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\layout Title
En el principio fue la línea de comandos
\layout Author
Neal Stephenson
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\layout Chapter
Introducción
\layout Standard
Hace cerca de veinte años a Jobs y Wozniak, los fundadores de Apple, se
les ocurrió la muy extraña idea de vender máquinas de procesamiento de
información para uso doméstico.
El negocio despegó, y sus fundadores hicieron un montón de dinero y recibieron
el crédito que merecían como osados visionarios.
Pero sobre la misma época, a Bill Gates y Paul Allen se les ocurrió una
idea todavía más extraña y fantasiosa: vender sistemas operativos de ordenador.
Esto era mucho más extraño que la idea de Jobs y Wozniak.
Un ordenador por lo menos tenía cierta realidad física.
Venía en una caja, podía abrirse y enchufarse y se podía ver cómo parpadeaban
las luces.
Un sistema operativo no tenía ninguna encarnación tangible.
Venía en un disco, claro, pero el disco no era, a todos los efectos, más
que la caja que contenía el sistema operativo.
El producto mismo era una serie muy larga de unos y ceros que, cuando se
instalaba y se cuidaba bien, te daba la capacidad de manipular otras series
muy largas de unos y ceros.
Incluso los pocos que de hecho comprendían qué era un sistema operativo
de ordenador posiblemente pensaban en ello como un prodigio increíblemente
complicado de la ingeniería, como un reactor o un avión espía U-2, y no
algo que pudiera llegar a ser (en la jerga de la alta tecnología) productizado.
\layout Standard
Pero ahora la compañía que fundaron Gates y Allen vende sistemas operativos
como Gillette vende hojas de afeitar.
Se lanzan nuevas versiones de sistemas operativos como si fueran películas
de Hollywood, con el respaldo de celebridades, apariciones en talk shows,
y giras mundiales.
Su mercado es lo bastante vasto como para que la gente se preocupe de si
ha sido monopolizado por una compañía.
Incluso los menos inclinados a la técnica de nuestra sociedad tienen ahora
al menos una idea nebulosa de lo que hacen los sistemas operativos; lo
que es más, tienen fuertes opiniones sobre sus méritos relativos.
Es ya un conocimiento compartido el que, si tienes un software que funciona
en tu Macintosh, y lo pasas a una máquina Wondows, no funciona.
Esto sería, de hecho, un error risible e idiota, como clavar herraduras
en las ruedas de un coche.
\layout Standard
Una persona que entrara en coma antes de la fundación de Microsoft y despertara
hoy, tomaría el New York Times de esta mañana y no entendería nada -- casi:
\layout Standard
Ítem: el hombre más rico del mundo hizo su fortuna a partir de ¿qué? ¿Ferrocarri
les? ¿Buques? ¿Petróleo? No, sistemas operativos.
Ítem: el Departamento de Justicia está investigando el supuesto monopolio
en sistemas operativos de Microsoft con herramientas legales que se inventaron
para restringir el poder de los jefes de bandas de ladrones del siglo diecinuev
e.
\layout Standard
Ítem: una amiga mía me contó recientemente que había interrumpido un (hasta
entonces) estimulante intercambio de e-mails con un joven.
Al principio parecía un tipo tan inteligente e interesante, dijo, pero
luego empezó a ponerse en plan PC-contra-Mac.
¿Qué diablos está pasando aquí? Y ¿tiene futuro el negocio de los sistemas
operativos, o sólo pasado? Ésta es mi opinión, que es completamente subjetiva;
pero dado que me he pasado bastante tiempo no sólo usando, sino programando
en Macintosh, Windows, Linux y los BeOS, tal vez no sea tan desinformada
como para carecer completamente de valor.
Éste es un ensayo subjetivo, más crítica que artículo de investigación,
y puede parecer injusto o sesgado comparado con lo que se puede encontrar
en las revistas de PC.
Pero desde que salió el Mac, nuestros sistemas operativos están basados
en metáforas, y, por lo que a mí respecta, es legítimo cuestionar cualquier
cosa con metáforas dentro.
\layout Chapter
Descapotables, tanques, y batmóviles
\layout Standard
En la época en que Jobs, Wozniak, Gates, y Allen estaban soñando estos planes
inverosímiles, yo era un adolescente que vivía en Ames, Iowa.
El padre de uno de mis amigos tenía un viejo descapotable oxidándose en
el garaje.
A veces de hecho conseguía que arrancara y cuando lo hacía nos llevaba
a dar una vuelta por el barrio, con una expresión memorable de salvaje
entusiasmo juvenil en la cara; para sus preocupados pasajeros, era un loco,
tosiendo y renqueando por Ames, Iowa y tragándose el polvo de oxidados
Gremlins y Pintos, pero en su propia imaginación él era Dustin Hoffman
cruzando el Puente de la Bahía con el cabello al viento.
\layout Standard
Mirando atrás, esto me reveló dos cosas acerca de la relación de las personas
con la tecnología.
Una fue que el romanticismo y la imagen influyen mucho sobre su opinión.
Si lo dudan (y tienen un montón de tiempo libre), pregúntenle a cualquiera
que tenga un Macintosh y que por ello imagina ser miembro de una minoría
oprimida.
\layout Standard
El otro punto, algo más sutil, fue que la interfaz es muy importante.
Claro que aquel deportivo era un coche malísimo en casi cualquier aspecto
importante: pesado, poco fiable, poco potente.
Pero era divertido conducirlo.
Respondía.
Cada guijarro de la carretera se sentía en los huesos, cada matiz en el
asfalto se transmitía instantáneamente a las manos del conductor.
Podía escuchar al motor y saber qué fallaba.
El volante respondía inmediatamente a las órdenes de las manos.
Para nosotros los pasajeros, era un ejercicio fútil de no ir a ningún lado
-- más o menos tan interesante como mirar por encima del hombre de alguien
que mete números en una hoja de cálculo.
Pero para el conductor era una experiencia.
Durante un breve tiempo, estaba expandiendo su cuerpo y sus sentidos en
un ámbito más amplio, y haciendo cosas que no podía hacer sin ayuda.
\layout Standard
La analogía entre coches y sistemas operativos es bastante buena, así que
permítanmente seguir con ella durante un rato, como modo de dar un resumen
sumario de nuestra situación hoy en día.
\layout Standard
Imagínense un cruce de carreteras donde hay cuatro puntos de venta de coches.
Uno de ellos (Microsoft) es mucho, mucho mayor que los demás.
Comenzó hace años vendiendo bicletas de tres velocidades (MS-DOS); no eran
perfectas, pero funcionaban, y cuando se rompían se arreglaban fácilmente.
\layout Standard
Enfrente estaba la tienda de bicicletas rival (Apple), que un día empezó
a vender vehículos motorizados -- coches caros, pero de estilo atractivo,
con los mecanismos herméticamente sellados, de tal modo que su funcionamiento
era algo misterioso.
\layout Standard
La tienda grande respondió apresurándose a sacar un kit de actualización
(el Windows original) al mercado.
Éste era un dispositivo que, cuando se atornillaba a una bicicleta de tres
velocidades, le permitía seguir, a duras penas, el ritmo de los coches
Apple.
Los usuarios tenían que usar gafas de protección y siempre estaban sacándose
bichos de los dientes mientras los usuarios de Apple corrían en su confort
herméticamente sellado, burlándose por las ventanillas.
Pero los Micro-motopedales eran baratos, y fáciles de reparar comparados
con los coches Apple, y su cuota de mercado creció.
\layout Standard
Al final la tienda grande acabó por sacar un coche en toda regla: un monovolumen
colosal (Windows 95).
Tenía el encanto estético de un bloque soviético de viviendas para obreros,
perdía aceite y le estallaban las bujías, y fue un éxito tremendo.
Poco tiempo después, sacaron también un enorme vehículo pesado destinado
a los usuarios industriales (Windows NT), que no era más bonito que el
monovolumen, y sólo algo más fiable.
\layout Standard
Desde entonces ha habido un montón de ruido y gritos, pero poco ha cambiado.
La tienda pequeña sigue vendiendo elegantes sedanes de estilo europeo y
gastándose mucho dinero en campañas publicitarias.
Tienen carteles de /¡Liquidación!/ puestos en el escaparate desde hace
tanto tiempo que ya están amarillos dy arrugados.
La tienda grande sigue fabricando monovolúmenes y vehículos pesados, cada
vez más y más grandes.
\layout Standard
Al otro lado de la carretera hay dos competidores que llegaron más recientemente.
Uno de ellos, (Be, Inc.) vende Batmóviles plenamente operativos (los BeOS).
Son más bonitos y elegantes incluso que los eurosedanes, mejor diseñados,
más avanzados tecnológicamente, y al menos tan fiables como cualquier otra
cosa en el mercado - y sin embargo son más baratos que los demás.
\layout Standard
Con una excepción, claro: Linux, que está enfrente mismo, y que no es un
negocio en absoluto.
Es un conjunto de tiendas de campaña, yurtas, tipis, y cúpulas geodésicas
levantadas en un prado y organizadas por consenso.
La gente que vive allí fabrica tanques.
No son como los anticuados tanques soviéticos de hierro forjado; son más
parecidos a los tanques M1 del ejército americano, hechos de materiales
de la era espacial y llenos de sofisticada tecnología de arriba abajo.
Pero son mejores que los tanques del ejército.
Han sido modificados de tal modo que nunca, nunca se averían, son lo bastante
ligeros y maniobrables como para usarlos en la calle, y no consumen más
combustible que un coche compacto.
Estos tanques se producen ahí mismo a un ritmo aterrador, y hay un número
enorme de ellos alineados junto a la carretera con las llaves puestas.
Cualquiera que quiera puede simplemente montarase en uno y marcharse con
él gratis.
\layout Standard
Los clientes llegan a este cruce en multitudes, día y noche.
El noventa por ciento se van derechos a la tienda grande y compran monovolúmene
s o vehículos pesados.
Ni siquiera miran las otras tiendas.
\layout Standard
Del diez por ciento restante, la mayoría va y compra un elegante eurosedán,
deteniéndose sólo para mirar por encima del hombro a los filisteos que
compran monovolúmenes y vehículos para circulación fuera de carretera.
Si acaso llegan a fijarse siquiera en la gente al otro lado de la carretera,
vendiendo los vehículos más baratos y técnicamente superiores, estos clientes
los desprecian, considerándolos lunáticos y descerebrados.
\layout Standard
La tienda de Batmóviles vende unos pocos vehículos al maniático de los coches
ocasional que quiere un segundo vehículo además de su monovolumen, pero
parece aceptar, al menos de momento, que es un jugador marginal.
\layout Standard
El grupo que regala los tanques sólo permanece vivo porque lo llevan voluntarios
, que se alinean al borde de la calle con megáfonos, tratando de llamar
la atención de los clientes sobre esta increíble situación.
Una conversación típica es algo así:
\layout Standard
Hacker con megáfono: ¡Ahorra dinero! ¡Acepta uno de nuestros tanques gratis!
¡Es invulnerable, y puede atravesar roquedales y ciénagas a noventa millas
por hora consumiendo un galón cada cien millas!
\layout Standard
Futuro comprador de monovolumen: Ya sé que lo que dices es cierto...
pero...
eh...
¡yo no sé mantener un tanque!
\layout Standard
Megáfono: ¡Tampoco sabes mantener un monovolumen!
\layout Standard
Comprador: Pero esta tienda tiene mecánicos contratados.
Si le pasa algo a mi monovolumen, puedo tomarme un día libre del trabajo,
traerlo aquí, y pagarles para que trabajen en él mientras yo me siento
en la sala de espera durante horas, escuchando música de ascensor.
\layout Standard
Megáfono: ¡Pero si aceptas uno de nuestros tanques gratuitos te mandaremos
voluntarios a tu casa para que lo arreglen gratis mientras duermes!
\layout Standard
Comprador: ¡Manténte alejado de mi casa, bicho raro!
\layout Standard
Megáfono: Pero...
\layout Standard
Comprador: ¿Es que no ves que todo el mundo está comprando monovolúmenes?
\layout Chapter
Lanzador de bits
\layout Standard
La conexión entre coches y modos de interactuar con los ordenadores no se
me habría ocurrido en la época en que me llevaban de paseo en aquel descapotabl
e.
Me había apuntado a una clase de programación en el Instituto de Ames.
Tras unas cuantas clases introductorias, nos dieron permiso a los estudiantes
para entrar en una sala diminuta que contenía un teletipo, un teléfono,
y un módem anticuado consistente en una caja de metal con un par de cuencas
de plástico encima (Nota: muchos lectores, abriéndose camino a través de
esta última oración, probablemente sintieron un retortijón inicial de temor
de que este ensayo estuviera a punto de convertirse en una tediosa batallita
sobre lo difícil que lo teníamos en los viejos tiempos; tranquilícense:
lo que estoy haciendo, de hecho, es colocar mis piezas sobre el tablero
de ajedrez, por así decirlo, preparándome para realizar una observación
sobre temas realmente interesantes y actualizados como el Software de Código
Abierto).
El teletipo era exactamente el mismo tipo de máquina que se había usado,
durante décadas, para envíar y recibir telegramas.
Era básicamente una máquina de escribir ruidosa que sólo podía producir
/MAYÚSCULAS/.
Montada a un lado había una máquina más pequeña con un largo rollo de cinta
de papel, y una cesta de plástico transparente debajo.
\layout Standard
Para conectar este aparato (que no era un ordenador en absoluto) con la
Universidad Estatal de Iowa al otro lado de la ciudad, había que coger
el teléfono, marcar el número del ordenador, esperar a que llegaran ruidos
raros, y entonces colocar el auricular en las cuencas de plástico.
Si acertabas, una cuenca envolvía sus labios de neopreno en torno a la
parte de la oreja y el otro en torno a la parte de la boca, consumando
una especie de sesenta y nueva informacional.
El teletipo se estremecía mientras era poseído por el espíritu del lejano
ordenador, y empezaba a martillear mensajes crípticos.
\layout Standard
Puesto que el tiempo de ordenador era un recurso escaso, usábamos una especie
de técnica de procesamiento en racimo.
Antes de marcar en el teléfono, conectábamos la perforadora de cinta (una
máquina subsidiaria atornillada al costado del teletipo) y tecleábamos
nuestros programas.
Cada vez que pulsábamos una teclar, el teletipo imprimía una letra en el
papel delante nuestro, de tal modo que pudiéramos leer lo que habíamos
escrito; pero al mismo tiempo convertía la letra en un conjunto de ocho
dígitos binarios, o bits, y perforaba un patrón correspondiente de agujeros
a lo ancho de una cinta de papel.
Los diminutos discos de papel salidos de la cinta caían en la cesta de
plástico transparente, que lentamente se llanaba de lo que sólo puede describir
se como bits reales.
El último día del curso, el chico más listo de la clase (no yo) saltó desde
detrás de su pupitre y lanzó varios kilos de estos bits por encima de la
cabeza de nuestro profesor, como confetti, como una especie de broma semiafectu
osa.
La imagen de aquel hombre sentado allí, atenazado por las fases iniciales
de una atávica reacción de lucha-o-huye, con millones de bits (megabytes)
cayéndole por el pelo y metiéndosele por la nariz y la boca, el rostro
poniéndosele morado a medida que se aproximaba a la explosión, es la escena
más memorable de mi educación formal.
\layout Standard
De cualquier modo, resultará obvio que mi interacción con el ordenador fue
de una naturaleza extremadamente formal, estando dividia en diferentes
fases, a saber:
\layout Standard
1.
Lentado en casa con lápiz y papel, a millas y millas de cualquier ordenador,
pensaba mucho acerca de lo que quería que hiciera el ordenador, y traducía
mis intenciones a un lenguaje informático - una serie de símbolos alfanuméricos
sobre la página.
2.
