciones de lo estupenda que era su música. Pero incluso desde aquella distancia resultaba posible extraer ciertos patrones, y uno que reaparecía tan regularmente como una leyenda urbana era el de alguien que había mudado a una comuna de hippies con sandalias y signos de la paz para acabar descubriendo que, bajo aquella fachada, los tipos al mando eran de hecho obsesos del control; y que, dado que vivir en una comuna, donde los ideales de la paz, el amor y la armonía se mantenían de boquilla, les había privado de válvulas de escape normales y socialmente admitidas para su obsesión, tendía a salir de de otros modos, invariablemente más siniestros \layout Standard Dejaré el aplicar esto al caso de Apple como ejercicio para el lector - un ejercicio no demasiado difícil. \layout Standard Resulta un poco desconcertante, al principio, pensar en Apple como un obseso del control, porque contradice completamente su imagen corporativa. ¿No fueron estos los tipos que lanzaron los famosos anuncios durante la Super Bowl en los que ejecutivos trajeados, con los ojos vendados, saltaban como lemmings de un acantilado? ¿No es ésta la compañía que ahora mismo saca anuncios con el Dalai Lama (salvo en Hong Kong) y Einstein y otros rebeldes alternativos? \layout Standard Ciertamente es la misma compañía, y el hecho de que hayan implantado esta imagen de sí mismos como librepensadores creativos y rebeldes en la mente de tantos escépticos inteligentes y encallecidos por los medios realmente hace que uno se pare a pensar. Da fe del insidioso poder de las campañas publicitarias costosas y tal vez, en cierta medida, de la facilidad de la gente para creer lo que quiere creer. También suscita la pregunta de por qué a Microsoft se le da tan mal las relaciones públicas, cuando la historia de Apple demuestra que, pasándoles gordos cheques a buenas agencias publicitarias, se puede implantar una imagen corporativa en la mente de personas inteligentes que difiere completamen te de la realidad. (La respuesta, para aquéllos a los que no les gustan las espadas de Damocles, es que, ya que Microsoft se ha hecho con las mentes y los corazones de la silenciosa mayoría - la burguesía -, les importa un pito tener una imagen elegante, igual que Richard Nixon. Quiero creer,- el mantra que Fox Mulder tiene puesto en la pared de su despacho en los Expedientes X - resulta aplicable de diferentes modos a estas dos compañías; los partidarios del Mac quieren creen en la imagen de Apple que transmiten estos anuncios, y en la noción de que los Macs son de algún modo fundamentalmente diferentes de otros ordenadores, mientras que los seguidores de Windows quieren creer que obtienen algo a cambio de su dinero, mediante una respetable transacción comercial). \layout Standard En cualquier caso, en 1987 tanto MacOs como Windows ya estaban en el mercado, ejecutándose en plataformas de hardware que eran radicalmente diferentes entre sí - no sólo en el sentido de que MacOS usaba chips de CPU de Motorola, mientras que WIndows usaba Intel, sino también en el sentido - entonces pasado por alto, pero a largo plazo mucho más significativo - de que el negocio de hardware de Apple era un monopolio rígido y Windows era un abierto-a -todos. \layout Standard Pero todas las ramificaciones de esto no estuvieron claras hasta muy recientemen te - de hecho, aún están desplegándose, de modos notablemente extraños, como explicaré cuando lleguemos a Linux. El resultado es que millones de personas se acostumbraron a usar GUIs de una forma u otra. Con ello, hicieron que Apple/Microsoft ganaran un montón de dinero. La fortuna de muchas personas ha acabado por ir ligada a la capacidad de estas compañías de seguir vendiendo productos cuya vendibilidad resulta muy cuestionable. \layout Chapter Tarro de miel, pozo de brea, lo que sea \layout Standard Cuando Gates y Allen inventaron la idea de vender software, se encontraron con la crítica tanto de los hackers como de los sobrios hombres de negocios. Los hackers entendían que el software sólo era información, y le ponían objeciones a la idea de venderla. Estas objeciones eran en parte morales. Los hackers salían del mundo científico y académico, donde resulta imperativo hacer los resultados del propio trabajo disponibles para el público. También eran en parte prácticas: ¿cómo puedes vender algo que puede copiarse fácilmente? Los hombres de negocioes, que son el polo opuesto de los hackers en tantos aspectos, tenían sus propias objeciones. Acostumbrados a vender tostadoras y seguros, era natural que les resultara difícil comprender cómo una larga sarta de unos y ceros podía constituir un producto vendible. \layout Standard Obviamente, Microsoft remontó estas objeciones, así como Apple. Pero las objeciones siguen ahí. El hacker más hacker de todos, el Ur-hacker por así decirlo, era y es Richard Stallman, que se irritó tanto con la malvada práctica de vender software que, en 1984 (el mismo año en que salió a la venta el Macintosh) fue y fundó algo llamado la /Fundación del Software Libre/ (Free Software Foundation) , que comenzó a trabajar en algo llamando GNU. GNU son las siglas de Gnu's Not Unix, Gnu No es Unix, pero se trata de una broma en más de un sentido, porque GNU ciertamente /es/ Unix. Debido a cuestiones de copyright (/Unix/ es una marca de AT&T), sencillamente no podían afirmar que fuera Unix, y así, sólo para asegurarse, afirmaban que no lo era. Pese al incomparable talento y empuje del Sr. Stallman y otros seguidores de GNU, su proyecto no pudo construir una Unix gratuita para competir contra los sistemas operativos de Windows y Apple era un poco como tratar de excavar un sistema de metro con una cucharilla. Esto es, hasta la llegada de Linux, de la que hablaré luego. \layout Standard Pero la idea básica de recrear un sistema operativo a partir de la nada era perfectamente consistente y completamente factible. Se ha hecho muchas veces. Es inherente a la naturaleza misma de los sistemas operativos. \layout Standard Los sistemas operativos no son estrictamente necesarios. No hay razón por la que un escritor de código lo bastante dedicado no pueda partir de la nada en cada proyecto y escribir nuevo código para manejar operaciones tan básicas y de bajo nivel como controlar las cabezas lectoras/esc ritoras en los controladores de disco y activar píxeles en pantalla. Los primeros ordenadores tenían que programarse de est modo. Pero dado que casi todos los programas tienen que desempeñar las mismas operaciones básicas, este enfoque llevaría a una tremenda duplicación del esfuerzo \layout Standard No hay nada más desagradable para el hacker que la duplicación del esfuerzo. El primer y más importante hábito mental que desarrolla la gente cuando aprende a escribir programas de ordenador es generalizar, generalizar, generalizar. Hacer su código lo más modular y flexible posible, descomponer los problemas grandes en pequeñas subrutinas que puedan usarse una y otra vez en diferentes contextos. En consecuencia, el desarrollo de los sistemas operativos, pese a ser técnicame nte innecesario, era inevitable. Porque en el fondo un sistema operativo no es más que una biblioteca que contiene el código más usado, escrito una vez (y con suerte, bien escrito), y puesto a disposición de cualquier escritor de código que lo necesite. \layout Standard Así que un sistema operativo privado y secreto es una contradicción en términos. Va contra la razón de ser de los sistemas operativos. Y de cualquier modo es imposible mantenerlos en secreto. El código fuente - las líneas originales de texto escritas por los programadore s - pueden mantenerse en secreto. Pero el conjunto de un sistema operativo es una colección de pequeñas subrutina s que realizan tareas muy específicas y mur claramente definidas. Qué hacen exactamente esas subrutinas ha de ser público, de forma muy explícita y exacta, o de lo contrario el sistema operativo es completamente inservible para los programadores; no pueden usar esas subrutinas si no tienen perfecta y total comprensión de lo que hacen las subrutinas. \layout Standard Lo único que no se hace público es exáctamente cómo hacen las subrutinas lo que hacen. Pero una vez sabes lo que hace una subrutina, generalmente resulta bastante fácil (si eres un hacker) escribir tu propia rutina que haga exactamente lo mismo. Puedes tardar algo, y resulta tedioso y poco gratificante, pero en la mayoría de los casos no es demasiado difícil. \layout Standard Lo que es difícil, para un hacker como para un escritor de ficción, no es escribir; es decidir qué escribir. Y los vendedores de sistemas operativos comerciales ya han decidido, y han hecho públicas sus decisiones. \layout Standard Esto se sabe desde hace mucho. MS-DOS fue duplicado funcionalmente por un producto rival, escrito a partir de la nada, llamado /ProDOS/; que hacía las mismas cosas de modo muy parecido. En otras palabras, otra compañía pudo escribir código que hacía las mismas cosas que MS-DOS y lo vendió para obtener beneficios. Si usas el sistema operativo de Linux, puedes obtener un programa gratuiro llamando /WINE/ que es un emulador de Windows; esto es, puedes abrir una ventan en tu escritorio que ejecuta programas de Windows. Quiere decir que se ha recreado un sistema operativo de Windows completamente funcional dentro de Unix, como un barquito en una botella. Y el propio Unix, que es un sistema operativo mucho más sofisticado que MS-DOS, ha sido reconstruido a partir de la nada una y otra vez. Sun, Hewlett-Packard, AT&T, Silicon Graphics, IBM, y otros vendieron versiones de él. \layout Standard En otras palabras, la gente lleva reescribiendo código básico de sistemas operativos tanto tiemo que toda la tecnología que consitutía un /sistema operativo/ en el sentido tradicional (pre-GUI) de esa expresión es ahora tan barata y común que es literalmente gratuita. No sólo no podrían Gates y Allen vender MS-DOS hoy, ni siquiera podrían regalarlo, por ya se regalan sistemas operativos mucho más potentes. Incluso el Windows original (que era el único sistema de ventanas hasta 1995) ya no vale nada, dado que no tiene sentido poseer algo que puede emularse dentro de Linux - que es gratuito. \layout Standard De este modo, el negocio de los sistemas operativos es muy diferente de, pongamos, el negocio de la venta de coches. Incluso un viejo coche de segunda mano tiene algún valor. Puedes usarlo para ir al basurero, o vender sus partes. El destino de los bienes manufacturados es depreciarse lentamente a medida que envejecen y