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Ha
aumentado
notablemente
el
número
de
personas
que
habitualmente
asisten
a
los
conciertos
de
música
clásica
durante
las
estaciones
de
otoño,
invierno
y
primavera
-
casi
todos
programados
por
Juventudes
Musicales,
y
periodicidad
muy
frecuente
-,
circunstancia
que
contrasta
con
la
escasa
afluencia
de
otras
épocas.
Este
público
se
siente
convocado,
más
por
su
afición
creciente
a
esa
modalidad
musical,
que
por
la
particularidad
de
las
características
instrumentales
de
los
conciertos,
y
también
por
haber
podido
constatar
la
calidad
de
los
intérpretes,
a
quienes
les
estimula
mucho
la
oportunidad
de
este
tipo
de
actuaciones.
Ciertamente,
el
aumento
de
alumnos
en
los
centros
de
formación
musical,
y
la
consiguiente
vinculación
de
familias,
contribuye
también
al
aumento
de
la
afición.
De
acuerdo
con
la
variedad
instrumental
elegida
por
los
organizadores
el
realizado
el
fin
de
semana
ofreció
un
dúo
de
contrabajo
y
piano.
Es
poco
habitual
el
protagonismo
del
contrabajo.
Se
le
situa
normalmente
en
el
conjunto
orquestal,
pero
no
como
solista
o,
en
conjuntos
reducidos,
con
personalidad
destacada.
El
concierto
citado
confirmó
la
tendencia
actual
de
darle
un
protagonismo
similar
al
de
los
restantes
instrumentos
de
arco.
Víctor
Vega,
el
joven
instrumentista
que
lo
protagonizó,
alumno
destacado
de
la
conocida
y
apreciada
profesona,
Iana
Dimitrova,
demostró
las
posibilidades
interpretativas
del
contrabajo.
Actuó
con
dominio
técnico
manifiesto
en
arco
y
cuerdas,
expuso
una
gama
variada
de
sonoridad,
y
la
capacidad
instrumental
para
matización
de
ritmno
y
volumen.
Su
decisión
de
ofrecer
sin
descanso
el
programa
elegido
le
afectó,
al
final,
en
la
expresividad
y
fluidez
sonoras.
Óscar
Caravaca,
otro
instrumentista
muy
joven,
formó
dúo
al
piano
con
el
contrabajista.
A
pesar
de
su
edad,
realizó
una
actuación
notablemente
sintonizada
con
ñeste
en
exposición
y
conjunción,
exponente
del
dominio
instrumental.
Lógicamente,
ambos
músicos,
con
la
exigencia
formativa
que
los
caracteriza,
irán
alcanzando
cotas
cada
vez
más
altas
en
la
interpretación.
Las
obras
programades,
de
autores
algo
desconocidos,
con
dificultades
diversas
de
estructuración
y
estilo,
resultaron
agradables
para
el
público,
y
llamativas
por
la
exposición
y
desarrollo
de
las
mismas
por
parte
de
los
intérpretes.
El
programa
no
sufrió
alteración:
"Concierto
en
La
mayor",
de
D.
Dragonetti,
"Sonata
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