Llevaba esto a través de una especie de cordón sanitario informacional
(tres millas a través de tormentas de nieve) hasta el colegio e introducía
aquellas letras en una máquina - no un ordenador - que convertía los símbolos
en números binarios y los registramente visiblemente en cinta.
3.
Entonces, mediante el módem de las cuencas de goma, enviaba aquellos números
al ordenador de la universidad, que 4.
hacía aritmética con ellos y devolvía números diferentes al teletipo 5.
El teletipo convertía estos números de nuevo en letras y los martilleaba
en una página y 6.
yo, mirando, interpretaba las letras como símbolos significativos.
\layout Standard
El reparto de responsabilidades que todo esto conlleva es admirablemente
limpio: los ordenadores hacen aritmética con bits de información.
Los humanos interpretan los bits como símbolos significativos.
Pero está distinción está desdibujándose, o al menos complicándose, con
la llegada de los sistemas operativos modernos que usan, y frecuentemente
abusan, del poder de la metáfora para hacer los ordenadores disponibles
para un público más amplio.
Por el camino - posiblemente debido a estas metáfora, que hacen de un sistema
operativo una especie de obra de arte - la gente empieza a ponerse emotiva,
y le toma cariño a fragmentos de software del mismo modo que el padre de
mi amigo le tenía cariño a su descapotable.
\layout Standard
Puede que la gente que sólo ha interactuado con ordenador a través de interfaces
gráficas de usuario como el MacOS o Windows - es decir, casi cualquiera
que haya usado un ordenador - se haya sorprendido, o al menos llamado la
atención, lo de la máquina de telégrafos que yo usaba para comunicarme
con un ordenador en 1973.
Pero había, y hay, una buena razón para usar este tipo particular de tecnología.
Los seres humanos la danza, y las expresiones faciales, pero algunas de
ellas son más susceptibles que las demás de expresarse como series de símbolos.
El lenguaje escrito es la más fácil, porque, por supuesto, ya consiste
en series de símbolos para empezar.
Si resulta que los símbolos pertenecen a un alfabeto fonético (y no son,
por ejemplo, ideogramas), convertirlos en bits es un procedimiento trivial
que se fijó tecnológicamente en el siglo XIX, con la introducción del código
morse de otras formas de telegrafía.
\layout Standard
Teníamos una interfaz humano/ordenador cien años antes de tener ordenadores.
Cuando se crearon los ordenadores en la época de la Segunda Guerra Mundial,
los humanos, de modo natural, se conmunicaron con ellos injertándolos en
tecnologías ya existentes para traducir letras a bits y viceversa: teletipos
y máquinas de tarjetas perforadas.
\layout Standard
Éstas encarnaban dos enfoques fundamentalmente diferentes de la computación.
Cuando se usaban tarjetas, se perforaba todo un taco y se pasaban por el
lector a la vez, lo cual se llamaba procesamiento por hornadas.
También se podía hacer procesamiento por hornadas con un teletipo, como
ya he descrito, usando el lector de cinta de papel, y ciertamente se nos
animaba a adoptar este enfoque cuando yo estaba en el instituto.
Pero - aunque se hacían esfuerzos por mantenernos ignorantes de esto -
el teletipo podía hacer algo que el lector de tarjetas no podía.
En el teletipo, una vez se establecía el vínculo con el módem, se podía
introducir sólo una línea y pulsar la tecla de retorno.
El teletipo enviaría entonces esa línea al ordenador, que podía responder
o no con líneas propias, que el teletipo martillearía - produciendo, con
el tiempo, una transcripción del intercambio mantenido con la máquina.
Este modo de hacerlo ni siquiera tenía nombre entonces, pero cuando, mucho
más tarde, apareció una alternativa, se denominó retroactivamente la Interfaz
de Línea de comandos.
\layout Standard
Cuando fui a la universidad, usaba los ordenadores en grandes salas abarrotadas
donde manadas de estudiantes se sentaban frente a versiones ligeramente
actualizadas de las mismas máquinas y escribían programas informáticos;
éstas usaban mecanismos de impresión por matrices de puntos, pero eran
(desde el punto de vista de la máquina) idénticas a los antiguos teletipos.
En aquel momento, los ordenadores compartían mejor el tiempo - es decir,
los mainframes seguían siendo los mainframes, pero se comunicaban mejor
con un gran número de terminales a la vez.
En consecuencia, ya no era necesaria usar procesamiento por hornadas.
Los lectores de tarjetas fueron desterrados a pasillos y sótanos, y el
procesamiento por hornadas se convirtió en una cosa exclusiva de empollones,
y en consecuencia adquirió un cierto tinte arcano incluso entre aquellos
de nosotros que sabíamos siquiera que existía.
Todos evitábamos ya la interfaz de Hornada, habiéndonos pasado a la Línea
de comandos - mi primer cambio de paradigma operativo, y yo sin enterarme.
\layout Standard
Había una enorme pila de papel plegado en el suelo bajo cada uno de estos
teletipos glorificados, y millas de papel se estremecían mientras pasaban
por sus rodillos.
Casi todo este papel se tiraba o se reciclaba sin haber sido tocado jamás
por la tinta - una atrocidad ecológica tan flagrante que aquellas máquinas
pronto fueron reemplazadas por terminales de vídeo - los llamados teletipos
de vidrio -, que eran más slenciosos y no desperdiciaban papel.
Sin embargo, desde el punto de vista del ordenador, éstos también eran
indistinguibles de las máquinas de teletipo de la Segunda Guerra Mundial.
A todos los efectos, seguimos usando tecnología victoriana para comunicarnos
con los ordenadores haste cerca de 1984, cuando se introdujo el Macintosh
con su Interfaz Gráfica de Usuario (GUI).
Incluso después de eso, la Línea de comandos siguió existiendo como estrato
subyacente - una especie de reflejo medular - a muchos sistemas informáticos
modernos durante la edad de oro de los GUIs.
\layout Chapter
Los GUIs
\layout Standard
Lo primero que tiene que hacer cualquier progamador al escribir un nuevo
fragmento de software es decidir cómo tomar la información con que está
trabajando (en un programa gráfico, una imagen; en una hoja de cálculo,
una tabla de números) y convertirla en una serie lineal de bytes.
Estas sartas de bytes se denominan habitualmente archivos o (de modo algo
más a la última) flujos.
Son a los telegramas lo que los humanos actuales son al hombre de Cromagnon,
lo que quiere decir la misma cosa con distinto nombre.
Todo lo que se ve en la pantalla del ordenador - /Tomb Raider/, los correos
electrónicos de voz digitalizada, los faxes, y los documentos de procesador
de textos escritos en treinta siete tipos diferentes - sigue siendo, desde
el punto de vista del ordenador, igual que telegramas, sólo que son mucho
más largos, y requieren más aritmética.
\layout Standard
El modo más rápido de apreciarlo es encendiendo el navegador, visitando
un sitio web, y seleccionando el ítem Ver Código Fuente en el menús.
Saldrá código informático parecido a éste:
\layout LyX-Code
\layout LyX-Code
C R Y P T O N O M I C O N
\layout LyX-Code
\layout LyX-Code
\layout LyX-Code
\layout LyX-Code
\layout LyX-Code
\layout LyX-Code
\layout LyX-Code
\layout LyX-Code
\layout LyX-Code
\layout LyX-Code
|
\layout LyX-Code
\layout LyX-Code
\layout LyX-Code
\layout LyX-Code
|
\layout LyX-Code
|
\layout Standard
Esto se llama HTML, Lenguaje de Marcado de HiperTexto, y básicamente es
un lenguaje de programación muy sencillo que le dice al navegador cómo
dibujar una página en la pantalla.
Cualquiera puede aprender HTML y mucha gente lo hacer.
Lo importante es que, por muchas espléndidas páginas multimedia que representen
, los archivos de HTML son sólo telegramas.
\layout Standard
Cuando Ronald Reagan era locutor de radio, solía informar de los partidos
de béisbol leyendo las concisas descripciones que llegaban por el telégrafo
y se imprimían en cinta de papel.
Se sentaba solo en una habitación insonorizada con un micrófono, y la cinta
de papel salía de la máquina y le caía en la palma de la mano, cubierta
de crípticas abeviaturas.
Si el tanteo pasaba de tres a dos, Reagan describía la escena como se la
imaginaba: El fornido zurdo sale del puesto de bateo para secarse el sudor.
El árbitro se adelanta para limpiar el polvo de la base etc.
Cuando el criptograma en la cinta de papel anunciaba un golpe en una base,
Reagan golpeaba el borde de la mesa con un lápiz, creando un pequeño efecto
sonoro, y describía el arco de la pelota como si pudiera verlo de verdad.
Sus oyentes, muchos de los cuales presumiblemente creían que Reagan estaba
de hecho en el campo de juego viendo el partido, reconstruían la escena
en su mente según sus descripciones.
\layout Standard
Así es exactamente como funciona la WWW: los archivos HTML son la concisa
descripción en la cinta de papel, y el navegador es Ronald Reagan.
Lo mismo vale para los GUIs en general.
\layout Standard
Así que un sistema operativo es un montón de metáforas y abstracciones que
media entre los telegramas y tú, encarnando diversos trucos que el programadosr
usó para convertir la información con la que estás trabajando - ya sean
imágenes, mensajes de correo electrónico, películas, o documentos de procesador
de textos - en las sartas de bytes que son lo único con lo que funcionan
los ordenadores.
Cuando usamos equipo telegráfico genuino (teletipos) o sus sustitutos de
alta tecnología (teletipos de vidrio, o la línea de comandos de /MS-DOS/)
para trabajar con nuestros ordenadores, estamos muy cerca de la base de
este montón.
Cuando usamos la mayor parte de sistemas operativos modernos, sin embargo,
nuestra interacción con la máquina se ve fuertemente mediada.
Todo lo que hacemos es interpretados oy traducido una y otra vez mientras
se abre camino a través de todas las metáfora y abstracciones.
\layout Standard
El sistema operativo de Macintosh fue una revolución en el buen y en el
mal sentido.
Obviamente era cierto que las interfaces de línea de comandos no eran para
todo el mundo, y que estaría bien hacer los ordenadores accesibles a un
público menos técnico - si no porrazones altruistas, entonces porque este
tipo de persona constituía un mercado incomparablemente mayor.
Está claro que los ingenieros del Mac vieron todo un país nuevo que se
les abría; casi podías oírles mascullas, ¡Caray! ¡Ya no tenemos que limitarnos
a los archivos como flujos lineales de bytes, vive la revolution, veamos
lo lejos que llegamos con esto!.
No había ninguna interfaz de línea de comandos disponible en el Macintosh;
hablabas con la máquina a través del ratón, o no hablabas.
Ésta era una especie de declaración de principios, una credencial de pureza
revolucionaria.
Parecía que los diseñadores del Mac pretendían barrer las Interfaces de
Línea de comandos a la papelera de la historia.
\layout Standard
Mi propia historia de amor con el Macintosh comenzó en la primavera de 1984
en una tienda de ordenadores en Cedar Rapids, Iowa, cuando un amigo mío
- por coincidencia, el hijo del dueño del descapotable - me mostró un Macintosh
ejecutando MacPaint, el revolucionario programa de diseño.
Terminó en julio de 1995 cuando traté de guardar un archivo grande e importante
en mi Macintosh Powerbook y en vez de eso destruyó los datos de modo tan
concienzudo que dos programas distintos de recuperación de datos fueron
incapaces de hallar rastro alguno de que hubiera existido jamás.
En aquellos diez años, sentía una pasión por el MacOS que en aquel momento
parecía virtuosa y razonable, pero que mirando atrás me parece el mismo
tipo de enamoramiento engañoso que el padre de mi amigo tenía con su coche.
\layout Standard
La introducción del Mac inició una especie de guerra santa en el mundo de
la informática.
¿Eran los GUIs una brillante innovación tecnológica que convertía a los
ordenadores en más accesibles para los humanos y por tanto para las masas,
llevándonos a una revolución sin precedentes en la sociedad humana, o una
insultante chorrada audiovisual diseñada por hackers zumbados de San Francisco,
que despojaba a los ordenadores de su potencia y flexibilidad y convertía
el serio y noble arte de la computación en un pueril videojuego?
\layout Standard
Este debate, de hecho, me parece más interesante hoy en día que a mediados
de los 80.
Pero la gente más o menos dejó de debatir cuando Microsoft respaldó la
idea de los GUIs al sacar el primer Windows.
En aquel momento, los partidarios de la línea de comandos se vieron relegados
al status de viejos carcamales, mientras se disparaba un nuevo conflicto
entre usuarios de MacOS y usuarios de Windows.
\layout Standard
Había mucho sobre lo que discutir.
Los primeros Macintosh parecían distintos de otros PCs incluso estando
apagados: consistían en una caja que contenía tanto la CPU (la parte del
ordenador que hace aritmética con los bits) como la pantalla del monitor.
Esto suponía, en aquel momento, una especie de afirmación filosófica: Apple
quería convertir el ordenador personal en un electrodoméstico, como la
tostadora.
Pero también reflejaba las exigencias puramente técnicas de ejecutar una
inferfaz gráfica de usuario.
En una máquina de GUI, los chips que dibujan las cosas en la pantalla tienen
que ir integrados con la unidad de procesamiento central, o CPU, del ordenador,
en un grado mucho mayor que en las interfaces de línea de comandos, que
hasta hace poco ni siquiera sabían que no estaban hablando sólo con teletipos.
\layout Standard
Esta distinción era de naturaleza técnica y abstracta, pero se hacía más
clara cuando la máquina fallaba (como sucede frecuentemente con tecnologías
cuyo funcionamiento se comprende mejor viéndolas fallar).
Cuando todo se iba a la porra y la CPU empezaba a escupir bits aleatoriamente,
el resultado, en una máquina de interfaz de línea de comandos, era líneas
y líneas de caracteres perfectamente formados pero aleatorios en la pantalla
- lo que los conocedores conocían como ponerse cirílico.
Pero para el MacOS la pantalla no era teletipo sino un lugar en el que
poner gráficos; la imagen en pantalla era un mapa de bits, una representación
literal de los contenidos de una parte dada de la memoria del ordenador.
Cuando el ordenador fallaba y escribía tonterías en el mapa de bits, el
resultado era algo que recordaba vagamente a la nieve en una televisión
estropeada - un snow crash.
\layout Standard
E incluso tras la introducción de Windows, las diferencias subyacentes persistie
ron; cuando una máquina Windows tenía problemas, la vieja interfaz de línea
de comandos caía sobre el GUI como un telón de amianto sellando el escenario
de una ópera incendiada.
Cuando un Macintosh tenía problemas te presentaba el dibujito de una bomba,
que resultaba gracioso la primera vez que los veías.
\layout Standard
Y éstas no eran en absoluto diferencias superficiales.
El retorno de Windows a una interfaz de línea de comandos cuando tenía
problemas les demostraba a los partidarios del Mac que Windows no era más
que una fachada barata, como una chillona manta afgana tendida sobre un
sofa putrefacto.
Les perturbaba y molestaba la sensación de que bajo la ostensiblemente
amistosa interfaz de usuario de Windows había - literalmente - un subtexto.
\layout Standard
Por su parte, los fans de Windows podrían haber observado agriamente que
todos los ordenadores, incluso los Macintosh, estaban construidos sobre
ese mismo subtexto, y que la negativa de los dueños de Macs a admitir ese
hecho parecía apuntar a una voluntad, incluso un deseo, de engañarse.
\layout Standard
En cualquier caso, un Macintosh tenía que mover bits individuales en los
chips de memoria en la tarjeta de vídeo, y tenía que hacerlo muy rápido,
y en patrones arbitrariamente complicados.
Hoy en día esto resulta barato y fácil, pero en el régimen tecnológico
vigente a principios de los 80, el único modo realista de hacerlo era integrar
la placa base (que contenía la CPU) y el sistema de vídeo (que contenía
la memoria proyectada sobre la pantalla) como un todo - de ahí el único
contenedor, herméticamente sellado, que hacía al Macintosh tan distintivo.