tienen que competir contra productos más modernos. \layout Standard Pero el destino de los sistemas operativos es volverse gratuitos. \layout Standard Microsoft es una gran compañía de aplicaciones de software. El de las aplicaciones - tales como Microsoft Word - es un área en el que la innovación lleva beneficios reales, directos y tangibles a los usuarios. Las innovaciones pueden consistir en nueva tecnología recién salida del departamento de investigación, o pueden estár en la categoría de los lacitos decorativos, pero en cualquier caso a menudo resultan útiles y parecen contentar a los usuarios. Y Microsoft está convirtiéndose en una gran compañía de investigación. Esto no se debe necesariamente a que sus sistemas operativos sean todos tan maloes desde el punto de vista puramente tecnológico. Los sistemas operativos de Microsoft tienen sus problemas, claro, pero son mucho mejores de lo que solían ser, y son adecuados para la mayor parte de la gente. \layout Standard ¿Por qué digo entonces que Microsoft no es es una compañía de sistemas operativo s tan grandes? Por la naturaleza misma de los sistemas operativos es tal que no tiene sentido que una compañía específica los desarrolle y posea. Para empezar, es un trabajo muy desagradecido. Las aplicaciones crean posibilidades para millones de usuarios crédulos, mientras que los sistemas operativos imponen limitaciones a millones de cascarrabias escritores de código, y así los hacedores de sistemas operativos siempre estarán en la lista negra de cualquiera que cuente en el mundo de la alta tecnología. Las aplicaciones las usan personas cuyo gran problema es comprender todas sus características, mientras que los sistemas operativos se ven hackeados por escritores de código irritados con sus limitaciones. El negocio de los sistemas operativos ha sido bueno para Microsoft sólo en la medida en que les ha proporcionado el dinero necesario para lanzar un negocio de software de aplicaciones realmente bueno y contratar a un montón de investigadores inteligentes. Ahora debiera estar en posición de desembarazarse de su sistema operativo, como los cohetes se libran en algún momento de los tanques vacíos de combustibl e. La gran pregunta es si Microsoft es capaz de hacerlo. ¿O es adicta a la venta de sistemas operativos del mismo modo que Apple lo es de la venta de hardware? \layout Standard Hay que tener en cuenta que los observadores expertos citaban en un tiempo la capacidad de Apple de monopolizar su propia provisión de hardware como su gran ventaja frente a Microsoft. En aquella época, parecía situarles en una posición mucho más fuerte. Al final, casi les mató, y todavía puede matarlos. El problema para Apple era que la mayor parte de los usuarios de ordenador del mundo acaba comprando hardware más barato. Pero un hardware barato no podía ejecutar MacOS, y esa gente se pasó a Windows. \layout Standard Sustituyan hardware por sistemas operativos, y Apple por Microsoft y verán cómo lo mismo está a punto de suceder de nuevo. Microsoft domina el mercado de sistemas operativos, lo cual les reporta ingresos y parece una gran idea de momento. Pero hay sistemas operativos mejores y más baratos, y están haciéndose cada vez más populares en partes del mundo que no están tan saturadas de ordenadores como los EEUU. Dentro de diez años, puede que la mayoría de los usuarios de ordenador del mundo acabe por tener estos sistemas operativos más baratos. Pero estos sistemas operativos, de momento, no ejecutan ninguna aplicación de Windows, y así esta gente acabará usando otra cosa. \layout Standard Por expresarlo de forma más directa: cada vez que alguien decide usar un sistema operativo que no es de Microsoft, la división de sistemas operativos de Microsfot obviamente pierde un cliente. Pero, tal como están las cosas, la división de aplicaciones de Microsoft también pierde un cliente. No es para tanto, dado que casi todo el mundo usa sistemas operativos de Microsoft. Pero en cuanto la cuota de mercado de Windows empiece a disminuir, las matemáticas van a ponerse bastante torvas para los de Redmond. \layout Standard Podría replicarse a este argumento diciendo que Microsoft sencillamente podría recompilar sus aplicaciones para que pudieran ejecutarse en otros sistemas operativos. Pero esta estrategia va contra los instintos corporativos normales. El caso de Apple resulta de nuevo instructivo. Cuando las cosas empezaron a ponerse feas para Apple, debieron haber llevado su sistema operativo a un hardware barato. Pero no lo hicieron. Por el contrario, trataron de hacer que su brillante hardware diera lo más posible de sí, añadiendo nuevas posibilidades y expandiendo la línea de productos. Pero esto sólo tuvo el efecto de hacer su sistema operativo más dependiente de esas características especiales del hardware, lo cual al final resulta peor para ellos. \layout Standard Igualmente, cuando la posición de Microsoft en el mundo de los sistemas operativos se vea amenazada, sus instintos corporativos les dirán que apilen más posibilidades en sus sistemas operativos, y luego reconfiguren sus aplicaciones de software para explotar esas posibilidades especiales. Pero esto sólo tendrá el efecto de hacer que sus aplicaciones dependan de un sistema oeprativo con una cuota de mercado decreciente, y al final será peor para ellos. \layout Standard El mercado de los sistemas operativos es una trampa letal, un pozo de brea, una ciénaga. Sólo hay dos motivos para invertir en Apple y en Microsoft. \layout List \labelwidthstring 00.00.0000 1. Cada una de estas compañías está en lo que llamaríamos una relación de codependencia con sus clientes. Los clientes Quieren Creer, y Apple y Microsoft saben cómo darles lo que quieren. \layout List \labelwidthstring 00.00.0000 2. Cada ompañía trabaja muy duro para añadir nuevas posibilidades a sus sistemas operativos, lo cual tiene el efecto de asegurar la lealtad de sus clientes, al menos durante un tiempo. \layout Standard En consecuencia, la mayor parte del resto de este ensayo tratará sobre estos dos temas. \layout Chapter La Tecnosfera \layout Standard Unix es el único sistema operativo que queda cuyo GUI (un montón de código llamado el X Windows System) está separado del sistema operativo en el antiguo sentido del término. Es decir, que puedes ejecutar Unix en puro modo de línea de comandos si quieres, sin ventanas, iconos, ratones, etc., y seguirá siendo Unix y capaz de hacer todo lo que se supone que hace Unix. Pero los demás sistemas operativos: MacOS, la familia Windows y BeOS, tienen sus GUIs enmarañados con las anticuadas funciones del sistema operativo en tal grado que tienen que ejecutarse en modo GUI o no se ejecutan verdaderame nte. Así que ya no es posible pensar en los GUIs como en algo distinto del sistema operativo; ahora forman una parte inalienable de los sistemas operativos a los que pertenecen - y son, con mucho, la parte mayor mayor, más cara y difícil de crear. \layout Standard Sólo hay dos modos de vender un producto: precio y propiedades. Cuando los sistemas operativos son gratuitos, las compañías de sistemas operativos no pueden competir mediante el precio, así que compiten mediante las propiedades. Esto significa que siempre tratan de superarse unos a otros escribiendo código que, hasta hace poco, no se consideraba parte de un sistema operativo en absoluto: cosas como los GUIs. Esto explica en gran medida el comportamiento de estas compañías. \layout Standard Explica por qué Microsoft añadió un explorador a su sistema operativo, por ejemplo. Resulta fácil obtener navegadores gratuitos, igual que sistemas operativos gratuitos. Si los navegadores son gratuitos y los sistemas operativos son gratuitos, pareciera que no hay modo de hacer dinero con los navegadores ni con los sistemas operativos. Pero si puedes integrar un navegador en un sistema operativo y así llenar ambos de nuevas propiedades, ya tienes un producto vendible. \layout Standard Dejando a un lado, de momento, el hecho de que esto cabrea de verdad a los abogados anti-trust del gobierno, esta estrategia tiene sentido. Al menos, tiene sentido si se asume (como parece hacer la dirección de Microsoft) que el sistema operativo ha de ser protegido a cualquier precio. La verdadera cuestión es si cada moda tecnológica nueva que aparezca ha de usarse como muleta para sostener la posición dominante del sistema operativo. Al enfrentarse al fenómeno de la Red, Microsoft tuvo que desarrollar un navegador de red realmente bueno, y lo hicieron. Pero entonces tuvieron que elegir: podían hacer que ese navegador funcionara en múltiples sistemas operativos, lo cual daría a Microsoft una posición fuerte en el mundo de Internet con independencia de lo que le pasara a la cuota de mercado de su sistema operativo. O podían integrar el navegador con el sistema operativo, apostando a que esto haría que su sistema operativo pareciera tan moderno y atractivo que ayudaría a conservar su dominio en ese mercado. El problema es que cuando la posición del sistema operativo de Windows empiece a venirse abajo (y dado que actualmente es de cerca del noventa por ciento, no puede sino descender) arrastrará todo tras de sí. \layout Standard En la la clase de geología del instituto probablemente les enseñaran que toda la vida sobre la tierra existe en una delgada capa llamada biosfera, que existe entre miles de kilómetros de roca muerta por debajo, y frío espacio vacío, muerto y radiactivo, por encima. Las compañías que venden sistemas operativos existen en una especie de tecnosfera. Por debajo está la tecnología que ya es gratuita. Por encima está la tecnología que todavía ha de ser desarrollada, o que es demasiado desquiciada y especulativa para ser productizada de momento. Como la biosfera de la Tierra, la tecnosfera es muy fina comparada con lo que tiene por encima y por debajo. \layout Standard Pero se mueve mucho más rápido. En diversas partes del mundo, es posible visitar ricas capas fósiles en las que hay esqueletos apilados, los más recientes encima y los más antiguos debajo. En teoría, todos se remontan a los primeros organismos monocelulares. Y si usan su imaginación un poco, se darán cuenta de que, si se queda ahí el tiempo suficiente, también quedará fosilizado, y con el tiempo algún organismo más avanzado quedará fosilizado encima suyo. \layout Standard El registro fósil - el Pozo de La Brea - de la tecnología software es Internet. Cualquier cosa que aparezca allí se puede tomar de forma gratuita (posiblemente ilegal, pero gratuita). Los