\layout Standard
Cuando salió Windows, llamaba la atención por su fealdad, y sus actuales
sucesores, Windows 95 y Windows NT, no son cosas que la gente pagaría por
ver.
La absoluta falta de atención de Microsoft por la estética nos daba a todos
los amantes del Mac muchas oportunidades para mirarles por encima del hombro.
El que Windos se pareciera un montón a un calco directo de MacOS nos daba
además una fuerte sensación de ultraje moral.
Entre las personas que realmente conocían y apreciaban los ordenadores
(los hackers, en el sentido no peyorativo que Steven Levy le da a la palabra)
y unos pocos otros ámbitos como los músicos profesionales, los artistas
gráficos y los maestros, el Macintosh, durante un tiempo, era simplemente
el ordenador.
No sólo se consideraba una obra soberbia de ingeniería, sino la encarnación
de ciertos ideales acerca del uso de la tecnología para beneficiar a la
humanidad, mientras que Windows se consideraba una imitación patéticamente
torpe y una siniestra combinación para dominar el mundo, todo en uno.
Ya entonces se había establecido un patrón que persiste hasta nuestros
días: a la gente no le gusta Microsoft, lo cual es aceptable; pero no les
gusta por razones mal consideradas y en último término contradictorias.
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Lucha de clases en el escritorio
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Ahora que ya hemos dejado claro el trasfondo, merece la pena revisar algunos
hechos básicos: como cualquier compañía de accionariado público y con fines
de lucro, Microsoft ha tomado prestado un montón de dinero de algunas personas
(sus accionistas) para estar en el negocio del bit.
Como ejecutivo de esa compañía, Bill Gates sólo tiene una responsabilidad,
que es maximizar el rendimiento de las inversiones.
Lo ha hecho increíblemente bien.
Cualquier acción emprendida en el mundo por Microsoft - cualquier software
que lancen, por ejemplo - es básicamente un epifenómeno que no puede comprender
se ni entederse salvo en la medida en que reflejan el desempeño por Bill
Gates de su única responsibilidad.
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De ello se sigue que si Microsoft vende mercancías que son estéticamente
desagradables, o que no funcionan demasiado bien, no significa que sean
(respectivamente) filisteos o medio tontos.
Se debe a que la excelente dirección de Microsoft ha llegado a la conclusión
de que pueden ganar más dinero para sus accionistas lanzando productos
con imperfecciones obvias y conocidas del que ganarían haciéndolos hermosos
o libres de errores.
Esto es irritante, pero (al final) no tan irritante como contemplar cómo
Apple se autodestruye inexplicable e implacablemente.
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No resulta difícil encontrar en la Red una hostilidad hacia Microsoft que
mezcla dos elementos: resentidos que sienten que Microsoft es demasiado
poderosa, y desdeñosos que creen que es chapucera.
Esto recuerda fuertemente al periodo álgido del comunismo y el socialismo,
cuando se odiaba a la burguesía desde ambos lados: los proletarios, porque
la burguesía tenía todo el dinero, y los intelectuales, por su tendencia
a gastárselo en enanitos de jardín.
Microsoft es la encarnación misma de la moderna prosperidad de alta tecnología
- en una palabra, es burguesa - y atrae todos los mismos odios.
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La pantalla inicial de Microsoft Word 6.0 lo resumía todo bastante bien:
cuando iniciabas el programa te soltaba la imagen de un bolígrafo caro
encima de un par de folios de papel de escritura hecho a mano.
Obviamente, era un intento por hacer que el software pareciera pijo, y
puede que valiera para algunos, pero no para mí, porque era un bolígrafo,
y yo soy hombre de pluma estilográfica.
Si lo hubiera hecho Apple, habrían usado una pluma Mont Blanc, o quizás
un pincel caligráfico chino.
Dudo que esto fuera accidental.
Hace poco estuve reinstalando Windows NT en uno de los ordenadores de mi
casa, y tuve que hacer doble clic en el icono del Panel de Control muchas
veces.
Por razones que resulta difícil comprender, este icono consiste en el dibujito
de un martillo y una broca o un destornillador encima de una carpeta de
archivos.
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Estas meteduras de pata estéticas le dan a uno unas ganas casi incontrolables
de reírse de Microsoft, pero, de nuevo, ésa no es la cuestión - si Microsoft
hubiese hecho pruebas con grupos diana sobe posibles gráficos alternativos,
probablemente habrían hallado que el oficinista medio asociaba las estilográfic
as con los amanerados ejecutivos de rango más alto, y estaba más cómodo
con los bolígrafos.
De igual forma, los tipos normales, los papás con entradas del mundo que
posiblemente cargan con la responsabilidad de montar y configurar el ordenador
en casa, probablemente prefieren el dibujito de un martillo - quizás al
tiempo que albergan fantasías de usar un martillo de verdad con sus ordenadores.
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Es el único modo en que consigo explicar cierto hechos curiosos acerca del
actual mercado de sistemas operativos, tales como el que el noventa por
ciento de todos los clientes sigan comprando monovolúmenes de la tienda
de Microsfot mientras que un se puede llevar los tanques gratuitos sin
más, al otro lado de la calle.
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A Bill Gates no le resultó difícil distribuir una sarta de unos y ceros,
una vez se le ocurrió la idea.
Lo duro era venderla - asegurarles a los clientes que de hecho estaban
obteniendo algo a cambio de su dinero.
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Cualquier que haya comprado software en una tienda alguna vez habrá tenido
la curiosamente desalentadora experiencia de llevarse la caja envuelta
en plástico a casa, abrirla, encontrarse con el 95% es aire, tirar todas
las tarjetitas, propaganda, y basura, y meter el disco en el ordenador.
El resultado final (después de haber perdido el disco) no es nada más que
algunas imágenes en la pantalla del ordenador, y algunas posibilidades
de que antes se carecía.
A veces, ni siquiera eso - en vez de ello, uno se encuentra con una serie
de mensajes de error.
Pero el dinero se ha ido definitivamente.
Ahora casi estamos acostumbrados e esto pero hace veinte años era una proposici
ón muy sospechosa.
De todas formas, Bill Gates consiguió que funcionara.
No hizo que funcionara vendiendo el mejor software ni ofreciendo el precio
más barato.
Pero de algún modo consiguió que la gente creyera que estaban recibiendo
algo a cambio de su dinero.
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Las calles de todas las ciudades del mundo están llenas de esos pesados,
ruidosos monovolúmenes.
Cualquiera que no tenga uno se siente un poco raro, y se pregunta, pese
a sí mismo, si no será hora de dejar de resistirse y comprar uno; cualquiera
que tenga uno, se siente seguro que ha adquirido una posesión significativa,
incluso los días en que el vehículo está en el taller de reparación.
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Todo esto es perfectamente congruente con la pertenencia a la burguesía,
que es un estado tanto mental como material.
Y explica por qué Microsoft se ve constantemente atacado en la Red desde
ambos lados.
Los que se siente pobres y oprimidos interpretan todo lo que hace Microsoft
como parte de algún siniestro complot orwelliano.
A los que les gusta considerarse usuarios inteligentes e informados les
desquicia lo chapucero de Windows.
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No hay nada que moleste más a las personas sofisticadas que ver cómo alguien
que es lo bastante rico como para evitarlo es hortera - a menos que se
den cuenta, un momento después, de que probablemente sabe que es hortera
y sencillamente no le importa y va a seguir siendo hortera, y rico, y feliz,
para siempre.
Microsoft tiene la misma relación con la élite de Silicon Valley que la
que mantenían los Beverly Hillbillies con su banquero, el Sr.
Drysdale-- a quien no le irrita tanto el hecho de que los Clampetts se
mudaran a su barrio como el saber que, cuando Jethro tenga setenta años,
seguirá hablando como un paleto y llevando petos, y seguirá siendo mucho
más rico que el Sr.
Drysdale.
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Incluso el hardware que empleaba Windows, comparado con las máquinas que
sacaba Apple, parecía cosa de palurdos, y en su mayor parte sigue pareciéndolo.
La razón es que Apple era y es una compañía de hardware, mientras que Microsoft
era y es una compañía de software.
Apple tenía así el monopolio del hardware que ejecutaba MacOS, mientras
que el hardware compatible con Windows venía del mercado libre.
El mercado libre parece haber decidido que la gente no va a pagar por ordenador
es elegantes; los fabricantes de hardware para PC que contratan a diseñadores
para hacer que sus productos tengan un aire distintivo acaban vapuleados
por fabricantes taiwaneses de clones metidos en cajas que parecen ladrillos
que uno se encontraría delante de una caravana.
Pero Apple podía hacer su software todo lo bonito que quisiera y simplemente
pasarle la factura a sus encantados consumidores, como yo.
La semana pasada (escribo esta frase a principios de enero de 1999), las
secciones de tecnología de todos los periódicos estaban llenas de reportajes
aduladores sobre el lanzamiento por Apple del iMac en varios colores nuevos,
como Arándano y Mandarina.
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Apple siempre ha insistido en tener el monopolio de su hardware, salvo durante
un breve periodo a mediados de los 90, cuando permitieron que los fabricantes
de clones compitieran con ellas, antes de acabar con su negocio.
El hardware de Macintosh, en consecuencia, era caro.
No lo abrías y enredabas con él porque hacerlo anulaba la garantía.
De hecho, el primer Mac estaba específicamente diseñado para resultar difícil
de abrir - necesitabas un juego de herramientas exóticas, que podías comprar
mediante pequeños anuncios que empezaron a aparecer en las páginas finales
de las revistas unos pocos meses después de que saliera al mercado el Mac.
Estos anuncios siempre tenían un cierto aire sórdido, como si anunciaran
ganzúas en la contraportada de sensacionalistas revistas de detectives.
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Esta política de monopolio puede explicarse al menos de tres maneras distintas.
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/La explicación caritativa/ es que la política de monopolio sobre el hardware
reflejaba el deseo por parte de Apple de proporcionar una unión sin fallas
de hardware, sistema operativo, y software.
Algo hay de esto.
Ya resulta bastante difícl diseñar un sistema operativo que funcione bien
en un hardware específico, diseñado y probado por ingenieros que trabajan
al lado, en la misma compañía.
Diseñar un sistema operativo que funcione en un hardware cualquiera, fabricado
por hacedores de clones rabiosamente competitivos al otro lado de la Línea
de Fecha Internacional, es muy difícil, y explica gran parte de los problemas
que tiene la gente cuando usa Windows.
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/La explicación financiera/ es que Apple, a diferencia de Microsoft, es
y siempre ha sido una compañía de hardware.
Sencillamente depende de los ingresos de la venta de hardware, y no puede
subsistir sin ellos.
\layout Standard
/La explicación no tan caritativa/ tiene que ver con la cultura corporativa
de Apple, que tiene sus raíces en el Baby Boom del Área de la Bahía de
San Francisco.
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Dado que voy a hablar sobre cultura durante un rato, probablemente está
bien que ponga las cartas sobre la mesa, para protegerme de las acusaciones
de conflicto de intereses y falta de ética:
\layout List
\labelwidthstring 00.00.0000
1.
Geográficamente, soy de Seattle, de temperamento saturnino, e inclinado
a mirar con malos ojos la dionisíaca Área de la Bahía de San Francisco,
igual que a ellos nosotros les molestamos y escandalizamos.
\layout List
\labelwidthstring 00.00.0000
2.
Cronológicamente pertenezco a una generación posterior al Baby Boom.
Al menos, así me siento, ya que nunca experimenté las partes divertidas
y emocionantes del Baby Boom - sólo me pasé un montón de tiempo riendo
apropiadamente ante las irritantemente vacuas anécdotas de los pertenecientes
al Baby Boom sobre lo puestos que iban en diversas ocasiones, y escuchando
cortés sus aseveraciones de lo estupenda que era su música.
Pero incluso desde aquella distancia resultaba posible extraer ciertos
patrones, y uno que reaparecía tan regularmente como una leyenda urbana
era el de alguien que había mudado a una comuna de hippies con sandalias
y signos de la paz para acabar descubriendo que, bajo aquella fachada,
los tipos al mando eran de hecho obsesos del control; y que, dado que vivir
en una comuna, donde los ideales de la paz, el amor y la armonía se mantenían
de boquilla, les había privado de válvulas de escape normales y socialmente
admitidas para su obsesión, tendía a salir de de otros modos, invariablemente
más siniestros
\layout Standard
Dejaré el aplicar esto al caso de Apple como ejercicio para el lector -
un ejercicio no demasiado difícil.
\layout Standard
Resulta un poco desconcertante, al principio, pensar en Apple como un obseso
del control, porque contradice completamente su imagen corporativa.
¿No fueron estos los tipos que lanzaron los famosos anuncios durante la
Super Bowl en los que ejecutivos trajeados, con los ojos vendados, saltaban
como lemmings de un acantilado? ¿No es ésta la compañía que ahora mismo
saca anuncios con el Dalai Lama (salvo en Hong Kong) y Einstein y otros
rebeldes alternativos?
\layout Standard
Ciertamente es la misma compañía, y el hecho de que hayan implantado esta
imagen de sí mismos como librepensadores creativos y rebeldes en la mente
de tantos escépticos inteligentes y encallecidos por los medios realmente
hace que uno se pare a pensar.
Da fe del insidioso poder de las campañas publicitarias costosas y tal
vez, en cierta medida, de la facilidad de la gente para creer lo que quiere
creer.
También suscita la pregunta de por qué a Microsoft se le da tan mal las
relaciones públicas, cuando la historia de Apple demuestra que, pasándoles
gordos cheques a buenas agencias publicitarias, se puede implantar una
imagen corporativa en la mente de personas inteligentes que difiere completamen
te de la realidad.
(La respuesta, para aquéllos a los que no les gustan las espadas de Damocles,
es que, ya que Microsoft se ha hecho con las mentes y los corazones de
la silenciosa mayoría - la burguesía -, les importa un pito tener una imagen
elegante, igual que Richard Nixon.
Quiero creer,- el mantra que Fox Mulder tiene puesto en la pared de su
despacho en los Expedientes X - resulta aplicable de diferentes modos a
estas dos compañías; los partidarios del Mac quieren creen en la imagen
de Apple que transmiten estos anuncios, y en la noción de que los Macs
son de algún modo fundamentalmente diferentes de otros ordenadores, mientras
que los seguidores de Windows quieren creer que obtienen algo a cambio
de su dinero, mediante una respetable transacción comercial).
\layout Standard
En cualquier caso, en 1987 tanto MacOs como Windows ya estaban en el mercado,
ejecutándose en plataformas de hardware que eran radicalmente diferentes
entre sí - no sólo en el sentido de que MacOS usaba chips de CPU de Motorola,
mientras que WIndows usaba Intel, sino también en el sentido - entonces
pasado por alto, pero a largo plazo mucho más significativo - de que el
negocio de hardware de Apple era un monopolio rígido y Windows era un abierto-a
-todos.
\layout Standard
Pero todas las ramificaciones de esto no estuvieron claras hasta muy recientemen
te - de hecho, aún están desplegándose, de modos notablemente extraños,
como explicaré cuando lleguemos a Linux.
El resultado es que millones de personas se acostumbraron a usar GUIs de
una forma u otra.
Con ello, hicieron que Apple/Microsoft ganaran un montón de dinero.
La fortuna de muchas personas ha acabado por ir ligada a la capacidad de
estas compañías de seguir vendiendo productos cuya vendibilidad resulta
muy cuestionable.
\layout Chapter
Tarro de miel, pozo de brea, lo que sea
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Cuando Gates y Allen inventaron la idea de vender software, se encontraron
con la crítica tanto de los hackers como de los sobrios hombres de negocios.
Los hackers entendían que el software sólo era información, y le ponían
objeciones a la idea de venderla.
Estas objeciones eran en parte morales.
Los hackers salían del mundo científico y académico, donde resulta imperativo
hacer los resultados del propio trabajo disponibles para el público.
También eran en parte prácticas: ¿cómo puedes vender algo que puede copiarse
fácilmente? Los hombres de negocioes, que son el polo opuesto de los hackers
en tantos aspectos, tenían sus propias objeciones.
Acostumbrados a vender tostadoras y seguros, era natural que les resultara
difícil comprender cómo una larga sarta de unos y ceros podía constituir
un producto vendible.
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Obviamente, Microsoft remontó estas objeciones, así como Apple.
Pero las objeciones siguen ahí.
El hacker más hacker de todos, el Ur-hacker por así decirlo, era y es Richard
Stallman, que se irritó tanto con la malvada práctica de vender software
que, en 1984 (el mismo año en que salió a la venta el Macintosh) fue y
fundó algo llamado la /Fundación del Software Libre/ (Free Software Foundation)
, que comenzó a trabajar en algo llamando GNU.
GNU son las siglas de Gnu's Not Unix, Gnu No es Unix, pero se trata de
una broma en más de un sentido, porque GNU ciertamente /es/ Unix.
Debido a cuestiones de copyright (/Unix/ es una marca de AT&T), sencillamente
no podían afirmar que fuera Unix, y así, sólo para asegurarse, afirmaban
que no lo era.
Pese al incomparable talento y empuje del Sr.
Stallman y otros seguidores de GNU, su proyecto no pudo construir una Unix
gratuita para competir contra los sistemas operativos de Windows y Apple
era un poco como tratar de excavar un sistema de metro con una cucharilla.
Esto es, hasta la llegada de Linux, de la que hablaré luego.
\layout Standard
Pero la idea básica de recrear un sistema operativo a partir de la nada
era perfectamente consistente y completamente factible.
Se ha hecho muchas veces.
Es inherente a la naturaleza misma de los sistemas operativos.
\layout Standard
Los sistemas operativos no son estrictamente necesarios.
No hay razón por la que un escritor de código lo bastante dedicado no pueda
partir de la nada en cada proyecto y escribir nuevo código para manejar
operaciones tan básicas y de bajo nivel como controlar las cabezas lectoras/esc
ritoras en los controladores de disco y activar píxeles en pantalla.
Los primeros ordenadores tenían que programarse de est modo.
Pero dado que casi todos los programas tienen que desempeñar las mismas
operaciones básicas, este enfoque llevaría a una tremenda duplicación del
esfuerzo
\layout Standard
No hay nada más desagradable para el hacker que la duplicación del esfuerzo.
El primer y más importante hábito mental que desarrolla la gente cuando
aprende a escribir programas de ordenador es generalizar, generalizar,
generalizar.
Hacer su código lo más modular y flexible posible, descomponer los problemas
grandes en pequeñas subrutinas que puedan usarse una y otra vez en diferentes
contextos.
En consecuencia, el desarrollo de los sistemas operativos, pese a ser técnicame
nte innecesario, era inevitable.
Porque en el fondo un sistema operativo no es más que una biblioteca que
contiene el código más usado, escrito una vez (y con suerte, bien escrito),
y puesto a disposición de cualquier escritor de código que lo necesite.
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Así que un sistema operativo privado y secreto es una contradicción en términos.
Va contra la razón de ser de los sistemas operativos.
Y de cualquier modo es imposible mantenerlos en secreto.
El código fuente - las líneas originales de texto escritas por los programadore
s - pueden mantenerse en secreto.
Pero el conjunto de un sistema operativo es una colección de pequeñas subrutina
s que realizan tareas muy específicas y mur claramente definidas.
Qué hacen exactamente esas subrutinas ha de ser público, de forma muy explícita
y exacta, o de lo contrario el sistema operativo es completamente inservible
para los programadores; no pueden usar esas subrutinas si no tienen perfecta
y total comprensión de lo que hacen las subrutinas.
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Lo único que no se hace público es exáctamente cómo hacen las subrutinas
lo que hacen.
Pero una vez sabes lo que hace una subrutina, generalmente resulta bastante
fácil (si eres un hacker) escribir tu propia rutina que haga exactamente
lo mismo.
Puedes tardar algo, y resulta tedioso y poco gratificante, pero en la mayoría
de los casos no es demasiado difícil.
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Lo que es difícil, para un hacker como para un escritor de ficción, no es
escribir; es decidir qué escribir.
Y los vendedores de sistemas operativos comerciales ya han decidido, y
han hecho públicas sus decisiones.
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Esto se sabe desde hace mucho.
MS-DOS fue duplicado funcionalmente por un producto rival, escrito a partir
de la nada, llamado /ProDOS/; que hacía las mismas cosas de modo muy parecido.
En otras palabras, otra compañía pudo escribir código que hacía las mismas
cosas que MS-DOS y lo vendió para obtener beneficios.
Si usas el sistema operativo de Linux, puedes obtener un programa gratuiro
llamando /WINE/ que es un emulador de Windows; esto es, puedes abrir una
ventan en tu escritorio que ejecuta programas de Windows.
Quiere decir que se ha recreado un sistema operativo de Windows completamente
funcional dentro de Unix, como un barquito en una botella.
Y el propio Unix, que es un sistema operativo mucho más sofisticado que
MS-DOS, ha sido reconstruido a partir de la nada una y otra vez.
Sun, Hewlett-Packard, AT&T, Silicon Graphics, IBM, y otros vendieron versiones
de él.
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En otras palabras, la gente lleva reescribiendo código básico de sistemas
operativos tanto tiemo que toda la tecnología que consitutía un /sistema
operativo/ en el sentido tradicional (pre-GUI) de esa expresión es ahora
tan barata y común que es literalmente gratuita.
No sólo no podrían Gates y Allen vender MS-DOS hoy, ni siquiera podrían
regalarlo, por ya se regalan sistemas operativos mucho más potentes.
Incluso el Windows original (que era el único sistema de ventanas hasta
1995) ya no vale nada, dado que no tiene sentido poseer algo que puede
emularse dentro de Linux - que es gratuito.
\layout Standard
De este modo, el negocio de los sistemas operativos es muy diferente de,
pongamos, el negocio de la venta de coches.
Incluso un viejo coche de segunda mano tiene algún valor.
Puedes usarlo para ir al basurero, o vender sus partes.
El destino de los bienes manufacturados es depreciarse lentamente a medida
que envejecen y tienen que competir contra productos más modernos.
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Pero el destino de los sistemas operativos es volverse gratuitos.
\layout Standard
Microsoft es una gran compañía de aplicaciones de software.
El de las aplicaciones - tales como Microsoft Word - es un área en el que
la innovación lleva beneficios reales, directos y tangibles a los usuarios.
Las innovaciones pueden consistir en nueva tecnología recién salida del
departamento de investigación, o pueden estár en la categoría de los lacitos
decorativos, pero en cualquier caso a menudo resultan útiles y parecen
contentar a los usuarios.
Y Microsoft está convirtiéndose en una gran compañía de investigación.
Esto no se debe necesariamente a que sus sistemas operativos sean todos
tan maloes desde el punto de vista puramente tecnológico.
Los sistemas operativos de Microsoft tienen sus problemas, claro, pero
son mucho mejores de lo que solían ser, y son adecuados para la mayor parte
de la gente.
\layout Standard
¿Por qué digo entonces que Microsoft no es es una compañía de sistemas operativo
s tan grandes? Por la naturaleza misma de los sistemas operativos es tal
que no tiene sentido que una compañía específica los desarrolle y posea.
Para empezar, es un trabajo muy desagradecido.
Las aplicaciones crean posibilidades para millones de usuarios crédulos,
mientras que los sistemas operativos imponen limitaciones a millones de
cascarrabias escritores de código, y así los hacedores de sistemas operativos
siempre estarán en la lista negra de cualquiera que cuente en el mundo
de la alta tecnología.
Las aplicaciones las usan personas cuyo gran problema es comprender todas
sus características, mientras que los sistemas operativos se ven hackeados
por escritores de código irritados con sus limitaciones.
El negocio de los sistemas operativos ha sido bueno para Microsoft sólo
en la medida en que les ha proporcionado el dinero necesario para lanzar
un negocio de software de aplicaciones realmente bueno y contratar a un
montón de investigadores inteligentes.
Ahora debiera estar en posición de desembarazarse de su sistema operativo,
como los cohetes se libran en algún momento de los tanques vacíos de combustibl
e.
La gran pregunta es si Microsoft es capaz de hacerlo.
¿O es adicta a la venta de sistemas operativos del mismo modo que Apple
lo es de la venta de hardware?
\layout Standard
Hay que tener en cuenta que los observadores expertos citaban en un tiempo
la capacidad de Apple de monopolizar su propia provisión de hardware como
su gran ventaja frente a Microsoft.
En aquella época, parecía situarles en una posición mucho más fuerte.
Al final, casi les mató, y todavía puede matarlos.
El problema para Apple era que la mayor parte de los usuarios de ordenador
del mundo acaba comprando hardware más barato.
Pero un hardware barato no podía ejecutar MacOS, y esa gente se pasó a
Windows.
\layout Standard
Sustituyan hardware por sistemas operativos, y Apple por Microsoft y verán
cómo lo mismo está a punto de suceder de nuevo.
Microsoft domina el mercado de sistemas operativos, lo cual les reporta
ingresos y parece una gran idea de momento.
Pero hay sistemas operativos mejores y más baratos, y están haciéndose
cada vez más populares en partes del mundo que no están tan saturadas de
ordenadores como los EEUU.
Dentro de diez años, puede que la mayoría de los usuarios de ordenador
del mundo acabe por tener estos sistemas operativos más baratos.
Pero estos sistemas operativos, de momento, no ejecutan ninguna aplicación
de Windows, y así esta gente acabará usando otra cosa.
\layout Standard
Por expresarlo de forma más directa: cada vez que alguien decide usar un
sistema operativo que no es de Microsoft, la división de sistemas operativos
de Microsfot obviamente pierde un cliente.
Pero, tal como están las cosas, la división de aplicaciones de Microsoft
también pierde un cliente.
No es para tanto, dado que casi todo el mundo usa sistemas operativos de
Microsoft.
Pero en cuanto la cuota de mercado de Windows empiece a disminuir, las
matemáticas van a ponerse bastante torvas para los de Redmond.
\layout Standard
Podría replicarse a este argumento diciendo que Microsoft sencillamente
podría recompilar sus aplicaciones para que pudieran ejecutarse en otros
sistemas operativos.
Pero esta estrategia va contra los instintos corporativos normales.
El caso de Apple resulta de nuevo instructivo.
Cuando las cosas empezaron a ponerse feas para Apple, debieron haber llevado
su sistema operativo a un hardware barato.
Pero no lo hicieron.
Por el contrario, trataron de hacer que su brillante hardware diera lo
más posible de sí, añadiendo nuevas posibilidades y expandiendo la línea
de productos.
Pero esto sólo tuvo el efecto de hacer su sistema operativo más dependiente
de esas características especiales del hardware, lo cual al final resulta
peor para ellos.
\layout Standard
Igualmente, cuando la posición de Microsoft en el mundo de los sistemas
operativos se vea amenazada, sus instintos corporativos les dirán que apilen
más posibilidades en sus sistemas operativos, y luego reconfiguren sus
aplicaciones de software para explotar esas posibilidades especiales.
Pero esto sólo tendrá el efecto de hacer que sus aplicaciones dependan
de un sistema oeprativo con una cuota de mercado decreciente, y al final
será peor para ellos.
\layout Standard
El mercado de los sistemas operativos es una trampa letal, un pozo de brea,
una ciénaga.
Sólo hay dos motivos para invertir en Apple y en Microsoft.
\layout List
\labelwidthstring 00.00.0000
1.
Cada una de estas compañías está en lo que llamaríamos una relación de
codependencia con sus clientes.
Los clientes Quieren Creer, y Apple y Microsoft saben cómo darles lo que
quieren.
\layout List
\labelwidthstring 00.00.0000
2.
Cada ompañía trabaja muy duro para añadir nuevas posibilidades a sus sistemas
operativos, lo cual tiene el efecto de asegurar la lealtad de sus clientes,
al menos durante un tiempo.
\layout Standard
En consecuencia, la mayor parte del resto de este ensayo tratará sobre estos
dos temas.
\layout Chapter
La Tecnosfera
\layout Standard
Unix es el único sistema operativo que queda cuyo GUI (un montón de código
llamado el X Windows System) está separado del sistema operativo en el
antiguo sentido del término.
Es decir, que puedes ejecutar Unix en puro modo de línea de comandos si
quieres, sin ventanas, iconos, ratones, etc., y seguirá siendo Unix y capaz
de hacer todo lo que se supone que hace Unix.
Pero los demás sistemas operativos: MacOS, la familia Windows y BeOS, tienen
sus GUIs enmarañados con las anticuadas funciones del sistema operativo
en tal grado que tienen que ejecutarse en modo GUI o no se ejecutan verdaderame
nte.
Así que ya no es posible pensar en los GUIs como en algo distinto del sistema
operativo; ahora forman una parte inalienable de los sistemas operativos
a los que pertenecen - y son, con mucho, la parte mayor mayor, más cara
y difícil de crear.
\layout Standard
Sólo hay dos modos de vender un producto: precio y propiedades.
Cuando los sistemas operativos son gratuitos, las compañías de sistemas
operativos no pueden competir mediante el precio, así que compiten mediante
las propiedades.
Esto significa que siempre tratan de superarse unos a otros escribiendo
código que, hasta hace poco, no se consideraba parte de un sistema operativo
en absoluto: cosas como los GUIs.
Esto explica en gran medida el comportamiento de estas compañías.
\layout Standard
Explica por qué Microsoft añadió un explorador a su sistema operativo, por
ejemplo.
Resulta fácil obtener navegadores gratuitos, igual que sistemas operativos
gratuitos.
Si los navegadores son gratuitos y los sistemas operativos son gratuitos,
pareciera que no hay modo de hacer dinero con los navegadores ni con los
sistemas operativos.
Pero si puedes integrar un navegador en un sistema operativo y así llenar
ambos de nuevas propiedades, ya tienes un producto vendible.
\layout Standard
Dejando a un lado, de momento, el hecho de que esto cabrea de verdad a los
abogados anti-trust del gobierno, esta estrategia tiene sentido.
Al menos, tiene sentido si se asume (como parece hacer la dirección de
Microsoft) que el sistema operativo ha de ser protegido a cualquier precio.
La verdadera cuestión es si cada moda tecnológica nueva que aparezca ha
de usarse como muleta para sostener la posición dominante del sistema operativo.
Al enfrentarse al fenómeno de la Red, Microsoft tuvo que desarrollar un
navegador de red realmente bueno, y lo hicieron.
Pero entonces tuvieron que elegir: podían hacer que ese navegador funcionara
en múltiples sistemas operativos, lo cual daría a Microsoft una posición
fuerte en el mundo de Internet con independencia de lo que le pasara a
la cuota de mercado de su sistema operativo.
O podían integrar el navegador con el sistema operativo, apostando a que
esto haría que su sistema operativo pareciera tan moderno y atractivo que
ayudaría a conservar su dominio en ese mercado.
El problema es que cuando la posición del sistema operativo de Windows
empiece a venirse abajo (y dado que actualmente es de cerca del noventa
por ciento, no puede sino descender) arrastrará todo tras de sí.
\layout Standard
En la la clase de geología del instituto probablemente les enseñaran que
toda la vida sobre la tierra existe en una delgada capa llamada biosfera,
que existe entre miles de kilómetros de roca muerta por debajo, y frío
espacio vacío, muerto y radiactivo, por encima.
Las compañías que venden sistemas operativos existen en una especie de
tecnosfera.
Por debajo está la tecnología que ya es gratuita.
Por encima está la tecnología que todavía ha de ser desarrollada, o que
es demasiado desquiciada y especulativa para ser productizada de momento.