ejecutivos de compañías como Microsoft tienen que acostumbrarse a la experiencia - impensable en otras industrias - de invertir millones de dólares en el desarrollo de nuevas tecnologías, tales como navegadores de red, y luego ver cómo aparece el mismo software, o un software equivalente, dos años, un año, o incluso unos pocos meses después. \layout Standard Al seguir desarrollando nuevas tecnologías y añadiendo posibilidades a sus productos, pueden mantenerse un paso por delante del proceso de fosilización, pero algunos días deben de sentirse como mamuts atrapados en La Brea, usando todas sus energías para salir adelante, una y otra vez, escapando de la pegajosa brea caliente que quiere cubrirles y engullirles. \layout Standard La supervivencia en esta biosfera requiere colmillos fuertes y pies que puedan pisotear en un extremo de la organización, y Microsoft es famosa por tenerlos. Pero pisotear a los otros mamuts en la brea sólo puede mantenerte vivo cierto tiempo. El peligro es que, con su obsesión por mantenerse fuera de las capas fósiles, estas compañías olviden lo que hay por encima de la biosfera: el ámbito de la nueva tecnología. En otras palabras, deben seguir con sus armas primitivas y bastos instintos competitivos, pero también han de desarrollar cerebros potentes. Esto parece ser lo que está haciendo Microsoft con su departamento de investiga ción, que contrata a personas inteligentes por doquier. (Y aquí debo mencionar que aunque conozco y me relaciono con varias personas del departamento de investigación de esa compañía, nunca hablamos de negocios, y no tengo ni idea de qué demonios están haciendo. He aprendido mucho más sobre Microsoft usando el sistema operativo Linux de lo que habría aprendido usando Windows). \layout Standard Da igual cómo hiciera antes dinero Microsoft; hoy en día, hace dinero gracias a una especie de arbitraje temporal. Arbitraje en el sentido habitual, significa hacer dinero aprovechándose de las diferencias en los precios de algo en diferentes mercados. En otras palabras, es espacial y se basa sobre el hecho de que el árbitro sabe por qué tecnologías pagará dinero la gente el año que viene, y cuánto tardarán esas tecnologías en volverse gratuitas. Lo que el arbitraje espacial y temporal tienen en común es que ambos pivotan sobre la información extremadamente bueno del árbitro; información sobre las gradientes de precios en un momento dado en un caso, sobre las gradientes de precios a lo largo del tiempo en un lugar dado en el otro. \layout Standard Así que Apple/Microsoft ofrecen nuevas posibilidades a sus usuarios casi a diario, con la esperanza de que un flujo constante de genuinas innovaciones técnicas, combinadas con el fenómeno del "quiero creer" impedirá que sus clientes miren al otro lado de la carretera, hacia los sistemas operativos, mejores y más baratos, que tienen disponibles. La cuestión es si esto tiene sentido a largo plazo. Si Microsoft es adicta a los sistemas operativos como Apple lo es al hardware, entonces se apostarán la camisa por sus sistemas operativos, y vincularán todas sus nuevas aplicaciones y sistemas operativos a ellos. Su supervivencia dependerá entonces de estas dos cosas: añadir más posibilidade s a sus sistemas operativos de tal modo que sus clientes no se pasen a las alternativas más baratas, y mantener la imagen que, de algún modo misteriosos, les da a estos clientes la sensación de que obtienen algo a cambio de su dinero. \layout Chapter La cultura del interfaz \layout Standard Hace unos años entré en una tienda en algún lugar y me encontré con la siguiente escena: cerca de la entrada había una pareja joven frente a un gran mostrador de cosméticos. El hombre sostenía estólidamente una cesta de la compra en las manos mientras su compañera arramblaba con productos de maquillaje del mostrador y los apilaba en la cesta. Desde entonces siempre he pensado en ese hombre como la personificación de una interesante tendencia humana: no sólo no nos ofenden las imágenes manufacturadas sino que nos gustan. Prácticamente insistimos en ello. Estamos ansiosos por ser cómplices de nuestro propio engaño: por pagar dinero por el pase a un parque temático, votar a un tipo que obviamente no está mintiendo, o permanecer de pie sosteniendo la cesta que se llena de maquillaje. \layout Standard Hace poco estuve en Disney World, específicamente en la parte llamada el Reino Mágico, caminando por Main Street USA. Ésta es la perfecta pequeña ciudad victoriana y cuca que lleva al castillo Disney. Había mucha gente; nos abríamos camino más que caminábamos. Justo delante mío había un hombre con una videocámara. Era una de esas nuevas videocámaras en las que en vez de mirar por un visor contemplar una pantalla plana en color del tamaño de un naipe, que televisa en directo loquequiera que la cámara esté grabando. Sostenía el aparato cerca de la cara, de tal modo que le tapaba la vista. En vez de ir a ver una pequeña ciudad de verdad gratis, había pagado dinero por ver una falsa, y en vez de verla a simple vista estaba contemplándola por televisión. \layout Standard Y en vez de quedarme en casa y leer un libro, yo le estaba mirando a él. \layout Standard La preferencia de los estadounidenses por las experiencias mediadas resulta bastante obvia, y no voy a dar la murga con ello. Ni siquiera voy a hacer comentarios desdeñosos acerca de ello - después de todo, yo estaba en Disney World como cliente de pago. Pero claramente está relacionado con el colosal éxito de los GUIs, así que tengo que hablar algo acerca de ello. A los de la Disney se le dan las experiencias mediadas mejor que a nadie. Si entendieran qué son los sistemas operativos, y por qué los usa la gente, aplastarían a Microsoft en uno o dos años. \layout Standard En la sección de Disney World llamada el Reino Animal hay una nueva atracción, que se supone abrirá en marzo de 1999, llamada el Viaje por la Jungla del Maharajá. Lo habían abierto como anticipo cuando yo estuve allí. Es una reproducción completa, piedra por piedra, de una hipotética ruina en las junglas de la India. Según decían, fue construida por un rajá local en el siglo XVI como reserva de caza. Él iba allí con sus principescos huéspedes a cazar tigres de Bengala. Con el paso del tiempo, quedó abandonada y la ocuparon los tigres y los monos; finalmente, en torno a la época de la independencia de la India, se convirtió en una reserva natural del gobierno, ahora abierto a los visitante s. \layout Standard El lugar se parece más a lo que he descrito que ningún edificio real que se pueda encontrar en la India. Todas las piedras en los muros derrumbados tenían el aspecto de haber sido desgastados por las lluvias monzónicas durante siglos, la pintura de las paredes está descascarillada y apagada, y los tigres de Bengala se mueven por entre las columnas rotas. Allí donde se podrían realizar reparaciones modernas en la antigua estructura, se han hecho, pero no como las llevarían a cabo los ingenieros de la Disney, sino ahorrativos encargados indios - con bambú y barras herrumbrosas. La herrumbre está pintada, claro, y protegida de la herrumbre auténtica por una capa de plástico transparente, pero no se nota a menos que uno se agache. \layout Standard En un punto se puede caminar junto a un muro de piedra con una serie de desgastados frisos antiguos esculpidos. Un extremo del muro se ha derrumbado y caído a tierra, quizás debido a algún terremoto largo tiempo olvidado, y uno o dos paneles tienen anchas fisuras, pero la historia sigue siendo legible: primero, el caos primordial lleva a la creación de muchas especies animales. Luego, vemos el Árbol de la Vida rodeado de diversos animales. Ésta es una alusión obvia al enorme Árbol de la Vida que domina el centro del Reino Animal de Disney, igual que el Castillo domina el Reino Mágico o la Esfera domina Epcot. Pero está hecho en un estilo históricamente correcto, y probablemente engañaría a cualquiera que no tuviera un doctorado en historia del arte indio. \layout Standard El siguiente panel muestra a un homo sapiens bigotudo derribando el Árbol de la Vida con una cimitarra, y a animales huyendo en todas direcciones. El panel que va después muestra al errado humano golpeado por un tsunami, parte de un Diluvio presumiblemente provocado por su estupidez. \layout Standard El panel final muestra al Brote de la Vida que vuelve a crecer, pero ahora el Hombre ha abandonado su afilada arma y se ha unido a los demás animales lo rodean para ensalzarlo y adorarlo. \layout Standard Es, en otras palabras, una profecía del Cuello de Botella: la situación, planteada habitualmente por los modernos ecologistas, de que el mundo se enfrentará pronto a un periodo de graves tribulaciones ecológicas que durarán unas pocas décadas o siglos y acabarán cuando encontremos un nuevo y armonioso modus vivendi con la Naturaleza. \layout Standard En conjunto, el friso es una obra bastante brillante. Obviamente no es una antigua ruina india, y alguna persona o personas vivas merecen ser elogiadas. Pero no hay firmas en la reserva de caza de Maharajá en Disney World. No hay firmas en nada, porque arruinaría el efecto si largos créditos colgaran de cada ladrillo desgastado a medida, como en las películas de Hollywood. \layout Standard Entre los guionistas de Hollywood, Disney tiene la reputación de ser una madrastra verdaderamente malvada. No resulta difícil ver por qué. Disney está en el negocio de los productos de ilusión sin fisuras - un espejo mágico que refleja el mundo mejor de lo que realmente es. Pero hay un escritor que literalmente está hablando a sus lectores, no sólo creando un ambiente o dándoles algo que mirar; y así como la interfaz de línea de comandos abre un canal mucho más directo y explícito entre usuario y máquina que el GUI, lo mismo sucede con palabras, escritor, y lector. \layout Standard La palabra, al final, es el único sistema para codificar los pensamientos - el único medio - que no es fungible, que se niega a disolverse en el torrente devorador de los medios electrónicos (los turistas más ricos en Disney World llevan camisetas con los nombres de diseñadores famosos impresos, porque los propios diseños pueden copiarse fácilmente y con impunidad. El único modo de fabricar ropa que no puede copiarse legalmente es imprimir palabras con copyright y marca registrada; una vez se ha dado ese paso, la ropa misma ya no importa realmente, y así una camiseta es tan buena como cualquier otra cosa. Las camisetas con palabras caras son ahora la insignia de