Como la biosfera de la Tierra, la tecnosfera es muy fina comparada con
lo que tiene por encima y por debajo.
\layout Standard
Pero se mueve mucho más rápido.
En diversas partes del mundo, es posible visitar ricas capas fósiles en
las que hay esqueletos apilados, los más recientes encima y los más antiguos
debajo.
En teoría, todos se remontan a los primeros organismos monocelulares.
Y si usan su imaginación un poco, se darán cuenta de que, si se queda ahí
el tiempo suficiente, también quedará fosilizado, y con el tiempo algún
organismo más avanzado quedará fosilizado encima suyo.
\layout Standard
El registro fósil - el Pozo de La Brea - de la tecnología software es Internet.
Cualquier cosa que aparezca allí se puede tomar de forma gratuita (posiblemente
ilegal, pero gratuita).
Los ejecutivos de compañías como Microsoft tienen que acostumbrarse a la
experiencia - impensable en otras industrias - de invertir millones de
dólares en el desarrollo de nuevas tecnologías, tales como navegadores
de red, y luego ver cómo aparece el mismo software, o un software equivalente,
dos años, un año, o incluso unos pocos meses después.
\layout Standard
Al seguir desarrollando nuevas tecnologías y añadiendo posibilidades a sus
productos, pueden mantenerse un paso por delante del proceso de fosilización,
pero algunos días deben de sentirse como mamuts atrapados en La Brea, usando
todas sus energías para salir adelante, una y otra vez, escapando de la
pegajosa brea caliente que quiere cubrirles y engullirles.
\layout Standard
La supervivencia en esta biosfera requiere colmillos fuertes y pies que
puedan pisotear en un extremo de la organización, y Microsoft es famosa
por tenerlos.
Pero pisotear a los otros mamuts en la brea sólo puede mantenerte vivo
cierto tiempo.
El peligro es que, con su obsesión por mantenerse fuera de las capas fósiles,
estas compañías olviden lo que hay por encima de la biosfera: el ámbito
de la nueva tecnología.
En otras palabras, deben seguir con sus armas primitivas y bastos instintos
competitivos, pero también han de desarrollar cerebros potentes.
Esto parece ser lo que está haciendo Microsoft con su departamento de investiga
ción, que contrata a personas inteligentes por doquier.
(Y aquí debo mencionar que aunque conozco y me relaciono con varias personas
del departamento de investigación de esa compañía, nunca hablamos de negocios,
y no tengo ni idea de qué demonios están haciendo.
He aprendido mucho más sobre Microsoft usando el sistema operativo Linux
de lo que habría aprendido usando Windows).
\layout Standard
Da igual cómo hiciera antes dinero Microsoft; hoy en día, hace dinero gracias
a una especie de arbitraje temporal.
Arbitraje en el sentido habitual, significa hacer dinero aprovechándose
de las diferencias en los precios de algo en diferentes mercados.
En otras palabras, es espacial y se basa sobre el hecho de que el árbitro
sabe por qué tecnologías pagará dinero la gente el año que viene, y cuánto
tardarán esas tecnologías en volverse gratuitas.
Lo que el arbitraje espacial y temporal tienen en común es que ambos pivotan
sobre la información extremadamente bueno del árbitro; información sobre
las gradientes de precios en un momento dado en un caso, sobre las gradientes
de precios a lo largo del tiempo en un lugar dado en el otro.
\layout Standard
Así que Apple/Microsoft ofrecen nuevas posibilidades a sus usuarios casi
a diario, con la esperanza de que un flujo constante de genuinas innovaciones
técnicas, combinadas con el fenómeno del "quiero creer" impedirá que sus
clientes miren al otro lado de la carretera, hacia los sistemas operativos,
mejores y más baratos, que tienen disponibles.
La cuestión es si esto tiene sentido a largo plazo.
Si Microsoft es adicta a los sistemas operativos como Apple lo es al hardware,
entonces se apostarán la camisa por sus sistemas operativos, y vincularán
todas sus nuevas aplicaciones y sistemas operativos a ellos.
Su supervivencia dependerá entonces de estas dos cosas: añadir más posibilidade
s a sus sistemas operativos de tal modo que sus clientes no se pasen a las
alternativas más baratas, y mantener la imagen que, de algún modo misteriosos,
les da a estos clientes la sensación de que obtienen algo a cambio de su
dinero.
\layout Chapter
La cultura del interfaz
\layout Standard
Hace unos años entré en una tienda en algún lugar y me encontré con la siguiente
escena: cerca de la entrada había una pareja joven frente a un gran mostrador
de cosméticos.
El hombre sostenía estólidamente una cesta de la compra en las manos mientras
su compañera arramblaba con productos de maquillaje del mostrador y los
apilaba en la cesta.
Desde entonces siempre he pensado en ese hombre como la personificación
de una interesante tendencia humana: no sólo no nos ofenden las imágenes
manufacturadas sino que nos gustan.
Prácticamente insistimos en ello.
Estamos ansiosos por ser cómplices de nuestro propio engaño: por pagar
dinero por el pase a un parque temático, votar a un tipo que obviamente
no está mintiendo, o permanecer de pie sosteniendo la cesta que se llena
de maquillaje.
\layout Standard
Hace poco estuve en Disney World, específicamente en la parte llamada el
Reino Mágico, caminando por Main Street USA.
Ésta es la perfecta pequeña ciudad victoriana y cuca que lleva al castillo
Disney.
Había mucha gente; nos abríamos camino más que caminábamos.
Justo delante mío había un hombre con una videocámara.
Era una de esas nuevas videocámaras en las que en vez de mirar por un visor
contemplar una pantalla plana en color del tamaño de un naipe, que televisa
en directo loquequiera que la cámara esté grabando.
Sostenía el aparato cerca de la cara, de tal modo que le tapaba la vista.
En vez de ir a ver una pequeña ciudad de verdad gratis, había pagado dinero
por ver una falsa, y en vez de verla a simple vista estaba contemplándola
por televisión.
\layout Standard
Y en vez de quedarme en casa y leer un libro, yo le estaba mirando a él.
\layout Standard
La preferencia de los estadounidenses por las experiencias mediadas resulta
bastante obvia, y no voy a dar la murga con ello.
Ni siquiera voy a hacer comentarios desdeñosos acerca de ello - después
de todo, yo estaba en Disney World como cliente de pago.
Pero claramente está relacionado con el colosal éxito de los GUIs, así
que tengo que hablar algo acerca de ello.
A los de la Disney se le dan las experiencias mediadas mejor que a nadie.
Si entendieran qué son los sistemas operativos, y por qué los usa la gente,
aplastarían a Microsoft en uno o dos años.
\layout Standard
En la sección de Disney World llamada el Reino Animal hay una nueva atracción,
que se supone abrirá en marzo de 1999, llamada el Viaje por la Jungla del
Maharajá.
Lo habían abierto como anticipo cuando yo estuve allí.
Es una reproducción completa, piedra por piedra, de una hipotética ruina
en las junglas de la India.
Según decían, fue construida por un rajá local en el siglo XVI como reserva
de caza.
Él iba allí con sus principescos huéspedes a cazar tigres de Bengala.
Con el paso del tiempo, quedó abandonada y la ocuparon los tigres y los
monos; finalmente, en torno a la época de la independencia de la India,
se convirtió en una reserva natural del gobierno, ahora abierto a los visitante
s.
\layout Standard
El lugar se parece más a lo que he descrito que ningún edificio real que
se pueda encontrar en la India.
Todas las piedras en los muros derrumbados tenían el aspecto de haber sido
desgastados por las lluvias monzónicas durante siglos, la pintura de las
paredes está descascarillada y apagada, y los tigres de Bengala se mueven
por entre las columnas rotas.
Allí donde se podrían realizar reparaciones modernas en la antigua estructura,
se han hecho, pero no como las llevarían a cabo los ingenieros de la Disney,
sino ahorrativos encargados indios - con bambú y barras herrumbrosas.
La herrumbre está pintada, claro, y protegida de la herrumbre auténtica
por una capa de plástico transparente, pero no se nota a menos que uno
se agache.
\layout Standard
En un punto se puede caminar junto a un muro de piedra con una serie de
desgastados frisos antiguos esculpidos.
Un extremo del muro se ha derrumbado y caído a tierra, quizás debido a
algún terremoto largo tiempo olvidado, y uno o dos paneles tienen anchas
fisuras, pero la historia sigue siendo legible: primero, el caos primordial
lleva a la creación de muchas especies animales.
Luego, vemos el Árbol de la Vida rodeado de diversos animales.
Ésta es una alusión obvia al enorme Árbol de la Vida que domina el centro
del Reino Animal de Disney, igual que el Castillo domina el Reino Mágico
o la Esfera domina Epcot.
Pero está hecho en un estilo históricamente correcto, y probablemente engañaría
a cualquiera que no tuviera un doctorado en historia del arte indio.
\layout Standard
El siguiente panel muestra a un homo sapiens bigotudo derribando el Árbol
de la Vida con una cimitarra, y a animales huyendo en todas direcciones.
El panel que va después muestra al errado humano golpeado por un tsunami,
parte de un Diluvio presumiblemente provocado por su estupidez.
\layout Standard
El panel final muestra al Brote de la Vida que vuelve a crecer, pero ahora
el Hombre ha abandonado su afilada arma y se ha unido a los demás animales
lo rodean para ensalzarlo y adorarlo.
\layout Standard
Es, en otras palabras, una profecía del Cuello de Botella: la situación,
planteada habitualmente por los modernos ecologistas, de que el mundo se
enfrentará pronto a un periodo de graves tribulaciones ecológicas que durarán
unas pocas décadas o siglos y acabarán cuando encontremos un nuevo y armonioso
modus vivendi con la Naturaleza.
\layout Standard
En conjunto, el friso es una obra bastante brillante.
Obviamente no es una antigua ruina india, y alguna persona o personas vivas
merecen ser elogiadas.
Pero no hay firmas en la reserva de caza de Maharajá en Disney World.
No hay firmas en nada, porque arruinaría el efecto si largos créditos colgaran
de cada ladrillo desgastado a medida, como en las películas de Hollywood.
\layout Standard
Entre los guionistas de Hollywood, Disney tiene la reputación de ser una
madrastra verdaderamente malvada.
No resulta difícil ver por qué.
Disney está en el negocio de los productos de ilusión sin fisuras - un
espejo mágico que refleja el mundo mejor de lo que realmente es.
Pero hay un escritor que literalmente está hablando a sus lectores, no
sólo creando un ambiente o dándoles algo que mirar; y así como la interfaz
de línea de comandos abre un canal mucho más directo y explícito entre
usuario y máquina que el GUI, lo mismo sucede con palabras, escritor, y
lector.
\layout Standard
La palabra, al final, es el único sistema para codificar los pensamientos
- el único medio - que no es fungible, que se niega a disolverse en el
torrente devorador de los medios electrónicos (los turistas más ricos en
Disney World llevan camisetas con los nombres de diseñadores famosos impresos,
porque los propios diseños pueden copiarse fácilmente y con impunidad.
El único modo de fabricar ropa que no puede copiarse legalmente es imprimir
palabras con copyright y marca registrada; una vez se ha dado ese paso,
la ropa misma ya no importa realmente, y así una camiseta es tan buena
como cualquier otra cosa.
Las camisetas con palabras caras son ahora la insignia de la clase alta.
Las camisetas con palabras baratas, o sin palabras, son para el común de
los mortales).
\layout Standard
Pero esta cualidad especial de las palabras y de la comunicación escrita
tendría el mismo efecto sobre el producto de la Disney que un graffiti
de spray sobre un espejo mágico.
Así que la Disney lleva a cabo la mayor parte de su comunicación sin recurrir
a las palabras, y en su mayor parte, no se echa de menos las palabras.
Algunas de las propiedades más antiguas de la Disney, como Peter Pan, Winnie
Pooh, y Alicia en el País de las Maravillas, salieron de libros.
Pero los nombres de sus autores se mencionan raramente, si es que se mencionan,
y no se pueden comprar los libros originales en la tienda Disney.
Si se pudiera, parecerían viejos y extraños, como versiones muy raras de
los originales más puros y auténticos de la Disney.
Comparados con producciones más recientes como la Bella y la Bestia y Mulan,
las películas de la Disney basadas en estos libros (en particular Alicia
en el País de las Maravillas y Peter Pan) parecen profundamente extrañas,
y no del todo apropiadas para niños.
Lo cual es razonable, porque Lewis Carroll y J.M.
Barrie eran hombres muy raros, y la naturaleza de la palabra escrita es
tal que su rareza personal se filtra a través de todas las capas de disneyficac
ión como rayos X a través de una pared.
Probablemente por esta misma razón, la Disney parece haber dejado de comprar
libros, y ahora encuentra sus temas y caracteres y los relatos tradicionales,
que tienen la cualidad lapidaria y gastada por el tiempo de los antiguos
bloques de piedra de las ruinas del Maharajá.
\layout Standard
Si siguiéramos a esos turistas a sus casas, podríamos encontrar arte, pero
sería el tipo de arte folclórico no firmado que venden en las tiendas de
la Disney de tema africano y asiático.
En general, sólo parecen estar cómodos con medios que ha sido ratificados
por su antigüedad, por su aceptación popular masiva, o por ambas cosas.
\layout Standard
En este mundo, los artistas son como los obreros anónimos y analfabetos
que construyeron las grandes catedrales en Europa y luego desaparecieron
en tumbas anónimas del cementerio.
La catedral en conjunto es apabullante y conmovedora a pesar de, y posiblemente
debido a, el hecho de que no tenemos ni idea de quién la construyó.
Cuando caminamos por ella comulgamos no con obreros individuales sino con
toda una cultura.
\layout Standard
Disney World funciona del mismo modo.
Si se es un intelectual, un lector o escritor de libros, lo más amable
que se puede decir al respecto es que la ejecución es soberbia.
Pero resulta fácil encontrarlo todo un poco siniestro, porque falta algo:
la traducción de todo su contenido a palabras escritas, claras y explícitas,
las atribución de las ideas a personas específicas.
No se puede discutir con ello.
Parece como si se estuviera pasando por alto un montón de cosas, como si
Disney World nos estuviera engañando, y posiblemente colándonos todo tipo
de asunciones ocultas y pensamiento blando.
\layout Standard
Pero esto es exactamente lo mismo que se pierde en la transición de la interfaz
de línea de comandos al GUIs.
\layout Standard
La Disney y Apple/Microsoft están en el mismo negocio: cortocircuitar la
laboriosa y explícita comunicación verbal con interfaces de diseño caro.
La Disney es una especie de interfaz de usuario en sí misma - y más que
meramente gráfica.
Llamémosla Interfaz Sensorial.
Puede aplicarse a cualquier cosa en el mundo, real o imaginada, aunque
a un precio apabullante.
\layout Standard
¿Por qué rechazamos las interfaces basadas en la palabra, y preferimos las
gráficas o sensoriales - una tendencia que explica el éxito tanto de Microsoft
como de la Disney?
\layout Standard
Parte de ello es simplemente que el mundo es ahora muy complicado - mucho
más complicado que el mundo de los cazadores-recolectores para apañárselas
con el cual evolucionaron nuestros cerebros - y sencillamente no podemos
manejar todos los detalles.
Tenemos que delegar.
No tenemos más opción que confiar en algún artista anónimo de la DIisney
o en algún programador de Apple o Microsoft para que elijan por nosotros,
nos libren de algunas opciones, y nos den un resumen convenientemente empaqueta
do.
\layout Standard
Pero más importante es el hecho de que durante este siglo el intelectualismo
falló, y todo el mundo lo sabe.
En lugares como Rusia y Alemania, la gente común renunció a su control
sobre los modos de vida tradicionales, costumbres y religión, y permitió
que los intelectuales llevaran el cotarro, y los intelectuales lo estropearon
todo y convirtieron el siglo en un matadero.