la clase alta. Las camisetas con palabras baratas, o sin palabras, son para el común de los mortales). \layout Standard Pero esta cualidad especial de las palabras y de la comunicación escrita tendría el mismo efecto sobre el producto de la Disney que un graffiti de spray sobre un espejo mágico. Así que la Disney lleva a cabo la mayor parte de su comunicación sin recurrir a las palabras, y en su mayor parte, no se echa de menos las palabras. Algunas de las propiedades más antiguas de la Disney, como Peter Pan, Winnie Pooh, y Alicia en el País de las Maravillas, salieron de libros. Pero los nombres de sus autores se mencionan raramente, si es que se mencionan, y no se pueden comprar los libros originales en la tienda Disney. Si se pudiera, parecerían viejos y extraños, como versiones muy raras de los originales más puros y auténticos de la Disney. Comparados con producciones más recientes como la Bella y la Bestia y Mulan, las películas de la Disney basadas en estos libros (en particular Alicia en el País de las Maravillas y Peter Pan) parecen profundamente extrañas, y no del todo apropiadas para niños. Lo cual es razonable, porque Lewis Carroll y J.M. Barrie eran hombres muy raros, y la naturaleza de la palabra escrita es tal que su rareza personal se filtra a través de todas las capas de disneyficac ión como rayos X a través de una pared. Probablemente por esta misma razón, la Disney parece haber dejado de comprar libros, y ahora encuentra sus temas y caracteres y los relatos tradicionales, que tienen la cualidad lapidaria y gastada por el tiempo de los antiguos bloques de piedra de las ruinas del Maharajá. \layout Standard Si siguiéramos a esos turistas a sus casas, podríamos encontrar arte, pero sería el tipo de arte folclórico no firmado que venden en las tiendas de la Disney de tema africano y asiático. En general, sólo parecen estar cómodos con medios que ha sido ratificados por su antigüedad, por su aceptación popular masiva, o por ambas cosas. \layout Standard En este mundo, los artistas son como los obreros anónimos y analfabetos que construyeron las grandes catedrales en Europa y luego desaparecieron en tumbas anónimas del cementerio. La catedral en conjunto es apabullante y conmovedora a pesar de, y posiblemente debido a, el hecho de que no tenemos ni idea de quién la construyó. Cuando caminamos por ella comulgamos no con obreros individuales sino con toda una cultura. \layout Standard Disney World funciona del mismo modo. Si se es un intelectual, un lector o escritor de libros, lo más amable que se puede decir al respecto es que la ejecución es soberbia. Pero resulta fácil encontrarlo todo un poco siniestro, porque falta algo: la traducción de todo su contenido a palabras escritas, claras y explícitas, las atribución de las ideas a personas específicas. No se puede discutir con ello. Parece como si se estuviera pasando por alto un montón de cosas, como si Disney World nos estuviera engañando, y posiblemente colándonos todo tipo de asunciones ocultas y pensamiento blando. \layout Standard Pero esto es exactamente lo mismo que se pierde en la transición de la interfaz de línea de comandos al GUIs. \layout Standard La Disney y Apple/Microsoft están en el mismo negocio: cortocircuitar la laboriosa y explícita comunicación verbal con interfaces de diseño caro. La Disney es una especie de interfaz de usuario en sí misma - y más que meramente gráfica. Llamémosla Interfaz Sensorial. Puede aplicarse a cualquier cosa en el mundo, real o imaginada, aunque a un precio apabullante. \layout Standard ¿Por qué rechazamos las interfaces basadas en la palabra, y preferimos las gráficas o sensoriales - una tendencia que explica el éxito tanto de Microsoft como de la Disney? \layout Standard Parte de ello es simplemente que el mundo es ahora muy complicado - mucho más complicado que el mundo de los cazadores-recolectores para apañárselas con el cual evolucionaron nuestros cerebros - y sencillamente no podemos manejar todos los detalles. Tenemos que delegar. No tenemos más opción que confiar en algún artista anónimo de la DIisney o en algún programador de Apple o Microsoft para que elijan por nosotros, nos libren de algunas opciones, y nos den un resumen convenientemente empaqueta do. \layout Standard Pero más importante es el hecho de que durante este siglo el intelectualismo falló, y todo el mundo lo sabe. En lugares como Rusia y Alemania, la gente común renunció a su control sobre los modos de vida tradicionales, costumbres y religión, y permitió que los intelectuales llevaran el cotarro, y los intelectuales lo estropearon todo y convirtieron el siglo en un matadero. Aquellos intelectuales de tanta palabrería eran vistos como meramente tediosos; ahora también parecen algo peligrosos. \layout Standard Los estadounidenses somos los únicos que no salimos malparados en ningún momento de todo esto. Somos libres y prósperos porque heredamos sistemas políticos y de valores fabricados por un conjunto dado de intelectuales del siglo XVIII que por casualidad acertaron. Pero hemos perdido contacto con esos intelectuales, y con cualquier cosa parecida al intelectualismo, hasta el punto de no leer libros ya, aunque sabemos leer. Estamos mucho más cómodos transmitiéndoles esos valores a las generaciones futuras de forma no-verbal, mediante el proceso de inmersión mediática. Parece que esto funciona hasta cierto punto, porque la policía en muchos países ahora se queja de que los arrestados insisten en que les lean sus derechos, como en las películas de policías estadounidenses. Cuando se les explica que están en un país diferente, se indignan. Puede que las reposiciones de Starsky y Hutch, dobladas a diversas lenguas, resulten ser, a largo plazo, una fuerza más potente en favor de los derechos humanos que la Declaración de Independencia. \layout Standard Una cultura enorme, rica y nuclear que propaga sus valores nucleares mediante la inmersión mediática parece una mala idea. Está el riesgo obvio de errar. Las palabras son el único medio inmutable que tenemos, que es el motivo por el cual son el vehículo preferido para conceptos extremadamente importantes como los Diez Mandamientos, el Corán, y la Declaración de Derechos. A menos que los mensajes transmitidos por nuestros medios vayan ligados a algún conjunto fijo de preceptos, pueden desperdigarse por doquier y posiblemente llenar la mente de la gente de estupideces. \layout Standard Orlando tenía una base militar llamada la McCoy Air Force Base, con largas pistas de las que podían despegarlos B-52 para llegar a Cuba o a cualquier otro lugar, cargados de bombas nucleares. Pero ahora McCoy ha sido desmantelada y sus instalaciones se han destinado a otros fines. El aeropuerto civil de Orlando las ha absorbido. Las largas pistas se usan ahora para descargar turistas llegados en vuelos 747 desde Brasil, Italia, Rusia y Japón, a fin de que vengan a Disney World y empaparse de nuestros medios durante un tiempo. \layout Standard Para las culturas tradicionales, especialmente las basadas en la palabra como el Islam, esto resulta infinitamente más amenazante de lo que lo fueron jamás los B-52. Resulta obvio para cualquiera fuera de los Estados Unidos que nuestras archimuletillas, multiculturalismo y diversidad, son fachadas que encubren (en muchos casos involuntariamente) una tendencia global a erradicar las diferencias culturales. El pilar básico del multiculturalismo (o de "honrar la diversidad", o como se quiera llamarlo) es que las personas tienen que dejar de juzgarse unas a otras - dejar de aseverar (y, gradualmente, dejar de creer) que esto está bien y esto está mal, que una cosa es fea y otra hermosa, que Dios existe y tiene estas o aquellas cualidades. \layout Standard La lección que la mayor parte de la gente ha extraído del Siglo Veinte es que, para que un gran número de diferentes culturas coexistan pacíficamente en el globo (o incluso en el barrio) es necesario que la gente suspenda el juicio de este modo. De ahí (argumento) nuestra sospecha, u hostilidad, respecto de todas las figuras de autoridad en la cultura moderna. Como explicó David Foster Wallace en su ensayo "E Unibus Pluram," éste es el mensaje fundamental de la televisión; es el mensaje que la gente se lleva a casa, de cualquier modo, tras llevar inmersos en los medios el tiempo suficiente. No está expresado en esos términos altisonantes, claro. Se transmite a través de la presunción de que todas las figuras de autoridad - maestros, generales, policías, sacerdotes, políticos - son bufones hipócritas , y que el cinismo descreído es el único modo de ser. \layout Standard El problema es que una vez que nos hemos librado de la capacidad de juzgar lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso, etc., ya no queda cultura. Todo lo que queda son los bailes folclóricos y el macramé. La capacidad de juicio, de creencia, es el fin mismo de tener una cultura. Creo que por eso aparecen a veces tipos con metralletas en lugares como Luxor, y empiezan a dispara a los occidentales. Entienden perfectamente la lección de la base aérea McCoy. Cuando los hijos llegan con gorras ladeadas de los Chicago Bulls, los padres enloquecen. \layout Standard La anticultura global transmitida a todos los rincones del mundo por la televisión es una cultura en sí misma, y según los estándares de grandes y antiguas culturas como el Islam o Francia, parece inmensamente inferior, al menos al principio. Los único bueno que se puede decir de ella es que hace que guerras mundiales y holocaustos parezcan menos probables - ¡y de hecho, eso es algo bastante bueno! \layout Standard El único problema real es que cualquiera que no tenga más cultura que esta monocultura global está completamente jodido. Cualquiera que crezca viendo la televisión, que nunca vea nada de religión o filosofía, se críe en una atmósfera de relativismo moral, aprenda ética viendo escándalos sexuales en el telediario, y vaya a una universidad donde los postmodernistas de desviven por demoler las nociones tradicionales de verdad y calidad, va a salir al mundo como un ser humano bastante incapaz. Y - de nuevo - tal vez el fin de todo esto es hacernos incapaces, de modo que no nos bombardeemos mutuamente con armas nucleares. \layout Standard Por otro lado, si te crías en el ámbito de una cultura dada, acabas con un conjunto básico de herramientas que se pueden usar para pensar y comprender el mundo. Puedes usar esas herramientas para rechazar la cultura en que te criaste, pero al menos tienes algunas herramientas. \layout Standard En este país, la gente que lleva el cotarro - los que llenan los bufetes y las juntas directivas - comprende todo esto a cierto nivel. Apoyan el multiculturalismo y la diversidad y la suspensión del juicio de boquilla, pero no educan a sus propios hijos así. Tengo amigos altamente educados y técnicamente sofisticados que se han mudado a pequeñas ciudades de Iowa para vivir y criar a sus hijos, y hay enclaves hasídicos en Nueva York donde muchos niños se crían según creencias tradicionales. Cualquier comunidad suburbana puede considerarse un lugar donde personas que tienen ciertas creencias (básicamente implícitas) van a vivir entre otros que piensan de igual manera. \layout Standard Y esta gente no sólo se siente responsable respecto a sus propios hijos, sino con el país en general. Algunos miembros de la clase alta son viles y cínicos, por supuesto, pero muchos pasan al menos parte de su tiempo preocupándose por la dirección en que va el país, y sus propias responsabilidades. Y así, cuestiones que son importantes para los intelectuales lectores de libros, como el colapso ambiental global, acaban por filtrarse a través de la cultura de masas y aparecen como antiguas ruinas hindúes en Orlando. \layout Standard Puede que se estén preguntando: ¿qué narices tiene que ver todo esto con los sistemas operativos? Como he explicado, no hay modo de explicar la dominación del mercado de los sistemas operativos por Apple/Microsoft sin explicaciones culturales, así que no puedo llegar a ninguna parte, en este ensayo, sin hacerles saber antes de dónde vengo en lo que concierne a la cultura contemporánea. \layout Standard La cultura contemporánea es un sistema de dos niveles, como los morlocks y los eloi de La máquina del tiempo de H.G. Wells, salvo que está del revés. En La máquina del tiempo, los eloi eran la amanerada clase alta, mantenida por montones de morlocks subterráneos que hacían que los engranajes tecnológico s se movieran. Pero en nuestro mundo es al revés. Los morlocks son minoría, y hacen que las cosas se muevan porque comprenden cómo funciona todo. Los mucho más numerosos eloi aprenden todo lo que saben por verse inmersos desde su nacimiento en medios electrónicos dirigidos y controlados por los morlocks lectores de libros. Así que muchas personas ignorantes serían peligrosas si se las apuntara en la dirección equivocada, con lo cual hemos desarrollado una cultura popular que: \layout List \labelwidthstring 00.00.0000 1. es increíblemente infecciosa y \layout List \labelwidthstring 00.00.0000 2. neutraliza a toda persona que se ve infectada, haciéndolos reticentes a emitir juicios e incapaces de tomar posiciones. \layout Standard Los morlocks, que tienen la energía e inteligencia como para aprehender los detalles, van y dominan temas complejos y producen Interfaces Sensorias tipo Disney de tal modo que los eloi puedan entender el meollo sin tener que forzar la mente o soportar el aburrimiento. Esos morlocks van a la India y tediosamente exploran cientos de ruinas, luego vuelven a casa y construyen versiones higiénicas y sin bichos: el Selecciones del Reader's Digest, por así decir. Esto cuesta un montón, porque los morlocks insisten en que les den buen café y billetes de avión en primero, pero no es problema porque a los eloi les gusta que los deslumbren y pagarán gustosos. \layout Standard Me doy cuenta de que la mayor parte de esto probablemente suena desdeñoso y amargado hasta el absurdo: el típico intelectual pijo con un berrinche con esos filisteos analfabetos. Como si yo fuera una especie de Moisés bajando solo de la montaña, con las tablas de los Diez Mandamientos grabadas en piedra inmutable - la interfaz de línea de comandos original - y cabreándose con los débiles hebreos no iluminados que adoran imágenes. No sólo eso, sino que parece que creo que hay ua especie de teoría de la conspiración. \layout Standard Pero eso no es lo que quiero decir con todo esto. La situación que describo aquí podría ser mala, pero no tiene por qué ser mala, y no es necesariamente mala ahora: \layout Standard Simplemente, la cuestión es que estamos demasiado ocupados hoy en día como para comprenderlo todo con detalle. Y es mejor comprenderlo por una interfaz, oscuramente, que no comprenderlo en absoluto. Mejor que diez millones de eloi vayan al Safari por el Kilimanjaro en Disney World que no que mil cirujanos cardiovasulares y directores de aseguradoras vayan de safari auténtico por Kenia. La frontera entre ambas clases es más porosa de lo que he dado a entender. Constantemente me encuentro con tipos normales - albañiles, mecánicos, taxistas, gente de a pie en general - que básicamente carecían de cultura hasta que algo hizo necesario que se convirtieran en lectores y empezaran a pensar en serio acerca de las cosas. Tal vez tuvieron que vérselas con el alcoholismo, tal vez fueron a la cárcel, o enfermaron, o sufrieron una crisis de fe, o simplemente se aburrieron. Tales personas pueden aprender acerca de temas particulares a toda prisa. A veces su falta de una educación amplia les lleva a emprender empresas intelectuales desquiciadas pero bueno, al menos la empresa intelectual desquiciada es un buen ejercicio. El fantasma de una política controlada por los caprichos y veleidades de los votantes que creen realmente que hay diferencias significativas entre las cerveza Bud Lite y Miller Lite, y que creen que la lucha libre es real, es naturalmente alarmante para aquellos que no lo creen. Pero los países controlados mediante la interfaz de la línea de comandos, por así decirlo, por sesudos intelectuales, ya sean religiosos o seculares, son por lo general tristes lugares donde vivir. La gente sofisticada se burla de los entretenimientos disneyescos por facilones y asacarinados, pero si el resultado es provocar reflejos básicamente cálidos y simpatéticos a nivel preverbal en cientos de millones de iletrados inmersos en los medios, no pueden ser tan malos. Anoche matamos una langosta en nuestra cocina y mi hija lloró durante una hora. Los japoneses, que solían ser el pueblo más feroz del mundo, están obsesionados con adorables personajes de dibujos animados. Mi propia familia - la gente que mejor conozco - está dividida de modo más o menos equitativo entre personas que probablemente lean este ensayo y personas que casi con toda certeza no lo hará, y no puedo decir a ciencia cierta que un grupo sea necesariamente más cálido, feliz, o mejor adaptado que el otro. \layout Chapter Morlocks y Eloi al teclado \layout Standard En los tiempos de la interfaz de línea de comandos, los usuarios eran todos morlocks que tenían que convertir sus pensamientos en símbolos alfanuméricos e introducirlos a mano, un proceso insufriblemente tediosos que eliminaba toda ambigüedad, revelaba todas las asunciones ocultas, y castigaba cruelmente la pereza y la imprecisión. Entonces los hacedores de interfaces se pusieron a trabajar en sus GUIs, e introdujeron una nueva capa semiótica entre la gente y las máquinas. Las personas que usan tales sistemas han renunciado a la responsabilidad, y al poder, de enviar bits directamente al chip que lleva a cabo la aritmética, y le han pasado esa responsabilidad y poder al sistema operativo. Esto resulta tentador por dar instrucciones claras a alguien o a algo es difícil. No podemos hacerlo sin pensar, y piensen en el número de ramificaciones, para hacerlo bien. Para la mayoría de nosotros, e! s duro. Queremos que las cosas sean más fáciles. La medida de cuánto lo queremos va dada por el grueso de la fortuna de Bill Gates. \layout Standard El sistema operativo (por tanto) se ha convertido en una especie de instrumento para ahorrarse trabajo intelectual que traduce las intenciones vagamente expresadas de los humanos a bits. De hecho, les pedimos a nuestros ordenadores que tomen responsabilidades que siempre se han considerado propias de seres humanos - queremos que comprendan nuestros deseos, que prevean nuestras necesidades, que establezcan conexiones, que desempeñen tareas rutinarias sin necesidad de pedírselo, que nos recuerden lo que tendría que recordársenos a la vez que filtran el ruido. En los niveles más elevados (es decir, más próximos al usuario) esto tiene lugar mediante una serie de convenciones - menús, botones, etc. Estos funcionan en el sentido en que funcionan las analogías: ayudan a los eloi a comprender conceptos abstractos o poco familiares comparándolos con algo conocido. Pero se usa el término más pretencioso de metáfora. \layout Standard El concepto que lo englobaba todo en MacOS era la metáfora del escritorio, que subsumía cierto número de metáforas menores (y a menudo contradictorias, o al menos mezcladas). Con un GUI, un archivo (frecuentemente llamado documento) se metafrasea como una ventana en pantalla (que se llama escritorio). La ventana siempre es demasiado pequeña para contener el documento, así que uno se mueve o, más pretenciosamente, navega por el documento pinchando y arrastrando con el dedo en la barra. Cuando se teclea (usando un teclado) o dibuja (usando un ratón) en la ventana o se usan menús desplegables y cuadros de diálogo para manipular sus contenidos , los resultados del trabajo de uno se almacenan (al menos en teoría) en ! un archivo, y luego la misma información se recupera en otra ventana. Cuando ya no se necesita, se arrastraa la papelera. \layout Standard Hay una mezcla de metáforas pasmosamente promiscua aquí y podría deconstruirla hasta que las ranas criaran pelo, pero no lo haré. Consideren sólo una palabra: documento. Cuando documentamos algo en el mundo real, creamos registros fijos, permanentes e inmutables de ello. Pero los documentos de un ordenador son volátiles, efímeras constelaciones de datos. A veces (como cuando se abren o guardan), el documento que aparece en la ventana es idéntico al que está almacenado, bajo el mismo nombre, en un archivo de disco, pero otras veces (como cuando se hacen cambios sin guardarlos ), es completamente diferente. En cualquier caso, cada vez que se pulsa Guardar, se aniquila la versión previa del documento, reemplazándola por loquequiera que aparezca en la ventana en ese momento. Así que incluso la palabra guardar se usa en un sentido que es grotescamente engañoso - destruir una versión, guardar otra, sería más exacto. \layout Standard Cualquiera que use un procesador de textos durante mucho tiempo inevitablemente sufrirá la experiencia de echar horas de trabajo en un documento largo y luego perderlo porque el ordenador falla o se