Aquellos intelectuales de tanta palabrería eran vistos como meramente tediosos;
ahora también parecen algo peligrosos.
\layout Standard
Los estadounidenses somos los únicos que no salimos malparados en ningún
momento de todo esto.
Somos libres y prósperos porque heredamos sistemas políticos y de valores
fabricados por un conjunto dado de intelectuales del siglo XVIII que por
casualidad acertaron.
Pero hemos perdido contacto con esos intelectuales, y con cualquier cosa
parecida al intelectualismo, hasta el punto de no leer libros ya, aunque
sabemos leer.
Estamos mucho más cómodos transmitiéndoles esos valores a las generaciones
futuras de forma no-verbal, mediante el proceso de inmersión mediática.
Parece que esto funciona hasta cierto punto, porque la policía en muchos
países ahora se queja de que los arrestados insisten en que les lean sus
derechos, como en las películas de policías estadounidenses.
Cuando se les explica que están en un país diferente, se indignan.
Puede que las reposiciones de Starsky y Hutch, dobladas a diversas lenguas,
resulten ser, a largo plazo, una fuerza más potente en favor de los derechos
humanos que la Declaración de Independencia.
\layout Standard
Una cultura enorme, rica y nuclear que propaga sus valores nucleares mediante
la inmersión mediática parece una mala idea.
Está el riesgo obvio de errar.
Las palabras son el único medio inmutable que tenemos, que es el motivo
por el cual son el vehículo preferido para conceptos extremadamente importantes
como los Diez Mandamientos, el Corán, y la Declaración de Derechos.
A menos que los mensajes transmitidos por nuestros medios vayan ligados
a algún conjunto fijo de preceptos, pueden desperdigarse por doquier y
posiblemente llenar la mente de la gente de estupideces.
\layout Standard
Orlando tenía una base militar llamada la McCoy Air Force Base, con largas
pistas de las que podían despegarlos B-52 para llegar a Cuba o a cualquier
otro lugar, cargados de bombas nucleares.
Pero ahora McCoy ha sido desmantelada y sus instalaciones se han destinado
a otros fines.
El aeropuerto civil de Orlando las ha absorbido.
Las largas pistas se usan ahora para descargar turistas llegados en vuelos
747 desde Brasil, Italia, Rusia y Japón, a fin de que vengan a Disney World
y empaparse de nuestros medios durante un tiempo.
\layout Standard
Para las culturas tradicionales, especialmente las basadas en la palabra
como el Islam, esto resulta infinitamente más amenazante de lo que lo fueron
jamás los B-52.
Resulta obvio para cualquiera fuera de los Estados Unidos que nuestras
archimuletillas, multiculturalismo y diversidad, son fachadas que encubren
(en muchos casos involuntariamente) una tendencia global a erradicar las
diferencias culturales.
El pilar básico del multiculturalismo (o de "honrar la diversidad", o como
se quiera llamarlo) es que las personas tienen que dejar de juzgarse unas
a otras - dejar de aseverar (y, gradualmente, dejar de creer) que esto
está bien y esto está mal, que una cosa es fea y otra hermosa, que Dios
existe y tiene estas o aquellas cualidades.
\layout Standard
La lección que la mayor parte de la gente ha extraído del Siglo Veinte es
que, para que un gran número de diferentes culturas coexistan pacíficamente
en el globo (o incluso en el barrio) es necesario que la gente suspenda
el juicio de este modo.
De ahí (argumento) nuestra sospecha, u hostilidad, respecto de todas las
figuras de autoridad en la cultura moderna.
Como explicó David Foster Wallace en su ensayo "E Unibus Pluram," éste
es el mensaje fundamental de la televisión; es el mensaje que la gente
se lleva a casa, de cualquier modo, tras llevar inmersos en los medios
el tiempo suficiente.
No está expresado en esos términos altisonantes, claro.
Se transmite a través de la presunción de que todas las figuras de autoridad
- maestros, generales, policías, sacerdotes, políticos - son bufones hipócritas
, y que el cinismo descreído es el único modo de ser.
\layout Standard
El problema es que una vez que nos hemos librado de la capacidad de juzgar
lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso, etc., ya no queda cultura.
Todo lo que queda son los bailes folclóricos y el macramé.
La capacidad de juicio, de creencia, es el fin mismo de tener una cultura.
Creo que por eso aparecen a veces tipos con metralletas en lugares como
Luxor, y empiezan a dispara a los occidentales.
Entienden perfectamente la lección de la base aérea McCoy.
Cuando los hijos llegan con gorras ladeadas de los Chicago Bulls, los padres
enloquecen.
\layout Standard
La anticultura global transmitida a todos los rincones del mundo por la
televisión es una cultura en sí misma, y según los estándares de grandes
y antiguas culturas como el Islam o Francia, parece inmensamente inferior,
al menos al principio.
Los único bueno que se puede decir de ella es que hace que guerras mundiales
y holocaustos parezcan menos probables - ¡y de hecho, eso es algo bastante
bueno!
\layout Standard
El único problema real es que cualquiera que no tenga más cultura que esta
monocultura global está completamente jodido.
Cualquiera que crezca viendo la televisión, que nunca vea nada de religión
o filosofía, se críe en una atmósfera de relativismo moral, aprenda ética
viendo escándalos sexuales en el telediario, y vaya a una universidad donde
los postmodernistas de desviven por demoler las nociones tradicionales
de verdad y calidad, va a salir al mundo como un ser humano bastante incapaz.
Y - de nuevo - tal vez el fin de todo esto es hacernos incapaces, de modo
que no nos bombardeemos mutuamente con armas nucleares.
\layout Standard
Por otro lado, si te crías en el ámbito de una cultura dada, acabas con
un conjunto básico de herramientas que se pueden usar para pensar y comprender
el mundo.
Puedes usar esas herramientas para rechazar la cultura en que te criaste,
pero al menos tienes algunas herramientas.
\layout Standard
En este país, la gente que lleva el cotarro - los que llenan los bufetes
y las juntas directivas - comprende todo esto a cierto nivel.
Apoyan el multiculturalismo y la diversidad y la suspensión del juicio
de boquilla, pero no educan a sus propios hijos así.
Tengo amigos altamente educados y técnicamente sofisticados que se han
mudado a pequeñas ciudades de Iowa para vivir y criar a sus hijos, y hay
enclaves hasídicos en Nueva York donde muchos niños se crían según creencias
tradicionales.
Cualquier comunidad suburbana puede considerarse un lugar donde personas
que tienen ciertas creencias (básicamente implícitas) van a vivir entre
otros que piensan de igual manera.
\layout Standard
Y esta gente no sólo se siente responsable respecto a sus propios hijos,
sino con el país en general.
Algunos miembros de la clase alta son viles y cínicos, por supuesto, pero
muchos pasan al menos parte de su tiempo preocupándose por la dirección
en que va el país, y sus propias responsabilidades.
Y así, cuestiones que son importantes para los intelectuales lectores de
libros, como el colapso ambiental global, acaban por filtrarse a través
de la cultura de masas y aparecen como antiguas ruinas hindúes en Orlando.
\layout Standard
Puede que se estén preguntando: ¿qué narices tiene que ver todo esto con
los sistemas operativos? Como he explicado, no hay modo de explicar la
dominación del mercado de los sistemas operativos por Apple/Microsoft sin
explicaciones culturales, así que no puedo llegar a ninguna parte, en este
ensayo, sin hacerles saber antes de dónde vengo en lo que concierne a la
cultura contemporánea.
\layout Standard
La cultura contemporánea es un sistema de dos niveles, como los morlocks
y los eloi de La máquina del tiempo de H.G.
Wells, salvo que está del revés.
En La máquina del tiempo, los eloi eran la amanerada clase alta, mantenida
por montones de morlocks subterráneos que hacían que los engranajes tecnológico
s se movieran.
Pero en nuestro mundo es al revés.
Los morlocks son minoría, y hacen que las cosas se muevan porque comprenden
cómo funciona todo.
Los mucho más numerosos eloi aprenden todo lo que saben por verse inmersos
desde su nacimiento en medios electrónicos dirigidos y controlados por
los morlocks lectores de libros.
Así que muchas personas ignorantes serían peligrosas si se las apuntara
en la dirección equivocada, con lo cual hemos desarrollado una cultura
popular que:
\layout List
\labelwidthstring 00.00.0000
1.
es increíblemente infecciosa y
\layout List
\labelwidthstring 00.00.0000
2.
neutraliza a toda persona que se ve infectada, haciéndolos reticentes a
emitir juicios e incapaces de tomar posiciones.
\layout Standard
Los morlocks, que tienen la energía e inteligencia como para aprehender
los detalles, van y dominan temas complejos y producen Interfaces Sensorias
tipo Disney de tal modo que los eloi puedan entender el meollo sin tener
que forzar la mente o soportar el aburrimiento.
Esos morlocks van a la India y tediosamente exploran cientos de ruinas,
luego vuelven a casa y construyen versiones higiénicas y sin bichos: el
Selecciones del Reader's Digest, por así decir.
Esto cuesta un montón, porque los morlocks insisten en que les den buen
café y billetes de avión en primero, pero no es problema porque a los eloi
les gusta que los deslumbren y pagarán gustosos.
\layout Standard
Me doy cuenta de que la mayor parte de esto probablemente suena desdeñoso
y amargado hasta el absurdo: el típico intelectual pijo con un berrinche
con esos filisteos analfabetos.
Como si yo fuera una especie de Moisés bajando solo de la montaña, con
las tablas de los Diez Mandamientos grabadas en piedra inmutable - la interfaz
de línea de comandos original - y cabreándose con los débiles hebreos no
iluminados que adoran imágenes.
No sólo eso, sino que parece que creo que hay ua especie de teoría de la
conspiración.
\layout Standard
Pero eso no es lo que quiero decir con todo esto.
La situación que describo aquí podría ser mala, pero no tiene por qué ser
mala, y no es necesariamente mala ahora:
\layout Standard
Simplemente, la cuestión es que estamos demasiado ocupados hoy en día como
para comprenderlo todo con detalle.
Y es mejor comprenderlo por una interfaz, oscuramente, que no comprenderlo
en absoluto.
Mejor que diez millones de eloi vayan al Safari por el Kilimanjaro en Disney
World que no que mil cirujanos cardiovasulares y directores de aseguradoras
vayan de safari auténtico por Kenia.
La frontera entre ambas clases es más porosa de lo que he dado a entender.
Constantemente me encuentro con tipos normales - albañiles, mecánicos,
taxistas, gente de a pie en general - que básicamente carecían de cultura
hasta que algo hizo necesario que se convirtieran en lectores y empezaran
a pensar en serio acerca de las cosas.
Tal vez tuvieron que vérselas con el alcoholismo, tal vez fueron a la cárcel,
o enfermaron, o sufrieron una crisis de fe, o simplemente se aburrieron.
Tales personas pueden aprender acerca de temas particulares a toda prisa.
A veces su falta de una educación amplia les lleva a emprender empresas
intelectuales desquiciadas pero bueno, al menos la empresa intelectual
desquiciada es un buen ejercicio.
El fantasma de una política controlada por los caprichos y veleidades de
los votantes que creen realmente que hay diferencias significativas entre
las cerveza Bud Lite y Miller Lite, y que creen que la lucha libre es real,
es naturalmente alarmante para aquellos que no lo creen.
Pero los países controlados mediante la interfaz de la línea de comandos,
por así decirlo, por sesudos intelectuales, ya sean religiosos o seculares,
son por lo general tristes lugares donde vivir.
La gente sofisticada se burla de los entretenimientos disneyescos por facilones
y asacarinados, pero si el resultado es provocar reflejos básicamente cálidos
y simpatéticos a nivel preverbal en cientos de millones de iletrados inmersos
en los medios, no pueden ser tan malos.
Anoche matamos una langosta en nuestra cocina y mi hija lloró durante una
hora.
Los japoneses, que solían ser el pueblo más feroz del mundo, están obsesionados
con adorables personajes de dibujos animados.
Mi propia familia - la gente que mejor conozco - está dividida de modo
más o menos equitativo entre personas que probablemente lean este ensayo
y personas que casi con toda certeza no lo hará, y no puedo decir a ciencia
cierta que un grupo sea necesariamente más cálido, feliz, o mejor adaptado
que el otro.
\layout Chapter
Morlocks y Eloi al teclado
\layout Standard
En los tiempos de la interfaz de línea de comandos, los usuarios eran todos
morlocks que tenían que convertir sus pensamientos en símbolos alfanuméricos
e introducirlos a mano, un proceso insufriblemente tediosos que eliminaba
toda ambigüedad, revelaba todas las asunciones ocultas, y castigaba cruelmente
la pereza y la imprecisión.
Entonces los hacedores de interfaces se pusieron a trabajar en sus GUIs,
e introdujeron una nueva capa semiótica entre la gente y las máquinas.
Las personas que usan tales sistemas han renunciado a la responsabilidad,
y al poder, de enviar bits directamente al chip que lleva a cabo la aritmética,
y le han pasado esa responsabilidad y poder al sistema operativo.
Esto resulta tentador por dar instrucciones claras a alguien o a algo es
difícil.
No podemos hacerlo sin pensar, y piensen en el número de ramificaciones,
para hacerlo bien.
Para la mayoría de nosotros, e! s duro.
Queremos que las cosas sean más fáciles.
La medida de cuánto lo queremos va dada por el grueso de la fortuna de
Bill Gates.
\layout Standard
El sistema operativo (por tanto) se ha convertido en una especie de instrumento
para ahorrarse trabajo intelectual que traduce las intenciones vagamente
expresadas de los humanos a bits.
De hecho, les pedimos a nuestros ordenadores que tomen responsabilidades
que siempre se han considerado propias de seres humanos - queremos que
comprendan nuestros deseos, que prevean nuestras necesidades, que establezcan
conexiones, que desempeñen tareas rutinarias sin necesidad de pedírselo,
que nos recuerden lo que tendría que recordársenos a la vez que filtran
el ruido.
En los niveles más elevados (es decir, más próximos al usuario) esto tiene
lugar mediante una serie de convenciones - menús, botones, etc.
Estos funcionan en el sentido en que funcionan las analogías: ayudan a
los eloi a comprender conceptos abstractos o poco familiares comparándolos
con algo conocido.
Pero se usa el término más pretencioso de metáfora.
\layout Standard
El concepto que lo englobaba todo en MacOS era la metáfora del escritorio,
que subsumía cierto número de metáforas menores (y a menudo contradictorias,
o al menos mezcladas).
Con un GUI, un archivo (frecuentemente llamado documento) se metafrasea
como una ventana en pantalla (que se llama escritorio).
La ventana siempre es demasiado pequeña para contener el documento, así
que uno se mueve o, más pretenciosamente, navega por el documento pinchando
y arrastrando con el dedo en la barra.
Cuando se teclea (usando un teclado) o dibuja (usando un ratón) en la ventana
o se usan menús desplegables y cuadros de diálogo para manipular sus contenidos
, los resultados del trabajo de uno se almacenan (al menos en teoría) en
! un archivo, y luego la misma información se recupera en otra ventana.
Cuando ya no se necesita, se arrastraa la papelera.
\layout Standard
Hay una mezcla de metáforas pasmosamente promiscua aquí y podría deconstruirla
hasta que las ranas criaran pelo, pero no lo haré.
Consideren sólo una palabra: documento.
Cuando documentamos algo en el mundo real, creamos registros fijos, permanentes
e inmutables de ello.
Pero los documentos de un ordenador son volátiles, efímeras constelaciones
de datos.
A veces (como cuando se abren o guardan), el documento que aparece en la
ventana es idéntico al que está almacenado, bajo el mismo nombre, en un
archivo de disco, pero otras veces (como cuando se hacen cambios sin guardarlos
), es completamente diferente.