corta la luz. Hasta el momento en que desaparece de pantalla, el documento parece tan sólido y real como si estuviera impreso en papel y tinta. Pero un momento después, sin avisar, se ha esfumado, completa e irremediablemen te, como si nunca hubiera existido. El usuario queda con una sensación de desorientación (por no hablar del cabreo) proveniente de un trasquilón metafórico - uno se da cuenta de que ha estado viviendo y pensando dentro de una metáfora que es esencialmente falsa. \layout Standard Así que los GUIs usan metáforas para hacer que la informática resulte más fácil, pero son malas metáforas. Aprender a usarlas es esencialmente un juego de palabras, el proceso de aprender nuevas definiciones de palabras como ventana y documento y guardar, que son diferentes, y en muchos casos diametralmente opuestas a las antiguas. Por muy improbable que parezca, esto ha salido muy bien, al menos desde el punto de vista comercial, lo cual significa que Apple/Microsoft han hecho mucho dinero con ello. Todos los otros sistemas operativos modernos han aprendido que para ser aceptados por los usuarios han de ocultar sus entrañas bajo el mismo tipo de adornos. Esto tiene ciertas ventajas: si se sabe usar un sistema operativo de GUI, probablemente se puede deducir cómo! usar cualquier otro en pocos minutos. Todo funciona de modo algo distinto, como las cañerías europeas - pero enredando un poco, se puede escribir una nota y navegar por la red. \layout Standard La mayor parte de la gente que compra sistemas operativos (si se molestan en comprarlo en absoluto) no comparan las funciones subyacente sino el aspecto y sensación superficiales. El comprador medio de un sistema operativo no paga realmente, y no le interesa especialmente, el código de bajo nivel que asigna memoria y escribe bytes en el disco. Lo que compramos realmente es un sistema de metáforas. Y - mucho más importante - a lo que nos vendemos es al presupuestos implícito de que las metáforas son un buen modo de tratar con el mundo. \layout Standard Desde hace poco se ha vuelto disponible un montón de nuevo hardware que les proporciona a los ordenadores numerosos modos interesantes de afectar al mundo real: hacer que las impresoras escupan papel, dirigir rayos de radiación hacia enfermos de cáncer, crear películas realistas sobre el Titánic. Windows se usa ahora como sistema operativo para cajas registradoras y cajeros automáticos. El sistema de mi televisión por satélite emplea una especie de GUI para cambiar de canas y mostrar guías de programas. Los modernos teléfonos móviles llevan un crudo GUI metido en una diminuta pantalla. Incluso Lego tiene un GUI: se puede comprar un juego de Lego llamado Mindstorms que permite construir pequeños robots Lego y programarl! os mediante un GUI en el ordenador. \layout Standard Así que ahora le pedimos al GUI que haga mucho más que servir de máquina escribir glorificada. Ahora queremos que se convierta en una herramienta general para tratar con la realidad. Esto ha hecho que las compañías que viven de sacar nueva tecnología al mercado de masas vivan una bonanza económica. \layout Standard Obviamente, no se puede vender un complicado sistema tecnológica a la gente sin algún tipo de interfaz que les permita usarlo. La dinamo de combustión interna fue una maravilla tecnológica en su época, pero era inútil como bien de consumo hasta que le conectaron una palanca de cambios, transmisión, volante y frenos. Esa extraña colección de cacharros, que sobrevive hasta nuestros días en cada coche que surca las carreteras, constituye lo que hoy llamaríamos una interfaz de usuario. Pero si los coches se hubieran inventado después que los Macintosh, los fabricantes de coches no se habrían molestado en diseñar todos esos complicados dispositivos. Tendríamos una pantalla de ordenador por salpicadero, y un ratón (o como mucho un joystick) por volantes, y cambiaríamos de marchas desplegando un menú: \layout Standard APARCAR --- MARCHA ATRÁS --- PUNTO MUERTO ---- 3 2 1 --- Ayuda... \layout Standard Así, unas pocas líneas de código pueden sustituir cualquier interfaz mecánica imaginable. El problema es que en muchos casos el sustituto es defectuoso. Conducir un coche mediante un GUI sería una experiencia horrible. Incluso si el GUI estuviera totalmente libre de fallos, sería increíblemente peligroso, porque los menús y botones sencillamente no pueden responder tan bien como los controles mecánicos directos. El padre de mi amigo, el señor que restauraba el descapotable, nunca se habría tomado la molestia si hubiera ido equipado con un GUI. No habría sido divertido. \layout Standard El volante y la palanca de cambios se inventaron en una era en la que la tecnología más complicada en la mayor parte de las casas era la batidora de mantequilla. Aquellos primeros fabricantes de coches tenían mucha suerte, ya que podían diseñar la interfaz que resultara más adecuada para la tarea de conducir un automóvil, y la gente la aprendía. Lo mismo sucedió con el teléfono de marcado y la radio AM. Ya en la Segunda Guerra Mundial, la mayor parte de la gente conocía varias interfaces: no sólo podían batir mantequillas, sino también conducir un coche, marcar en el teléfono, encender la radio, prender un mechero, y cambiar una bombilla. \layout Standard Pero ahora cualquier cosita - relojes de pulsera, vídeos, hornillos - está lleno de propiedades, y cada propiedad es inútil sin interfaz. Si usted es como yo y como la mayoría de consumidores, nunca ha usado el noventa por ciento de las propiedades de su microondas, vídeo, o teléfono móvil. Ni siquiera sabe que estas propiedades existen. El pequeño beneficio que podrían aportarle queda anulado por la pura molestia de tener que aprenderlas. Esto debe de ser un gran problema para los fabricantes de bienes de consumo, porque no pueden competir sin ofrecer características. \layout Standard Ya no es aceptable que los ingenieros inventen toda una nueva interfaz de usuario para cada nuevo producto, como hicieron en el caso del automóvil, en parte porque resulta demasiado caro y en parte porque hay un límite a lo que puede aprender la gente normal. Si el vídeo se hubiera inventado hace cien años, tendría una ruedecita para la sintonización y una palanca para avanzar y rebobinar, y una gran asa de hierro forjado para cargar o expulsar los cassettes. Llevaría un gran reloj analógico delante, y habría que ajustar la hora moviendo las manillas en la esfera. Pero debido a que el vídeo se inventó cuando se inventó - durante una especie de incómodo periodo de transición entre la era de las interfaces mecánicas y los GUIs - tiene sólo unos cuantos botones delante, y para fijar la hora hay que pulsar los botones de modo correcto. Esto le debe de haber parecido bastante razonable a los in! genieros responsabl e, pero para muchos usuarios es sencillamente imposible. De ahí el famoso 12:00 que parpadea en tantos vídeos. Los informáticos lo llaman el problema del doce parpadeante. Cuando hablan de ello, empero, no suelen estar hablando de vídeos. \layout Standard Los vídeos modernos habitualmente tienen algún tipo de programación en pantalla, lo cual significa que se puede fijar la hora y controlar las demás propiedades mediante una especie de GUI primitivo. Los GUIs también tienen botones virtuales, claro, pero también tienen otros tipos de controles virtuales, como botones de radio, casillas que tachar, espacios para introducir textos, esferas, y barras. Las interfaces compuestas de estos elementos parecen ser mucho más fáciles para muchas personas que pulsar esos botoncitos en la máquina, y así el propio 12:00 parpadeante está desapareciendo lentamente de los salones de Estados Unidos. El problema del doce parpadeante ha pasado a otras tecnologías. \layout Standard Así que el GUI ha pasado de ser una interfaz para ordenadores personales a convertirse en una especie de metainterfaz que se emplea en cualquier nueva tecnología de consumo. Raramente es idea, pero tener una interfaz ideal o incluso buena ya no es la prioridad; lo importante ahora es tener algún tipo de interfaz que los clientes usen realmente, de tal modo que los fabricantes puedan afirmar con toda seriedad que ofrecen nuevas posibilidades. \layout Standard Queremos GUIs básicamente porque son convenientes y porque son fáciles - o al menos el GUI hace que así parezca. Por supuesta, nada es realmente fácil y simple, y poner una bonita interfaz no cambia ese hecho. Un coche controlado a través de un GUI sería más fácil de conducir que uno controlado por los pedales y el volante, pero sería increíblemente peligroso. Al usar GUIs todo el tiempo hemos aceptado sin darnos cuenta la premisa de que pocas personas aceptarían si se les planteara directamente: a saber, que las cosas difíciles pueden hacerse fáciles, y las complicadas pueden volverse simples, acoplándoles la interfaz adecuada. Para! comprender lo raro que es todo esto, imagínense que las críticas de libros se escribieran según el mismo sistema de valores que aplicamos a las interfaces de usuario: La escritura de este libro es maravillosamente simple; el autor pasa por encima de temas complicados y emplea generalizaciones ramplonas casi en cada oración. Los lectores rara vez tendrán que pensar, y se les ahorrará toda la dificultad y el tedio generalmente asociada con la lectura de libros anticuados. Mientras nos limitemos a operaciones sencillas como fijar la hora en nuestro vídeo, no es para tanto. Pero cuando tratamos de hacer cosas más ambiciosas con nuestra tecnología, inevitablemente nos topamos con el problema de: \layout Chapter El trasquilón metafórico \layout Standard Empecé a usar Microsoft Word en cuanto sacaron la primera versión en torno a 1985. Tras algunos problemas iniciales descubrí que era mejor herramienta que MacWrite, que era su único competidor en aquel momento. Escribí un montón de cosas en versiones tempranas de Word, guardándolo todo en diskettes, y transferí los contenidos de todos mis diskettes a mi primer disco duro, que adquirí en torno a 1987. A medida que salían nuevas versiones de Word yo actualizaba fielmente, razonando que como escritor tenía sentido que me gastara una cierta cantidad de dinero en herramientas. \layout Standard En algún momento a mediados de los 80 traté de abrir uno de mis antiguos documentos Word que databa más o menos de 1985 usando la versión entonces vigente de Word: 6.0. No funcionó. Word 6.0 no reconocía un documento creado por una versión anterior de sí mismo. Abriéndolo como archivo de texto, pude