En cualquier caso, cada vez que se pulsa Guardar, se aniquila la versión
previa del documento, reemplazándola por loquequiera que aparezca en la
ventana en ese momento.
Así que incluso la palabra guardar se usa en un sentido que es grotescamente
engañoso - destruir una versión, guardar otra, sería más exacto.
\layout Standard
Cualquiera que use un procesador de textos durante mucho tiempo inevitablemente
sufrirá la experiencia de echar horas de trabajo en un documento largo
y luego perderlo porque el ordenador falla o se corta la luz.
Hasta el momento en que desaparece de pantalla, el documento parece tan
sólido y real como si estuviera impreso en papel y tinta.
Pero un momento después, sin avisar, se ha esfumado, completa e irremediablemen
te, como si nunca hubiera existido.
El usuario queda con una sensación de desorientación (por no hablar del
cabreo) proveniente de un trasquilón metafórico - uno se da cuenta de que
ha estado viviendo y pensando dentro de una metáfora que es esencialmente
falsa.
\layout Standard
Así que los GUIs usan metáforas para hacer que la informática resulte más
fácil, pero son malas metáforas.
Aprender a usarlas es esencialmente un juego de palabras, el proceso de
aprender nuevas definiciones de palabras como ventana y documento y guardar,
que son diferentes, y en muchos casos diametralmente opuestas a las antiguas.
Por muy improbable que parezca, esto ha salido muy bien, al menos desde
el punto de vista comercial, lo cual significa que Apple/Microsoft han
hecho mucho dinero con ello.
Todos los otros sistemas operativos modernos han aprendido que para ser
aceptados por los usuarios han de ocultar sus entrañas bajo el mismo tipo
de adornos.
Esto tiene ciertas ventajas: si se sabe usar un sistema operativo de GUI,
probablemente se puede deducir cómo! usar cualquier otro en pocos minutos.
Todo funciona de modo algo distinto, como las cañerías europeas - pero
enredando un poco, se puede escribir una nota y navegar por la red.
\layout Standard
La mayor parte de la gente que compra sistemas operativos (si se molestan
en comprarlo en absoluto) no comparan las funciones subyacente sino el
aspecto y sensación superficiales.
El comprador medio de un sistema operativo no paga realmente, y no le interesa
especialmente, el código de bajo nivel que asigna memoria y escribe bytes
en el disco.
Lo que compramos realmente es un sistema de metáforas.
Y - mucho más importante - a lo que nos vendemos es al presupuestos implícito
de que las metáforas son un buen modo de tratar con el mundo.
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Desde hace poco se ha vuelto disponible un montón de nuevo hardware que
les proporciona a los ordenadores numerosos modos interesantes de afectar
al mundo real: hacer que las impresoras escupan papel, dirigir rayos de
radiación hacia enfermos de cáncer, crear películas realistas sobre el
Titánic.
Windows se usa ahora como sistema operativo para cajas registradoras y
cajeros automáticos.
El sistema de mi televisión por satélite emplea una especie de GUI para
cambiar de canas y mostrar guías de programas.
Los modernos teléfonos móviles llevan un crudo GUI metido en una diminuta
pantalla.
Incluso Lego tiene un GUI: se puede comprar un juego de Lego llamado Mindstorms
que permite construir pequeños robots Lego y programarl! os mediante un
GUI en el ordenador.
\layout Standard
Así que ahora le pedimos al GUI que haga mucho más que servir de máquina
escribir glorificada.
Ahora queremos que se convierta en una herramienta general para tratar
con la realidad.
Esto ha hecho que las compañías que viven de sacar nueva tecnología al
mercado de masas vivan una bonanza económica.
\layout Standard
Obviamente, no se puede vender un complicado sistema tecnológica a la gente
sin algún tipo de interfaz que les permita usarlo.
La dinamo de combustión interna fue una maravilla tecnológica en su época,
pero era inútil como bien de consumo hasta que le conectaron una palanca
de cambios, transmisión, volante y frenos.
Esa extraña colección de cacharros, que sobrevive hasta nuestros días en
cada coche que surca las carreteras, constituye lo que hoy llamaríamos
una interfaz de usuario.
Pero si los coches se hubieran inventado después que los Macintosh, los
fabricantes de coches no se habrían molestado en diseñar todos esos complicados
dispositivos.
Tendríamos una pantalla de ordenador por salpicadero, y un ratón (o como
mucho un joystick) por volantes, y cambiaríamos de marchas desplegando
un menú:
\layout Standard
APARCAR --- MARCHA ATRÁS --- PUNTO MUERTO ---- 3 2 1 --- Ayuda...
\layout Standard
Así, unas pocas líneas de código pueden sustituir cualquier interfaz mecánica
imaginable.
El problema es que en muchos casos el sustituto es defectuoso.
Conducir un coche mediante un GUI sería una experiencia horrible.
Incluso si el GUI estuviera totalmente libre de fallos, sería increíblemente
peligroso, porque los menús y botones sencillamente no pueden responder
tan bien como los controles mecánicos directos.
El padre de mi amigo, el señor que restauraba el descapotable, nunca se
habría tomado la molestia si hubiera ido equipado con un GUI.
No habría sido divertido.
\layout Standard
El volante y la palanca de cambios se inventaron en una era en la que la
tecnología más complicada en la mayor parte de las casas era la batidora
de mantequilla.
Aquellos primeros fabricantes de coches tenían mucha suerte, ya que podían
diseñar la interfaz que resultara más adecuada para la tarea de conducir
un automóvil, y la gente la aprendía.
Lo mismo sucedió con el teléfono de marcado y la radio AM.
Ya en la Segunda Guerra Mundial, la mayor parte de la gente conocía varias
interfaces: no sólo podían batir mantequillas, sino también conducir un
coche, marcar en el teléfono, encender la radio, prender un mechero, y
cambiar una bombilla.
\layout Standard
Pero ahora cualquier cosita - relojes de pulsera, vídeos, hornillos - está
lleno de propiedades, y cada propiedad es inútil sin interfaz.
Si usted es como yo y como la mayoría de consumidores, nunca ha usado el
noventa por ciento de las propiedades de su microondas, vídeo, o teléfono
móvil.
Ni siquiera sabe que estas propiedades existen.
El pequeño beneficio que podrían aportarle queda anulado por la pura molestia
de tener que aprenderlas.
Esto debe de ser un gran problema para los fabricantes de bienes de consumo,
porque no pueden competir sin ofrecer características.
\layout Standard
Ya no es aceptable que los ingenieros inventen toda una nueva interfaz de
usuario para cada nuevo producto, como hicieron en el caso del automóvil,
en parte porque resulta demasiado caro y en parte porque hay un límite
a lo que puede aprender la gente normal.
Si el vídeo se hubiera inventado hace cien años, tendría una ruedecita
para la sintonización y una palanca para avanzar y rebobinar, y una gran
asa de hierro forjado para cargar o expulsar los cassettes.
Llevaría un gran reloj analógico delante, y habría que ajustar la hora
moviendo las manillas en la esfera.
Pero debido a que el vídeo se inventó cuando se inventó - durante una especie
de incómodo periodo de transición entre la era de las interfaces mecánicas
y los GUIs - tiene sólo unos cuantos botones delante, y para fijar la hora
hay que pulsar los botones de modo correcto.
Esto le debe de haber parecido bastante razonable a los in! genieros responsabl
e, pero para muchos usuarios es sencillamente imposible.
De ahí el famoso 12:00 que parpadea en tantos vídeos.
Los informáticos lo llaman el problema del doce parpadeante.
Cuando hablan de ello, empero, no suelen estar hablando de vídeos.
\layout Standard
Los vídeos modernos habitualmente tienen algún tipo de programación en pantalla,
lo cual significa que se puede fijar la hora y controlar las demás propiedades
mediante una especie de GUI primitivo.
Los GUIs también tienen botones virtuales, claro, pero también tienen otros
tipos de controles virtuales, como botones de radio, casillas que tachar,
espacios para introducir textos, esferas, y barras.
Las interfaces compuestas de estos elementos parecen ser mucho más fáciles
para muchas personas que pulsar esos botoncitos en la máquina, y así el
propio 12:00 parpadeante está desapareciendo lentamente de los salones
de Estados Unidos.
El problema del doce parpadeante ha pasado a otras tecnologías.
\layout Standard
Así que el GUI ha pasado de ser una interfaz para ordenadores personales
a convertirse en una especie de metainterfaz que se emplea en cualquier
nueva tecnología de consumo.
Raramente es idea, pero tener una interfaz ideal o incluso buena ya no
es la prioridad; lo importante ahora es tener algún tipo de interfaz que
los clientes usen realmente, de tal modo que los fabricantes puedan afirmar
con toda seriedad que ofrecen nuevas posibilidades.
\layout Standard
Queremos GUIs básicamente porque son convenientes y porque son fáciles -
o al menos el GUI hace que así parezca.
Por supuesta, nada es realmente fácil y simple, y poner una bonita interfaz
no cambia ese hecho.
Un coche controlado a través de un GUI sería más fácil de conducir que
uno controlado por los pedales y el volante, pero sería increíblemente
peligroso.
Al usar GUIs todo el tiempo hemos aceptado sin darnos cuenta la premisa
de que pocas personas aceptarían si se les planteara directamente: a saber,
que las cosas difíciles pueden hacerse fáciles, y las complicadas pueden
volverse simples, acoplándoles la interfaz adecuada.
Para! comprender lo raro que es todo esto, imagínense que las críticas
de libros se escribieran según el mismo sistema de valores que aplicamos
a las interfaces de usuario: La escritura de este libro es maravillosamente
simple; el autor pasa por encima de temas complicados y emplea generalizaciones
ramplonas casi en cada oración.
Los lectores rara vez tendrán que pensar, y se les ahorrará toda la dificultad
y el tedio generalmente asociada con la lectura de libros anticuados.
Mientras nos limitemos a operaciones sencillas como fijar la hora en nuestro
vídeo, no es para tanto.
Pero cuando tratamos de hacer cosas más ambiciosas con nuestra tecnología,
inevitablemente nos topamos con el problema de:
\layout Chapter
El trasquilón metafórico
\layout Standard
Empecé a usar Microsoft Word en cuanto sacaron la primera versión en torno
a 1985.
Tras algunos problemas iniciales descubrí que era mejor herramienta que
MacWrite, que era su único competidor en aquel momento.
Escribí un montón de cosas en versiones tempranas de Word, guardándolo
todo en diskettes, y transferí los contenidos de todos mis diskettes a
mi primer disco duro, que adquirí en torno a 1987.
A medida que salían nuevas versiones de Word yo actualizaba fielmente,
razonando que como escritor tenía sentido que me gastara una cierta cantidad
de dinero en herramientas.
\layout Standard
En algún momento a mediados de los 80 traté de abrir uno de mis antiguos
documentos Word que databa más o menos de 1985 usando la versión entonces
vigente de Word: 6.0.
No funcionó.
Word 6.0 no reconocía un documento creado por una versión anterior de sí
mismo.
Abriéndolo como archivo de texto, pude recuperar las secuencias de letras
que constituían el texto del documento.
Mis palabras seguían allí.
Pero el formato parecía pasado por un colador - las palabras que yo había
escrito iban interrumpidas por cuadros rectangulares vacíos y basura.
\layout Standard
Ahora bien, en el contexto de una empresa (el principal mercado de Word)
este tipo de cosa sólo es una molestia - uno de los problemas rutinarios
que comporta usar ordenadores.
Es fácil comprar programitas de conversión de archivos que se ocupan de
este problemas.
Pero si eres un escritor, cuyo oficio son las palabras, cuya identidad
profesional es un corpus de documentos escritos, este tipo de cosa resulta
extremadamente desasosegante.
En mi tipo de trabajo hay muy pocos presupuestos establecidos, pero uno
de ellos es que una vez escribes una palabra, queda escrita y no puede
desescribirse.
La tinta mancha el papel, el escoplo corta la piedra, el estilo marca la
arcilla, y algo ha sucedido irrevocablemente (mi cuñado es un teólogo que
lee tablillas en cuneiforme de hace 3250 años - puede reconocer la escritura
de algunos escribas individuales, e identificarlos por su nombre).
Pero el software de procesamiento de textos - particularmente el tipo que
emplea formatos de archiv! o especiales y complejos - tiene el sobrenatural
poder de desescribir las cosas.
Un pequeño cambio en los formatos de archivo, o unos pocos bits revueltos,
y la producción literaria de meses o años puede dejar de existir.
\layout Standard
Esto era técnicamente un fallo de la aplicación (Word 6.0 para Macintosh),
no del sistema operativo (MacOS 7 punto algo), así que el blanco inicial
de mi enfado fueron los responsables de Word.
Por otro lado, yo podía haber elegido la opción guardar como texto en Word
y haber guardado todos mis documentos como simples telegramas, y este problema
no habría surgido.
Por el contrario, me había permitido ser seducido por todas esas vistosas
opciones de formateo que ni siquiera existían hasta que los GUIs aparecieron
y las hicieron practicables.
Había caído en el hábito de usarlas para que mis documentos tuvieran un
bonito aspecto (tal vez más bonito del que merecían; todos esos viejos
documentos en los diskettes resultaron ser más o menos una porquería).
Ahora estaba pagando el precio de mi autoindulgencia.
La tecnología había avanzado y hallado maneras de que mis documentos pareci!
eran aún más bonitos, y la consecuencia de ello era que todos los viejos
y feos documentos habían dejado de existir.
\layout Standard
Era - si me disculpan una pequeña y extraña fantasía durante un momento
- como si hubiera ido a alojarme en un hotel exquisitamente diseñado, poniéndom
e en manos de los antiguos maestros de la Interfaz Sensoria, me hubiera
sentado en mi habitación y hubiese escrito una historia con un bolígrafo
en papel amarillo, y al volver de la cena me hubiese encontrado con que
la doncella se había llevado mi trabajo y en su lugar había dejado una
pluma y una resma de pergamino - explicando que la habitación tenía mucho
mejor aspecto así, y era todo parte de una actualización rutinaria.
Pero escritas en aquellas hojas de papel, en impecable ortografía, habría
largas secuencias de palabras escogidas al azar del diccionario.
Espantoso, cierto, pero legalmente no podría demandar a la dirección, porque
al alojarme en ese hotel había dado mi consentimiento para ello.
Había entregado mis credenciales de morlock y me había convertido en un
eloi.
\layout Chapter
Linux
\layout Standard
A finales de los 80 y principios de los 90 pasé un montón de tiempo programando
para Macintosh, y al final decidí pagar varios cientos de dólares por un
producto de la Apple llamado el Macintosh Programmer's Workshop, o MPW.
MPW tenía competidores, pero era incuestionablemente el mejor sistema de
desarrollo de software para el Mac.
Los propios ingenieros de la Apple solían escribir código Macintosh con
él.
Puesto que MacOS era con mucho el sistema operativo más desarrollado tecnológic
amente en aquel momento, y puesto que Linux ni siquiera existía todavía,
y puesto que éste era el programa que usaba de hecho el equipo de ingenieros
creativos de élite de la Apple, tenía grandes expectativas.
Venía en un taco de diskettes de un pie de lato, así que tuve tiempo para
que mi emoción creciera durante el interminable proceso de instalación.
La primera vez que inicié MPW, probablemente me esperaba algún tipo de
quisquilloso muestrario multimedia.
Por el contrario, era austero, casi hasta el punto de resultar intimidatorio.
Era una ventana corrediza en la que se podía escribir texto simple, sin
formato.
El sistema interpretaba entonces esas líneas de texto como comandos, y
trataba de ejecutarlos.
\layout Standard
Era, en otras palabras, un teletipo de vidrio ejecutando una interfaz de
línea de comandos.
Venía con todo tipo de comandos crípticos pero potentes, que podían invocarse
tecleando sus nombres, y que sólo gradualmente aprendí a usar.
Sólo unos pocos años después, cuando empecé a enredar con Unix, comprendí
que la interfaz de línea de comandos encarnada en MPW era una recreación
de Unix.