recuperar las secuencias de letras que constituían el texto del documento. Mis palabras seguían allí. Pero el formato parecía pasado por un colador - las palabras que yo había escrito iban interrumpidas por cuadros rectangulares vacíos y basura. \layout Standard Ahora bien, en el contexto de una empresa (el principal mercado de Word) este tipo de cosa sólo es una molestia - uno de los problemas rutinarios que comporta usar ordenadores. Es fácil comprar programitas de conversión de archivos que se ocupan de este problemas. Pero si eres un escritor, cuyo oficio son las palabras, cuya identidad profesional es un corpus de documentos escritos, este tipo de cosa resulta extremadamente desasosegante. En mi tipo de trabajo hay muy pocos presupuestos establecidos, pero uno de ellos es que una vez escribes una palabra, queda escrita y no puede desescribirse. La tinta mancha el papel, el escoplo corta la piedra, el estilo marca la arcilla, y algo ha sucedido irrevocablemente (mi cuñado es un teólogo que lee tablillas en cuneiforme de hace 3250 años - puede reconocer la escritura de algunos escribas individuales, e identificarlos por su nombre). Pero el software de procesamiento de textos - particularmente el tipo que emplea formatos de archiv! o especiales y complejos - tiene el sobrenatural poder de desescribir las cosas. Un pequeño cambio en los formatos de archivo, o unos pocos bits revueltos, y la producción literaria de meses o años puede dejar de existir. \layout Standard Esto era técnicamente un fallo de la aplicación (Word 6.0 para Macintosh), no del sistema operativo (MacOS 7 punto algo), así que el blanco inicial de mi enfado fueron los responsables de Word. Por otro lado, yo podía haber elegido la opción guardar como texto en Word y haber guardado todos mis documentos como simples telegramas, y este problema no habría surgido. Por el contrario, me había permitido ser seducido por todas esas vistosas opciones de formateo que ni siquiera existían hasta que los GUIs aparecieron y las hicieron practicables. Había caído en el hábito de usarlas para que mis documentos tuvieran un bonito aspecto (tal vez más bonito del que merecían; todos esos viejos documentos en los diskettes resultaron ser más o menos una porquería). Ahora estaba pagando el precio de mi autoindulgencia. La tecnología había avanzado y hallado maneras de que mis documentos pareci! eran aún más bonitos, y la consecuencia de ello era que todos los viejos y feos documentos habían dejado de existir. \layout Standard Era - si me disculpan una pequeña y extraña fantasía durante un momento - como si hubiera ido a alojarme en un hotel exquisitamente diseñado, poniéndom e en manos de los antiguos maestros de la Interfaz Sensoria, me hubiera sentado en mi habitación y hubiese escrito una historia con un bolígrafo en papel amarillo, y al volver de la cena me hubiese encontrado con que la doncella se había llevado mi trabajo y en su lugar había dejado una pluma y una resma de pergamino - explicando que la habitación tenía mucho mejor aspecto así, y era todo parte de una actualización rutinaria. Pero escritas en aquellas hojas de papel, en impecable ortografía, habría largas secuencias de palabras escogidas al azar del diccionario. Espantoso, cierto, pero legalmente no podría demandar a la dirección, porque al alojarme en ese hotel había dado mi consentimiento para ello. Había entregado mis credenciales de morlock y me había convertido en un eloi. \layout Chapter Linux \layout Standard A finales de los 80 y principios de los 90 pasé un montón de tiempo programando para Macintosh, y al final decidí pagar varios cientos de dólares por un producto de la Apple llamado el Macintosh Programmer's Workshop, o MPW. MPW tenía competidores, pero era incuestionablemente el mejor sistema de desarrollo de software para el Mac. Los propios ingenieros de la Apple solían escribir código Macintosh con él. Puesto que MacOS era con mucho el sistema operativo más desarrollado tecnológic amente en aquel momento, y puesto que Linux ni siquiera existía todavía, y puesto que éste era el programa que usaba de hecho el equipo de ingenieros creativos de élite de la Apple, tenía grandes expectativas. Venía en un taco de diskettes de un pie de lato, así que tuve tiempo para que mi emoción creciera durante el interminable proceso de instalación. La primera vez que inicié MPW, probablemente me esperaba algún tipo de quisquilloso muestrario multimedia. Por el contrario, era austero, casi hasta el punto de resultar intimidatorio. Era una ventana corrediza en la que se podía escribir texto simple, sin formato. El sistema interpretaba entonces esas líneas de texto como comandos, y trataba de ejecutarlos. \layout Standard Era, en otras palabras, un teletipo de vidrio ejecutando una interfaz de línea de comandos. Venía con todo tipo de comandos crípticos pero potentes, que podían invocarse tecleando sus nombres, y que sólo gradualmente aprendí a usar. Sólo unos pocos años después, cuando empecé a enredar con Unix, comprendí que la interfaz de línea de comandos encarnada en MPW era una recreación de Unix. \layout Standard En otras palabras, lo primero que habían hecho los hackers de Apple cuando habían montado MacOS - posiblemente antes de haberlo montado - había sido recrear la interfaz de Unix, para poder hacer algún trabajo útil. En aquel momento, mi mente no daba para entender esto, pero en lo que concernía a los hackers de Apple, la muy pregonada Interfaz Gráfica de Usuario del Mac era un impedimento, algo a evitar incluso antes de que el aparatito saliera siquiera al mercado. \layout Standard Incluso antes de que mi Powerbook fallara y destruyera miy gran archivo en julio de 1995, había habido señales de peligro. Un viejo amigo mío, que crea y lleva compañías de alta tecnología en Boston, había desarrollado un producto comercial usando el Macintosh. Básicamente el Mac funcionaba como terminal gráfico de alto rendimiento, escogido por su bonita interfaz de usuario, dando al usuario acceso a una gran base de datos de informacion gráfica almacenada en una red de ordenadores mucho más potentes, pero menos enfocados hacia el usuario. Este tipo era la segunda persona que llamó mi atención sobre el Macintosh, por cierto, y a mediados de los 80 compartíamos la emoción de ser expertos en alta tecnología, usar la tecnología Apple en un mundo de tontainas usuarios de DOS. Las primeras versiones del sistema de amigo funcionaros bien, pero cuando se unieron varias máquinas a la red, empezaron a producirse misteriosos fallos; a veces todo el sistema sencillamente se detenía. E! ra uno de esos errores que no podían reproducirse fácilmente. Finalmente se dieron cuenta de que estos fallos del sistema se producían cada vez que un usuario, buscando algo en los menús, mantenía el botón del ratón pulsado durante más de dos segundos. \layout Standard Básicamente, el MacOs sólo podía hacer una cosa por vez. Desplegar un menú en la pantalla es una cosa. Así que cuando de desplegaba un menú, el Macintosh no era capaz de hacer nada más hasta que el usuario indeciso soltaba el botón. \layout Standard Esto no es algo tan terrible en una máquina de un solo usuario y un solo proceso (aunque es una cosa bastante mala), pero es un desastre en una máquina que forma parte de una red, porque formar parte de una red conlleva algún tipo de interacción continua de bajo nivel con otras máquinas. Al no responder a la red, el Mac provocó un fallo en todo el sistema. \layout Standard Para trabajar con otros ordenadores, y con diferentes tipos de hardware, un sistema operativo ha de ser incomparablemente más potente que MS-DOS y que el MacOs original. El único modo de conectarse con Internet que merece la pena tomarse en serio es PPP, el Protocolo Punto-a-Punto, que (no importan los detalles) convierte a su ordenador - temporalmente - en un miembro de pleno derecho de la Internet Global, con su propia dirección única, y diversos privilegios, poderes, y responsabilidades. Técnicamente, significa que su máquina ejecuta el protocolo TCP/IP, que, brevemente, se basa en el envío de paquetes de datos, en ningún orden en particular, y en momentos impredecibles, siguiendo un inteligente y elegante conjunto de reglas. Pero enviar un paquete de datos es una cosa, así que un sistema operativo que sólo pueda hacer una cosa por vez no puede formar parte de l! a Internet y hacer otra cosa simultáneamente. Cuando se inventó TCP/IP, ejecutarlo era un honor reservado a los Ordenadores Serios - mainframes y miniordenadores de alta potencia usados en contextos técnicos y comerciales -, así que el protocolo está diseñado con el presupuesto de que cada ordenador que lo usa es una máquina seria, capaz de hacer muchas cosas a la vez. Hablando pronto y mal, una máquina Unix. Ni MacOS ni MS-DOS se construyeron originalmente pensando en eso, así que cuando Internet se puso caliente, hubo que llevar a cabo cambios radicales. \layout Standard Cuando mi PowerBook me partió el corazón, y cuando Word dejó de reconocer mis antiguos archivos, me pasé a Unix. La alternativa obvia a MacOS habría sido Windows. En realidad yo no tenía nada contra Microsoft, ni contra Windows. Pero ya resultaba bastante obvio que los antiguos sistemas operativos de PC estaban funcionando más allá de sus posibilidades y lo mostraban, así que tal vez era mejor evitarlos hasta que hubieran aprendido a caminar y mascar chicle al mismo tiempo. \layout Standard El cambio tuvo lugar un día particular en el verano de 1995. Llevaba un par de semanas en San Francisco, usando mi PowerBook para trabajar en un documento. El documento era demasiado grande para caber en un solo diskette, así que no había realizado ninguna copia desde que salí de casa. El PowerBook falló y borró todo el archivo. \layout Standard Sucedió justo cuando salía a visitar una compañía llamada Electric Communities, que en aquella época estaba en Los Altos. Me llevé mi PowerBook conmigo. Mis amigos en Electric Communities eran usuarios de Mac que tenían todo tipo de software para desborrar archivos y recuperar datos perdidos en fallos de disco, y estaba seguro de que podría recobrar la mayor parte del archivo. \layout Standard Resultó que dos utilidades diferentes para la recuperación de datos por fallo del Mac fueron incapaces de hallar rastro alguno de que mi archivo había existido alguna vez. Estaba completa y sistemáticamente borrado. Peinamos el disco duro bloque por bloque, y encontramos fragmentos disjuntos de incontables archivos antiguos, descartados