\layout Standard
En otras palabras, lo primero que habían hecho los hackers de Apple cuando
habían montado MacOS - posiblemente antes de haberlo montado - había sido
recrear la interfaz de Unix, para poder hacer algún trabajo útil.
En aquel momento, mi mente no daba para entender esto, pero en lo que concernía
a los hackers de Apple, la muy pregonada Interfaz Gráfica de Usuario del
Mac era un impedimento, algo a evitar incluso antes de que el aparatito
saliera siquiera al mercado.
\layout Standard
Incluso antes de que mi Powerbook fallara y destruyera miy gran archivo
en julio de 1995, había habido señales de peligro.
Un viejo amigo mío, que crea y lleva compañías de alta tecnología en Boston,
había desarrollado un producto comercial usando el Macintosh.
Básicamente el Mac funcionaba como terminal gráfico de alto rendimiento,
escogido por su bonita interfaz de usuario, dando al usuario acceso a una
gran base de datos de informacion gráfica almacenada en una red de ordenadores
mucho más potentes, pero menos enfocados hacia el usuario.
Este tipo era la segunda persona que llamó mi atención sobre el Macintosh,
por cierto, y a mediados de los 80 compartíamos la emoción de ser expertos
en alta tecnología, usar la tecnología Apple en un mundo de tontainas usuarios
de DOS.
Las primeras versiones del sistema de amigo funcionaros bien, pero cuando
se unieron varias máquinas a la red, empezaron a producirse misteriosos
fallos; a veces todo el sistema sencillamente se detenía.
E! ra uno de esos errores que no podían reproducirse fácilmente.
Finalmente se dieron cuenta de que estos fallos del sistema se producían
cada vez que un usuario, buscando algo en los menús, mantenía el botón
del ratón pulsado durante más de dos segundos.
\layout Standard
Básicamente, el MacOs sólo podía hacer una cosa por vez.
Desplegar un menú en la pantalla es una cosa.
Así que cuando de desplegaba un menú, el Macintosh no era capaz de hacer
nada más hasta que el usuario indeciso soltaba el botón.
\layout Standard
Esto no es algo tan terrible en una máquina de un solo usuario y un solo
proceso (aunque es una cosa bastante mala), pero es un desastre en una
máquina que forma parte de una red, porque formar parte de una red conlleva
algún tipo de interacción continua de bajo nivel con otras máquinas.
Al no responder a la red, el Mac provocó un fallo en todo el sistema.
\layout Standard
Para trabajar con otros ordenadores, y con diferentes tipos de hardware,
un sistema operativo ha de ser incomparablemente más potente que MS-DOS
y que el MacOs original.
El único modo de conectarse con Internet que merece la pena tomarse en
serio es PPP, el Protocolo Punto-a-Punto, que (no importan los detalles)
convierte a su ordenador - temporalmente - en un miembro de pleno derecho
de la Internet Global, con su propia dirección única, y diversos privilegios,
poderes, y responsabilidades.
Técnicamente, significa que su máquina ejecuta el protocolo TCP/IP, que,
brevemente, se basa en el envío de paquetes de datos, en ningún orden en
particular, y en momentos impredecibles, siguiendo un inteligente y elegante
conjunto de reglas.
Pero enviar un paquete de datos es una cosa, así que un sistema operativo
que sólo pueda hacer una cosa por vez no puede formar parte de l! a Internet
y hacer otra cosa simultáneamente.
Cuando se inventó TCP/IP, ejecutarlo era un honor reservado a los Ordenadores
Serios - mainframes y miniordenadores de alta potencia usados en contextos
técnicos y comerciales -, así que el protocolo está diseñado con el presupuesto
de que cada ordenador que lo usa es una máquina seria, capaz de hacer muchas
cosas a la vez.
Hablando pronto y mal, una máquina Unix.
Ni MacOS ni MS-DOS se construyeron originalmente pensando en eso, así que
cuando Internet se puso caliente, hubo que llevar a cabo cambios radicales.
\layout Standard
Cuando mi PowerBook me partió el corazón, y cuando Word dejó de reconocer
mis antiguos archivos, me pasé a Unix.
La alternativa obvia a MacOS habría sido Windows.
En realidad yo no tenía nada contra Microsoft, ni contra Windows.
Pero ya resultaba bastante obvio que los antiguos sistemas operativos de
PC estaban funcionando más allá de sus posibilidades y lo mostraban, así
que tal vez era mejor evitarlos hasta que hubieran aprendido a caminar
y mascar chicle al mismo tiempo.
\layout Standard
El cambio tuvo lugar un día particular en el verano de 1995.
Llevaba un par de semanas en San Francisco, usando mi PowerBook para trabajar
en un documento.
El documento era demasiado grande para caber en un solo diskette, así que
no había realizado ninguna copia desde que salí de casa.
El PowerBook falló y borró todo el archivo.
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Sucedió justo cuando salía a visitar una compañía llamada Electric Communities,
que en aquella época estaba en Los Altos.
Me llevé mi PowerBook conmigo.
Mis amigos en Electric Communities eran usuarios de Mac que tenían todo
tipo de software para desborrar archivos y recuperar datos perdidos en
fallos de disco, y estaba seguro de que podría recobrar la mayor parte
del archivo.
\layout Standard
Resultó que dos utilidades diferentes para la recuperación de datos por
fallo del Mac fueron incapaces de hallar rastro alguno de que mi archivo
había existido alguna vez.
Estaba completa y sistemáticamente borrado.
Peinamos el disco duro bloque por bloque, y encontramos fragmentos disjuntos
de incontables archivos antiguos, descartados y olvidados, pero nada de
lo que yo quería.
El trasquilón metafórico fue especialmente brutal ese día.
Fue algo así como ver cómo la chica de la que llevas diez años enamorado
se mata en un accidente de tráfico, y luego estar presente en su autopsia,
para darte cuenta de que bajo la ropa y el maquillaje era sólo carne y
hueso.
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Debí de vagar por los pasillos de la Electric Communities en una especie
de fuga jungiana primaria, porque en aquel momento sucedieron tres cosas
extrañamente sincrónicas.
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\labelwidthstring 00.00.0000
1.
Randy Farmer, cofundador de la compañía, llegó en una visita rápida con
su familia - estaba recuperándose de una operación en la espalda en aquel
momento.
Traía noticias candentes: Hoy han masterizado Windows 95.
Lo que esto quería decir era que el nuevo sistema operativo de Microsoft
había sido colocado hoy en un disco compacto especial conocido como el
master dorado, que se usaría para sacar trillones de copias, preparando
su estruendoso lanzamiento unas pocas semanas después.
Esta noticia fue recibida con fastidio por los empleados de Electric Communitie
s, incluyendo uno que tenía la puerta del despacho llena de las viñetas
y novedades habituales, e.g.
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\labelwidthstring 00.00.0000
2.
Un cómic de Dilbert en el que Dilbert, el sufridor ingeniero de software
en una compañía, se encuentra con un hombre barbudo y peludo de cierta
edad - algo parecido a Santa Claus, pero más siniestro, y con cierta sorna.
Dilbert reconoce a este hombre, por su apariencia y efecto, como un hacker
de Unix, y reacciona con una cierta mezcla de nerviosismo, respeto, y hostilida
d.
Dilbert realiza endebles intentos por meterse con el perturbador extraño
durante un par de viñetas; el hacker de Unix le escucha con una especie
de irritante calma beatífica, y luego, en la última viñeta, mete la mano
en el bolsillo.
Ten una moneda, chico, dice, y ve a comprarte un ordenador de verdad.
\layout List
\labelwidthstring 00.00.0000
3.
El dueño de la puerta y el cómic era un tal Doug Barnes.
Era sabido que Barnes tenía ciertas opiniones heréticas sobre el tema de
los sistemas operativos.
A diferencia de la mayoría de los techies del Área de la Bahía, que adoraban
el Macintosh, considerando que era la máquina del verdadero hacker, a Barnes
le gustaba señalar que el Mac, con su arquitectura herméticamente sellada,
era de hecho hostil a los hackers, a quienes les gusta enredar y y para
los que la apertura es un dogma.
En cambio, las máquinas compatibles con IBM, que pueden montarse y desmontarse
fácilmente, eran mucho más hackeables.
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Así que cuando volví a casa empecé a enredar con Linux, que es una de las
muchísimas distintas implementaciones concretas del ideal abstracto y platónico
llamado Unix.
No me apetecía cambiarme a un nuevo sistema operativo, porque mis tarjetas
de crédito todavía echaban humo después de todo el dinero que me había
gastado en hardware para el Mac en el curso de los años.
Pero la gran virtud de Linux era, y es, que podía ejecutarse en exactamente
el mismo tipo de hardware que el sistema operativo de Microsoft - es decir,
el hardware más barato que existe.
Como para demostrar que esto era una gran idea, una o dos semanas después
de volver a casa pude hacerme con un ordenador entonces bastante bueno
(un 486 de 33 MHz) gratis, porque conocía a un tipo que trabajaba en una
oficina en la que estaban tirándolos.
Una vez llegué a casa, le quité la funda, metí las manos, y empecé a cambiar
las tarjetas.
Si algo no funcionaba, iba a una tienda de ordenad! ores de segunda mano,
buscaba en una cesta llena de componentes, y compraba una nueva tarjeta
por unos pocos dólares.
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La disponibilidad de todo este hardware barato pero efectivo fue una consecuenci
a involuntaria de decisiones que se habían tomado hacía más de una década
en IBM y Microsoft.
Cuando salió Windows, y llevó el GUI a un mercado mucho más amplio, el
régimen del hardware cambió: el precio de las tarjetas de vídeo en color
y los monitores de alta resolución empezó a caer, y sigue cayendo.
Este enfoque del hardware gratis-para-todos significó que Windows era inevitabl
emente torparrón comparado con MacOs.
Pero el GUI llevó la informática a un público tan vasto que el volumen
aumentó muchísimo y los precios se vinieron abajo.
Mientras tanto Apple, que tanto quería un sistema operativo limpio e integrado,
con el vídeo limpiamente integrado en el hardware de procesamiento, había
quedado muy por detrás en la cuota de! mercado, en parte al menos porque
su precioso hardware costaba tanto.
\layout Standard
Pero el precio que tuvimos que pagar los dueños de un Mac por una estética
y un diseño superiores no fue meramente financiero.
Había un precio cultural también, debido al hecho de que no podíamos abrir
el ordenador y enredar con él.
Doug Barnes tenía razón.
Apple, pese a su reputación de ser la opción de los hackers creativos y
contestatarios, había creado de hecho una máquina que desalentaba el hackeo,
mientras que Microsoft, considerada una perezosa tecnológica y una plagiaria,
había creado un vasto bazar de componentes sin orden ni concierto - una
sopa primordial que había acabado autoorganizándose en Linux.
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La broca de agujero de los Sistemas Operativos
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Unix siempre ha estado pululando provocativamente en el trasfondo de las
guerras de los sistemas operativos, como el Ejército Ruso.
La mayor parte de la gente sólo conoce su reputación, y su reputación,
como sugiere el cómic de Dilbert, es mixta.
Pero todo el mundo parece estar de acuerdo en que si tan sólo se planteara
su actuación en serio y dejara de cederle enormes extensiones de ricos
terrenos agrícolas y cientos de miles de prisioneros de guerra a los invasores,
los aplastaría , a ellos y a cualquier otra oposición.
\layout Standard
Resulta difícil explicar cómo se ha ganado Unix este respeto sin meterse
en horrorosos detalles técnicos.
Tal vez el mello pueda explicarse contando una historia sobre brocas.
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La broca de agujero es una broca fabricada por la Compañía de Herramientas
de Milwaukee.
Si miran el escaparate de una típica ferretería, pueden encontrar brocas
de Milwaukee más pequeñas, pero no la broca de agujero, que es demasiado
potente y cara para usuarios domésticos.
La broca de agujero no tiene el diseño en forma de pistola de la barata
broca doméstica.
Es un cubo de metal sólido con un mango que sale por un lado y una protuberanci
a en otro.
El cubo contiene un motor eléctrico desconcertantemente potente.
Se puede sostener el mango y apretar el gatillo con el índice, pero a menos
que se sea excepcionalmente fuerte no se puede controlar el peso de la
broca de agujero con una mano; hay que sujetarla con ambas manos.
Para compensar el contra-torque de la broca de agujero, se usa un mango
adicional (que va dado), que se atornilla en uno u otro lado del cubo de
hierro, dependiendo de si se usa la m! ano izquierda o derecha para apretar
el gatillo.
Este mango no es esbelto y ergonómico como lo sería en una broca doméstica.
Es simplemente un pedazo de cañería galvanizada normal de un pie de largo,
con un agujero en un extremo, con un mango de goma negra en el otro.
Si lo pierdes, simplemente vas a la tienda de fontanería local y comprar
otro pedazo de cañería.
\layout Standard
Durante los ochenta hice algo de albañilería.
Un día, otro obrero apoyó una escalera contra la fachada del edificio que
estábamos construyendo, subió al segundo piso, y uso la broca de agujero
para hacer un agujero en el muro exterior.
En algún momento, la broca se atascó el muro.
La broca de agujero, siguiendo su único imperativo, siguió funcionando.
Giró el cuerpo del obrero como una muñeca de trapo, haciendo que tirara
la escalera.
Por suerte, se mantuvo agarrado a la broca de agujero, que permaneció encajada
en el muro, y simplemente colgó de ella y pidió ayuda hasta que vino alguien
y puso de nuevo la escalera.
\layout Standard
Yo mismo usé una broca de agujero para hacer muchos agujero a través de
remaches, lo cual hice como una picadora pica coliflor.
También la usé para hacer unos pocos agujeros de seis pulgadas de diámetro
en un viejo techo de escayola.
Introduje una nueva sierra, subí al segundo piso, metí la mano por entre
las recientes juntas del suelo, y empecé a cortar el techo del primer piso.
Allí donde mi broca doméstica las había pasado canutas para hacer girar
el enorme hierro, y se había detenido a la menor obstrucción, la broca
de agujero rotaba con la estúpida consistencia de un planeta giratorio.
Cuando la sierra ganó velocidad, la broca de agujero giró sobre sí misma
y me hizo girar a mí también, aplastando una de mis manos entre el mango
de acero y una junta, produciendo unas pocas laceraciones, cada una rodeada
por una amplia corona de carne magullada.
También dobló la propia sierra, aunque no tanto como para que no pudiera
volver a usarla.
Tras unos pocos encontronazos parecid! os, cada vez que tenía que usar
la broca de agujero mi corazón empezaba a latir con terror atávico.
\layout Standard
Pero nunca le eché la culpa a la broca de agujero; me eché la culpa a mí
mismo.
La broca de agujero es peligrosa porque hace exactamente lo que se le pide
que haga.
No se ve constreñida por las limitaciones físicas inherentes a una broca
barata, ni por los cierres de seguridad que puede incluir un fabricante
temeroso de las responsabilidades penales en un producto doméstico.
El peligro no está en la máquina misma, sino en la incapacidad del usuario
de contemplar todas las consecuencias de las instrucciones que le da.
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Una herramienta más pequeña también es peligrosa, pero por razones completamente
distintas: trata de dar lo que se le pide, y falla de un modo que resulta
impredecible y casi siempre indeseable.
Pero la broca de agujero es como el genio de las antiguos cuentos de hadas,
que lleva a cabo las instrucciones de su amo literalmente, con precisión
y un poder ilimitado, a menudo con desastrosas consecuencias imprevistas.
\layout Standard
Antes de la broca de agujero, solía examinar el surtido de brocas en las
ferreterías de un modo que consideraba sensato, desechando los modelos
más pequeños y levantando los grandes y caros apreciativamente, deseando
poder permitirme una de aquellas bellezas.
Ahora las miro a todas con tal desdén que ni siquiera consider