y olvidados, pero nada de lo que yo quería. El trasquilón metafórico fue especialmente brutal ese día. Fue algo así como ver cómo la chica de la que llevas diez años enamorado se mata en un accidente de tráfico, y luego estar presente en su autopsia, para darte cuenta de que bajo la ropa y el maquillaje era sólo carne y hueso. \layout Standard Debí de vagar por los pasillos de la Electric Communities en una especie de fuga jungiana primaria, porque en aquel momento sucedieron tres cosas extrañamente sincrónicas. \layout List \labelwidthstring 00.00.0000 1. Randy Farmer, cofundador de la compañía, llegó en una visita rápida con su familia - estaba recuperándose de una operación en la espalda en aquel momento. Traía noticias candentes: Hoy han masterizado Windows 95. Lo que esto quería decir era que el nuevo sistema operativo de Microsoft había sido colocado hoy en un disco compacto especial conocido como el master dorado, que se usaría para sacar trillones de copias, preparando su estruendoso lanzamiento unas pocas semanas después. Esta noticia fue recibida con fastidio por los empleados de Electric Communitie s, incluyendo uno que tenía la puerta del despacho llena de las viñetas y novedades habituales, e.g. \layout List \labelwidthstring 00.00.0000 2. Un cómic de Dilbert en el que Dilbert, el sufridor ingeniero de software en una compañía, se encuentra con un hombre barbudo y peludo de cierta edad - algo parecido a Santa Claus, pero más siniestro, y con cierta sorna. Dilbert reconoce a este hombre, por su apariencia y efecto, como un hacker de Unix, y reacciona con una cierta mezcla de nerviosismo, respeto, y hostilida d. Dilbert realiza endebles intentos por meterse con el perturbador extraño durante un par de viñetas; el hacker de Unix le escucha con una especie de irritante calma beatífica, y luego, en la última viñeta, mete la mano en el bolsillo. Ten una moneda, chico, dice, y ve a comprarte un ordenador de verdad. \layout List \labelwidthstring 00.00.0000 3. El dueño de la puerta y el cómic era un tal Doug Barnes. Era sabido que Barnes tenía ciertas opiniones heréticas sobre el tema de los sistemas operativos. A diferencia de la mayoría de los techies del Área de la Bahía, que adoraban el Macintosh, considerando que era la máquina del verdadero hacker, a Barnes le gustaba señalar que el Mac, con su arquitectura herméticamente sellada, era de hecho hostil a los hackers, a quienes les gusta enredar y y para los que la apertura es un dogma. En cambio, las máquinas compatibles con IBM, que pueden montarse y desmontarse fácilmente, eran mucho más hackeables. \layout Standard Así que cuando volví a casa empecé a enredar con Linux, que es una de las muchísimas distintas implementaciones concretas del ideal abstracto y platónico llamado Unix. No me apetecía cambiarme a un nuevo sistema operativo, porque mis tarjetas de crédito todavía echaban humo después de todo el dinero que me había gastado en hardware para el Mac en el curso de los años. Pero la gran virtud de Linux era, y es, que podía ejecutarse en exactamente el mismo tipo de hardware que el sistema operativo de Microsoft - es decir, el hardware más barato que existe. Como para demostrar que esto era una gran idea, una o dos semanas después de volver a casa pude hacerme con un ordenador entonces bastante bueno (un 486 de 33 MHz) gratis, porque conocía a un tipo que trabajaba en una oficina en la que estaban tirándolos. Una vez llegué a casa, le quité la funda, metí las manos, y empecé a cambiar las tarjetas. Si algo no funcionaba, iba a una tienda de ordenad! ores de segunda mano, buscaba en una cesta llena de componentes, y compraba una nueva tarjeta por unos pocos dólares. \layout Standard La disponibilidad de todo este hardware barato pero efectivo fue una consecuenci a involuntaria de decisiones que se habían tomado hacía más de una década en IBM y Microsoft. Cuando salió Windows, y llevó el GUI a un mercado mucho más amplio, el régimen del hardware cambió: el precio de las tarjetas de vídeo en color y los monitores de alta resolución empezó a caer, y sigue cayendo. Este enfoque del hardware gratis-para-todos significó que Windows era inevitabl emente torparrón comparado con MacOs. Pero el GUI llevó la informática a un público tan vasto que el volumen aumentó muchísimo y los precios se vinieron abajo. Mientras tanto Apple, que tanto quería un sistema operativo limpio e integrado, con el vídeo limpiamente integrado en el hardware de procesamiento, había quedado muy por detrás en la cuota de! mercado, en parte al menos porque su precioso hardware costaba tanto. \layout Standard Pero el precio que tuvimos que pagar los dueños de un Mac por una estética y un diseño superiores no fue meramente financiero. Había un precio cultural también, debido al hecho de que no podíamos abrir el ordenador y enredar con él. Doug Barnes tenía razón. Apple, pese a su reputación de ser la opción de los hackers creativos y contestatarios, había creado de hecho una máquina que desalentaba el hackeo, mientras que Microsoft, considerada una perezosa tecnológica y una plagiaria, había creado un vasto bazar de componentes sin orden ni concierto - una sopa primordial que había acabado autoorganizándose en Linux. \layout Chapter La broca de agujero de los Sistemas Operativos \layout Standard Unix siempre ha estado pululando provocativamente en el trasfondo de las guerras de los sistemas operativos, como el Ejército Ruso. La mayor parte de la gente sólo conoce su reputación, y su reputación, como sugiere el cómic de Dilbert, es mixta. Pero todo el mundo parece estar de acuerdo en que si tan sólo se planteara su actuación en serio y dejara de cederle enormes extensiones de ricos terrenos agrícolas y cientos de miles de prisioneros de guerra a los invasores, los aplastaría , a ellos y a cualquier otra oposición. \layout Standard Resulta difícil explicar cómo se ha ganado Unix este respeto sin meterse en horrorosos detalles técnicos. Tal vez el mello pueda explicarse contando una historia sobre brocas. \layout Standard La broca de agujero es una broca fabricada por la Compañía de Herramientas de Milwaukee. Si miran el escaparate de una típica ferretería, pueden encontrar brocas de Milwaukee más pequeñas, pero no la broca de agujero, que es demasiado potente y cara para usuarios domésticos. La broca de agujero no tiene el diseño en forma de pistola de la barata broca doméstica. Es un cubo de metal sólido con un mango que sale por un lado y una protuberanci a en otro. El cubo contiene un motor eléctrico desconcertantemente potente. Se puede sostener el mango y apretar el gatillo con el índice, pero a menos que se sea excepcionalmente fuerte no se puede controlar el peso de la broca de agujero con una mano; hay que sujetarla con ambas manos. Para compensar el contra-torque de la broca de agujero, se usa un mango adicional (que va dado), que se atornilla en uno u otro lado del cubo de hierro, dependiendo de si se usa la m! ano izquierda o derecha para apretar el gatillo. Este mango no es esbelto y ergonómico como lo sería en una broca doméstica. Es simplemente un pedazo de cañería galvanizada normal de un pie de largo, con un agujero en un extremo, con un mango de goma negra en el otro. Si lo pierdes, simplemente vas a la tienda de fontanería local y comprar otro pedazo de cañería. \layout Standard Durante los ochenta hice algo de albañilería. Un día, otro obrero apoyó una escalera contra la fachada del edificio que estábamos construyendo, subió al segundo piso, y uso la broca de agujero para hacer un agujero en el muro exterior. En algún momento, la broca se atascó el muro. La broca de agujero, siguiendo su único imperativo, siguió funcionando. Giró el cuerpo del obrero como una muñeca de trapo, haciendo que tirara la escalera. Por suerte, se mantuvo agarrado a la broca de agujero, que permaneció encajada en el muro, y simplemente colgó de ella y pidió ayuda hasta que vino alguien y puso de nuevo la escalera. \layout Standard Yo mismo usé una broca de agujero para hacer muchos agujero a través de remaches, lo cual hice como una picadora pica coliflor. También la usé para hacer unos pocos agujeros de seis pulgadas de diámetro en un viejo techo de escayola. Introduje una nueva sierra, subí al segundo piso, metí la mano por entre las recientes juntas del suelo, y empecé a cortar el techo del primer piso. Allí donde mi broca doméstica las había pasado canutas para hacer girar el enorme hierro, y se había detenido a la menor obstrucción, la broca de agujero rotaba con la estúpida consistencia de un planeta giratorio. Cuando la sierra ganó velocidad, la broca de agujero giró sobre sí misma y me hizo girar a mí también, aplastando una de mis manos entre el mango de acero y una junta, produciendo unas pocas laceraciones, cada una rodeada por una amplia corona de carne magullada. También dobló la propia sierra, aunque no tanto como para que no pudiera volver a usarla. Tras unos pocos encontronazos parecid! os, cada vez que tenía que usar la broca de agujero mi corazón empezaba a latir con terror atávico. \layout Standard Pero nunca le eché la culpa a la broca de agujero; me eché la culpa a mí mismo. La broca de agujero es peligrosa porque hace exactamente lo que se le pide que haga. No se ve constreñida por las limitaciones físicas inherentes a una broca barata, ni por los cierres de seguridad que puede incluir un fabricante temeroso de las responsabilidades penales en un producto doméstico. El peligro no está en la máquina misma, sino en la incapacidad del usuario de contemplar todas las consecuencias de las instrucciones que le da. \layout Standard Una herramienta más pequeña también es peligrosa, pero por razones completamente distintas: trata de dar lo que se le pide, y falla de un modo que resulta impredecible y casi siempre indeseable. Pero la broca de agujero es como el genio de las antiguos cuentos de hadas, que lleva a cabo las instrucciones de su amo literalmente, con precisión y un poder ilimitado, a menudo con desastrosas consecuencias imprevistas. \layout Standard Antes de la broca de agujero, solía examinar el surtido de brocas en las ferreterías de un modo que consideraba sensato, desechando los modelos más pequeños y levantando los grandes y caros apreciativamente, deseando poder permitirme una de aquellas bellezas. Ahora las miro a todas con tal desdén que ni siquiera consider
\layout LyX-Code \layout LyX-Code \layout LyX-Code Cryptonomicon by Neal 
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